
La risa franca de Eve Cornelious se adueña de la pantalla y la videollamada con Infobae Cultura parece un encuentro de viejos amigos. Faltan horas apenas para que la cantante, que formó parte de los combos de Ramsey Lewis, Chucho Valdés, Mulgrew Miller y Roy Hargrove, se embarque hacia Buenos Aires; donde este fin de semana -por segundo año consecutivo- la espera el escenario del palermitano Bebop Club y un grupo de músicos dirigidos por Mariano Loiácono.
“La vez pasada fue el ensayo para esta presentación. Estuvo muy bien, pero era la primera vez que tocábamos y nos estábamos conociendo. Ahora seguramente lo haremos mejor. Este va a ser el verdadero show”, dice y de nuevo aparece su risa espontánea que festeja la humorada.
Eve Cornelious nació en New Jersey, empezó a cantar gospel desde muy pequeña, pero pronto se cautivó por el jazz de las grandes voces, mientras su curiosidad se asomaba a las puertas del R&B, el funk, el soul o el blues. Y así, mientras se graduaba en Administración de Empresas en la Universidad de Hampton, obtenía una Licenciatura en interpretación general de música y jazz en la Universidad Central de Carolina del Norte, con su mentora Mary Lou Williams y donde actualmente dirige la cátedra de Jazz Vocal.

—Has cantado con grupos grandes y con formaciones pequeñas. Esto mismo va a suceder en Bebop. ¿En qué modifica tu abordaje, tu estilo, según una u otra modalidad?
—Sí, obviamente cambia el approach. La big band te restringe, te limita un poco más, porque es una orquesta la que está tocando. De todas maneras, me encanta el sonido de una big band. El soporte que da. Lo que es capaz de generar. Y en cuanto al grupo chico, me gusta la libertad que posibilita. Allí yo me puedo estirar, ir a diferentes lugares y los músicos pueden reaccionar a eso, sin estar atados a un arreglo, como en una orquesta grande.
—Buena parte de tu repertorio está basado en el cancionero estadounidense. ¿Qué sigues encontrando en esos standards tantas veces versionados?
—Es que justo de eso se trata el jazz. De hacer una canción un millón de veces y que siempre suene distinta. Encontrar cosas diferentes cada vez que la interpretas. No digo que sea totalmente distinta. Digo sí que hay pequeñas cosas que van cambiando. Estas canciones que vamos a hacer con Mariano en Bebop, ya las he tocado en otras partes del mundo y con otra gente y siempre suenan distinto. Es difícil explicarle a quien no gusta del jazz, que significa cantar durante años las mismas canciones. Pero yo sé que cada vez que las canto encuentro cosas nuevas para decir. Detalles para que suenen mejor.

—En tu disco en vivo en Smoke, incluiste un tema de Alicia Keys y otro de Beyoncé. En los últimos años, el jazz buscó nuevos standards en las melodías del rock y del pop. ¿Te interesa profundizar en eso?
—No necesariamente. Esos dos temas que mencionás son canciones que me atraparon. Tienen melodías hermosas y me gusta mucho la historia que cuentan. Y si bien no me gusta todo lo que se hace hoy en día, si veo algo que me llega, lo utilizo y lo incorporo a mi repertorio, Pero no me interesa hacer eso de manera sistemática, ni profundizar en ese camino. Pero esta modalidad no es algo nuevo. Recordá que lo que hoy llamamos standards en su momento fueron canciones pop…
—Venidas en su gran mayoría de las comedias músicales. No eran temas originales de jazz…
—Exactamente. La diferencia es que por ahora no sabemos qué va a sobrevivir en el tiempo de todo eso, como sí lo hicieron aquellas composiciones de George Gershwin, Cole Porter o Jerome Kern. Pero bueno, yo sigo escuchando. No me cierro, no digo que no me gusta de antemano. Escucho y si puedo tomarlo, lo tomo.
—El Smoke de Harlem es un lugar icónico. Actuaste y grabaste allí. ¿Qué lo diferencia de otros lugares emblemáticos de Nueva York?
—Para mí es uno de los clubes más importantes de la ciudad. En Estados Unidos hay muchos sitios donde se toca, clubes, festivales, etc. Pero en Smoke desarrollaron un público especial. Un público que gusta del estilo straight ahead (N. de la R: directo). No sé cómo lo hicieron, pero es así. Hay un público que va a escuchar esa música. Durante la pandemia lo cerraron, como tantos otros locales. Y muchos no volvieron. Pero Smoke no solo regresó, sino que lo hizo ampliado. Ahora es más grande que antes. En dos meses voy a estar allí. Es un espacio entrañable para mí.

—¿El público es muy diferente al que podés encontrar en un local de otro sitio, como Buenos Aires, por ejemplo?
—Es, como te decía, un público más enfocado en cierto estilo de música. Aunque debo ser sincera y decirte también que eso se ha ido modificando lamentablemente en los últimos años. Sigue viniendo mucha gente, pero ya la audiencia no es la misma. De todas maneras, y en lo personal, el público siempre me ha tratado muy bien. Y así sucedió el año pasado en Buenos Aires. El público fue espectacular.
—Estás a cargo de la carrera de jazz vocal en la Universidad de Carolina del Norte. ¿Cómo son las nuevas cantantes y en qué se asemejan o diferencian con las de tu generación?
—Son muy diferentes. Muy distintas a las de mi generación. Nosotros queríamos ser cantantes. Hoy, en cambio, todo el mundo quiere ser una estrella. Y el jazz no es para eso. Cuando éramos jovencitas amábamos a Ella (Fitzgerald), Billie (Holiday), Sarah (Vaughan), Louis Armstrong. No queríamos fama ni dinero. Está claro que todos necesitamos vivir, pero eso no puede ser el único motivo por el que haces jazz.
—Eso que decís podría trasladarse al arte en general, pero ¿por qué pensás que es tan perjudicial en el jazz?
—Porque el jazz es sentimiento. Es amor. Y la carrera de una cantante es muy larga y muy difícil. A pesar de lo que te digo, está claro que hay excepciones, como Jazzmeia Horn o Samara Joy. Pero no son la regla. Por eso siempre digo que yo no elegí el jazz. El jazz me eligió a mí.

—En ese listado que hacés, de nombres unánimes, me gustaría incluir a Abbey Lincoln. ¿La has conocido?
—Sí, la he conocido. Gran cantante, claro que sí. Y excelente persona también. Lamentablemente, no es tan conocida como Ella, Sara o Blillie. Pero fue una intérprete magnífica. Hay tantas grandes cantantes no tan difundidas en la historia del jazz: Carmen McRae, Dinah Washington, Helen Merril, Lena Horn…
—Y si te dijeran que solo podrías escuchar una de ellas por el resto de tu vida, ¿cuál sería?
—Sarah, definitivamente. Sarah Vaughan.
* Eve Cornelious se presenta el viernes 8 y sábado 9 de septiembre a las 20 y 22.45 horas en Bebop Club (Uriarte 1658, CABA). Las entradas se pueden adquirir a través de la web del lugar o por boletería, de 17 a 20 horas.
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