
Fue una leyenda, un mito, una publicidad perdida que había sido borrada del currículum actoral de Evita, y que regresó en una reseña de 2002, pero que -hasta hoy- no se sabía si existía una copia.
Eva Duarte no tuvo una carrera actoral muy prolífica, pero como casi todos primero dio sus pasos en publicidades para cine, como es el caso de La luna de miel de Inés (1938), que acaba de resurgir de un archivo privado y reseñada por el coleccionista y divulgador de cine, Fernando Martín Peña.
Cuenta el también crítico e investigador que la pieza de seis minutos fue omitida en la mayor parte de los textos sobre la vida artística de quien fuera la primera dama de Juan Domingo Perón. Es más, asegura que aparece mencionado recién en 2002 por Noemí Castiñeiras en El ajedrez de la gloria: Evita Duarte actriz, como parte de “una serie de trabajos publicitarios”.
La copia de 35mm sobrevivió gracias a los hermanos Sergio y Tito Livio La Rocca, hijos de Alberto La Rocca, quien fuera director de la distribuidora I.N.C.A. Films de la Argentina entre 1936 y 1938, explica Peña en un artículo en P/12.
Si bien los hermanos aseguran desconocer la procedencia de la pieza, se presume que proviene del acervo de su padre. La preservaron hasta 2019, cuando se la acercaron a Peña a través de una amiga común, la productora, realizadora y artista gráfica María Verónica Ramírez.
A pesar de su nombre, La luna de miel de Inés, el corto, que dura alrededor de seis minutos, no relata en sí ese momento mágico que sucede tras el matrimonio, sino más bien una escena hogareña al regreso de la misma.

Los únicos protagonistas son Eva Duarte, como Inés, y Claudio Martino, como Ernesto, su flamante marido, quien llega a su casa desde el trabajo para almorzar y que espera tener todo listo para sentarse a la mesa.
“¿Qué dice mi flamante cocinerita?”, la saluda. Ella presenta el plato: buñuelos con mayonesa de langostinos, pero allí se presenta el primer problema: Ernesto reniega porque no están hechos con aceite de oliva.
Ella se angustia y comienza a sollozar. En una clásica escena de entonces, él recrea la imagen de su madre como la máxima autoridad en la cocina y le recomienda que se asesore con ella, ya que conoce sus gustos.
El regresa a su oficina, y la joven Eva o Inés pide ayuda telefónica a su mejor amiga, Carmen. Con el anochecer, Ernesto vuelve a su domicilio y para su disgusto no siente olor a comida al ingresar y tiene hambre.
Para sus sorpresa, Inés le presenta platos que esta vez sí le apetecen y él imagina que su mamá tuvo que ver con ese aprendizaje, pero ella lo niega. Entonces, lo lleva a la cocina para mostrarle su secreto: el aceite Olavina.
“¿No es aceite de oliva?”, dice él. Y ella responde: “No, pero tiene el mismo sabor y al cocinar no produce humo ni olor”. Es allí cuando el corto toma otra dirección y ambos miran a cámara. “Como ustedes han visto, señoras, este aceite me ha sacado de apuros”, dice Inés. Fin.
La pieza, filmada en nitrato, debe ser restaurada, por lo que por ahora no es posible verla más allá del original. Peña asegura que, una vez terminada la pandemia, las tareas estarán a cargo del museo Evita.
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