
I
Las dificultades de la vida volvieron feminista a Laura Knight, incluso antes de ser artista. O tal vez ambas características aparecieron en simultáneo, como si no se pudiera ser una cosa sin la otra. Nació en Long Eaton, Derbyshire, en 1877. No tenía un año de vida cuando su padre abandonó a la familia. Quedaron las tres niñas —ella era la menor— al cuidado de Charlotte Johnson, su madre.
Los problemas financieros eran grandes en ese entonces: el progreso tecnológico hizo que la fábrica de encajes de su abuelo fuera a la bancarrota. Por unos contactos empresariales en el norte de Francia, la familia la mandó a estudiar a un taller parisino. Tenía doce años y un entusiasmo inédito con el arte plástico. El sueño duró poco: el dinero que tenía no le alcanzó y regresó a Inglaterra con su familia.
Su madre, que tenía la idea fija de que su hija algún día sería artista, la inscribió en la Escuela de Arte de Nottingham, donde enseñaba. Logró que la anotaran sin pagar aranceles. Pero enfermó de cáncer. A los quince, Laura la suplantó en sus clases como docente. Al morir Charlotte, empezó a dar clases privadas para ganar más dinero. Fue una época oscura: también murió su hermana mayor y su abuela. Eran ella y Sissie, su hermana menor: dos chicas solas en el mundo.
II
Parece una frase hecha pero en los tiempos negros aparece el amor. Cuando nadie se lo espera, la llama de esperanza ilumina todo. En la Escuela de Arte, Laura conoció a Harold Knight, tres años mayor que ella, uno de los estudiantes más inteligentes del lugar. Primero se hicieron amigos —las charlas, los gustos, los objetivos: todo en ellos coincidía—, luego se enamoraron con una pasión descarnada, hasta que en 1903 decidieron emprender una vida juntos y se casaron.
Su obra más conocida es de 1913: Autorretrato con desnudo. Según el crítico Simon Schama, esta pintura es una “obra maestra” e “incomparablemente, su obra más grandiosa, a la vez conceptualmente compleja, heroicamente independiente, formalmente ingeniosa y amorosamente sensual”. Eran tan solo el inicio de una carrera de vanguardia con una búsqueda muy singular.
A lo largo de su obra retrató a trabajadores circenses, también a los protagonistas de los juicios de Nuremberg, a gitanos, al cuerpo de bailarines de los ballets rusos, a los asistentes a las carreras de Epsom. Hizo del retrato un arma para capturar la esencia de la vida social y la cultura contemporánea. En ese sentido, el lugar de la mujer le interesaba particularmente. Por eso retrató a muchas mujeres. Un gran ejemplo es el que hizo en 1926 de Ethel Bartlett.
III
Ethel Bartlett formó durante 22 años un dúo de piano muy popular junto a Rae Robertson. Ella era inglesa, él escocés. Se conocieron estudiando en la Real Academia de la Música y en 1921 se casaron. Comenzaron con carreras solistas pero se unieron a fines en 1924 y popularizaron la música de dos pianos en Europa y Estados Unidos en las dos décadas siguientes. Los mejores compositores del mundo le acercaban material para que toquen. Fueron la banda sonora de varias generaciones.
Pero además de música, eran personalidades. Ethel Bartlett era considerada “una de las mujeres más bellas de Inglaterra”. Cuando Laura Knight la conoció le pidió posar para ella. No le hizo uno solo retrato, sino varios, durante casi veinte años. El más conocido es el que aquí presentamos, de 1926. Está en El Atkinson, un museo en el lado este de Lord Street de Southport, Inglaterra.
Detrás de sus muros clásicos de arquitectura inglesa, está el cuadro titulado simplemente Ethel Bartlett. El objetivo de este retrato, además de alcanzar una calidad estética notable, es, según Emma Anderson, ex directora de El Atkinson, “darle un mayor reconocimiento profesional a las mujeres en las artes”. Barlett era sin dudas una de las grandes músicas del momento. Pero Knight quería que eso quedara registrado en un óleo para la posteridad.
IV
Los críticos tenían opiniones diversas pero logró el suficiente consenso para ser catalogada como una de las más importantes pintoras de su tiempo. En 1929 fue distinguida como Dame Commander de la Orden del Imperio Británico y en 1936 fue la primera mujer miembro de pleno derecho de la Real Academia. En la segunda Guerra Mundial fue artista oficial trabajando para el Ministerio de Información, siendo una de las tres mujeres británicas que salieron de Inglaterra.
También fue la artista oficial durante los Juicios de Nuremberg, en el que se juzgó a la cúpula nazi. Se consagró definitivamente con su gran exposición retrospectiva en la Real Academia de 1965, la primera realizada para una mujer. Murió en Nottingham, el 7 de julio de 1970, a los 92 años, tres días antes de la inauguración de una gran exposición de su obra en la Galería de Arte y Museo del Castillo de Nottingham. No hacía falta su presencia; con sus obras era más que suficiente.
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