
Me habría gustado ser el lateral derecho de Racing. Pero no. No se dio. Era bastante malo con la pelota. Me rebotaba. Entonces, para no mancharla, decidí hacer alguna otra cosa menos complicada con mi vida.
Por eso.
Escribo.
Y escribo ahora que el presidente de mi país arregla el velorio en la casa de gobierno de nuestro mayor ídolo, alguien a quien la pelota no le rebotaba, con su ex mujer. Incluso, hasta la vicepresidenta en persona intenta convencerla de que ese velorio se extienda por unas horas o por unos días más. Aunque no lo consiguen, ya lo sabemos. Antes, mucho antes, apenas enterarse de la muerte, el presidente se comunica con ella para ofrecerle el lugar estelar en donde hacer el velorio. Ella lo consulta con sus dos hijas, finalmente acepta, aunque avisa que solo será por unas horas. Esos son los hechos, reconocidos en una charla radial por el propio presidente, con el agregado de que él de ninguna manera podía oponerse a las decisiones de la familia.
Aunque, claro, resulta que el ídolo tiene varios hijos más que esas dos hijas.
Y, sobre todo, que su ex mujer es su ex mujer desde hace un montón de años, que ya no tiene mucho que ver con el ídolo y que, incluso, ha tenido con él, durante estos últimos tiempos, innumerables litigios judiciales.
Sin embargo, su ex y sus dos primeras hijas son las que decidieron lo que se hizo y lo que no se hizo, quién entró y quién no entró a la casa rosada durante el velorio.
El peronismo parece pensar que estamos en el 45, ni siquiera en el 55 o en el 85, que el divorcio no existe, que la única familia es la primera, que lo demás no cuenta, que el ídolo no amó más que a esa mujer, que sus otros varios hijos no existen más etcéteras y etcéteras.
El presidente arregló el magno evento con el pasado amoroso del ídolo, no habló con nadie de su presente, como si ese presente fuera una cadena de pecados. Y me pregunto: ¿al presidente le gustaría que su ex mujer, la madre de su hijo, sea la encargada de organizar su propio funeral?
No lo creo.
Me da la impresión de que el peronismo, a pesar del matrimonio igualitario y del intento actual por legalizar el aborto, tiene algunos problemas para entender el mundo familiar de por estos días. Algunos problemas sin resolver.
No sé, me parece.
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