
Recibí esta obra, de manos de Valeria Baranchuk, con quien recorrimos el país haciendo campañas publicitarias en nuestra juventud mientras soñábamos con montar nuestras propias obras. El mismo día que leí Moconá corrí a mostrársela a Javier Daulte, gran amigo y maestro, y le dije que creía que el personaje de Nicolás había sido escrito para Agustín, su hijo y quería su opinión.
Javier no solo encontró el material muy valioso, sino que en un instante me deslizó el nombre de Carlos Kaspar. En un instante vi esa familia absolutamente constituída y me emocioné mucho ante la posibilidad de llevar adelante este desafío.
Yo conocía a Carlos desde hacía más de una década, por amigos en común. Agustín leyó el material desde Barcelona, donde se encontraba varado por la pandemia y me preguntó si era posible que lo espere, que tenía muchas ganas de hacerlo. Me reí del otro lado del teléfono y le dije que Nicolás era él y que la obra se haría solamente cuando él estuviese de regreso.
Pasaron más de seis meses, empezamos a soñar juntos este mundo distante y sombrío de tierra colorada y mosquitos, donde contar esta historia que a todos nos había atrapado desde el minuto uno.
Valeria, además de la autora, sería esta madre que engendra hijos para verlos partir ante el mejor postor. Carlos comenzó a construir a Eliseo, quien pareciera estar blindado emocionalmente ante el espanto y Agustín tendría la tarea de encarnar a Nicolás, quien regresa en busca de sus orígenes para encontrarse con el horror menos pensado.

La venta de personas a lo largo y lo ancho de nuestro país es un secreto a voces y un tabú enorme del que muy poca gente se atreve a hablar. La extrema pobreza y la falta de una educación sexual y un acompañamiento integral a las madres de bajos recursos propicia esta encrucijada que pareciera no tener demasiada salida.
La obra se hace preguntas sobre este y otros tantos temas como la identidad, la maternidad, la desesperación y la falta de herramientas emocionales.
Y lo hace desde las entrañas de esta tierra húmeda y aislada. Se respira el conocimiento profundo de la autora sobre su entorno natural, se huelen el calor y las largas caminatas en la selva. Se palpa la mirada aguda sobre la complejidad de los vínculos que se desarrollan tanto entre los integrantes de una familia confinada a un lugar remoto y olvidado; como el que surge a partir del choque cultural entre los descendientes de colonos europeos y los habitantes perteneciente a los pueblos originarios. Sobrevuela la idea del Otro, al tiempo que se va corriendo y desdibujando la línea entre civilización y barbarie.
Directora y autora, juntas y desde nuestro lugar de mujeres con voz, nos abocamos a poner luz sobre aquello que incomoda. A contar esta historia íntima y particular que se replica al infinito en tantas otras condenadas a la oscuridad. Moconá como la punta de un ovillo. Moconá como espejo bizarro de nuestra sociedad.
Descubre descarnadamente otra maternidad, la más cruel acaso: la puramente material , pero nunca ejercida, por coerción, sumisión o ignorancia.
*Moconá, sábados a las 22.30, en Espacio Callejón, Humahuaca 3759, Abasto. Localidades: $ 1.200. Venta por Alternativa teatral. Dramaturgia: Valeria Baranchuk; dirección: Carla Scatarelli; elenco: Carlos Kaspar, Agustin Daulte y Valeria Baranchuk.
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