
En una casona de campo de Inglaterra llamada Castle House, cerca del Río Stour, en el pueblo de Dedham, en Essex, está el Museo de Arte Munnings. Lleva el nombre del autor de una enorme cantidad de pinturas, acuarelas y esculturas que están en diferentes museos del mundo: Alfred Munnings, pintor inglés nacido en 1878 y fallecido en 1959, a los 80 años. Poco tiempo después de su muerte, esa casa se convirtió en el gran museo que hoy contiene la mayor colección de su obra.
Ahí hay 650 óleos, 50 acuarelas, 54 cuadernos de bocetos con alrededor de 3 mil dibujos y otros 1 mil bocetos sueltos sobre papel, cartas de carreras, menús y servilletas. La mayor parte de la colección fue dada en fideicomiso por su última esposa en 1966 y otras 28 pinturas fueron compradas entre 1973 y 1984, como la que aquí presentamos, nuestra belleza del día: Isla de Tagg.
La Isla de Tagg pertenece al distrito londinense de Richmond. Está ubicada sobre el río Támesis. A Alfred Munnings le encantaba ir con amigos, disfrutar de unos buenos tragos, el sol del mediodía, las charlas, las risas, la vida. Ese preciso año, 1920, cuando el pintor tenía 42, acababa de casarse: Violet McBride era jinete, una apasionada de los caballos como él. El año anterior había comprado la Castle House. Eran tiempos de festejos luego de una vida con enormes altibajos.

Su padre era molinero y su familia, cristiana. Creció rodeado de caballos que iban y venían con el carro lleno. Cuando cumplió 14 sus padres decidieron enviarlo a Norwich, donde fue aprendiz en una imprenta. Allí diseñaba y dibujaba carteles y le sacaba filo a su inquietud artística. A los 20 comenzó a ir en los ratos libres a la Escuela de Arte de Norwich. Tenía talento y sabía aprovecharlo. El público se lo decía y él se perfeccionaba cada vez más.
Pero en 1898 sufrió un accidente que lo dejó ciego del ojo derecho. No perdió la sensibilidad: increíblemente siguió pintando, incluso mejor de lo que lo hacía antes. Al año siguiente exhibió dos obras en la Exposición de Verano de la Real Academia. Las escenas rurales y los caballos eran su fuerte. Se convirtió en un especialista en retratar equinos. Cuando ingresó a la Escuela de Pintores de Newlyn conoció a Florence Carter-Wood, diez años menor, pintora y jinete, y se casaron,
Pero las cosas se pusieron inmediatamente oscuras. Ella intentó suicidarse en la luna de miel. Lo lograría en 1914. Munnings se refugió en la pintura y logró salir adelante a tal punto que cosechó una importante fortuna y en 1919 compró la Castle House. “Es la casa de mis sueños”, decía. Allí permaneció durante toda su vida y allí sigue estando, incluso después de su muerte: en esa casona están sus mejores cuadros, como Isla de Tagg, una postal de belleza y alegría.

“El cálido día del verano, el ambiente agradable y la forma relajada en que las hermosas jovencitas comparten una copa de champán por la tarde son indicativos de una nueva actitud de posguerra en Gran Bretaña. La isla de Tagg, una pequeña isla en el Támesis cerca de Hampton Court, ahora es de propiedad privada, pero una vez fue un destino popular para la bohemia”, escribe el historiador del arte Michael Escolme.
Y agrega: “La pintura hace un excelente uso de pinceladas anchas e iluminación natural para transmitir la vida relajada y sin cuidado que los británicos ricos estaban disfrutando. El propio Munnings estaba a la cabeza de ese tipo de vida. Su estadía en Londres consistió en un sinfín de fiestas”. Eran tiempos raros para él. Acababa de casarse nuevamente y dejaba atrás un pasado triste. Quizás sentía que la vida le estaba dando una nueva oportunidad. ¿Qué mejor que aprovecharla?
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