La belleza del día: “La bebedora de absenta”, de Léon Spilliaert

En tiempos de incertidumbre y angustia, nada mejor que poder disfrutar de imágenes hermosas

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"La bebedora de absenta", de
"La bebedora de absenta", de Léon Spilliaert, está en el Museo de Gante, uno de los más antiguos de Bélgica.

El belga Léon Spilliaert (1881-1946) era un verdadero fan de Henri de Toulouse-Lautrec, el célebre artista y gran bebedor de absenta, esa bebida también llamada popularmente “el hada verde”, de altísimo contenido de alcohol y favorita de muchos escritores y artistas proclives a la autodestrucción.

En nuestra belleza del día, La bebedora de absenta (1907), podemos ver a una mujer cuyo rostro evoca la muerte y la oscura seducción con vestuario negro de gala, como de viuda o de fiesta o ambas cosas, lo que sin dudas forma parte del impacto que provoca. Al igual que otras obras del artista, su rostro, con los ojos muy abiertos de horror y dolor, recuerda al célebre El grito de Edvard Munch.

Spilliaert fue un pintor simbolista belga y artista gráfico. Su estilo se caracteriza por el tenebrismo y la simplicidad de las formas y por la expresión amarga y misteriosa de sus personajes y paisajes. Las mujeres y la espera fueron uno de los grandes temas para este pintor del terror nocturno, al igual que las playas solitarias del balneario de Ostende, en el mar del Norte, donde nació y vivió gran parte de su vida. A menudo, sus obras representan a esposas de pescadores escudriñando el mar, mientras que las familias burguesas para las cuales la ciudad era un destino de vacaciones se vislumbran en interiores despojados. En este caso, la mujer ha sido leída también como un símbolo de la soledad y el aislamiento psicológico que asolaba al mundo recién industrializado. Se dice que Lenin tenía una de sus obras colgada en la casa en la que vivió en Zurich aunque lamentablemente no se sabe cuál.

Spilliaert fue uno de los grandes pintores simbolistas, y La bebedora de absenta es una de sus obras más inquietantes. Conocido por sus pinturas oscuras y melancólicas, el artista parece centrarse en su obra en la lucha interna de la mujer. Sus labios comprimidos y ojos muy abiertos transmiten horror, y el espectador tiene la impresión de que está atrapada dentro de su propia mente, librando una batalla contra sus demonios psicológicos.

La absenta alcanzó el apogeo de su popularidad a finales del siglo XIX. Durante este tiempo, muchas personas creyeron que causaba alucinaciones. En realidad, esto no es cierto, aunque el alcohol contiene algunas sustancias alucinógenas; se dice que si bien la bebida es bastante tóxica por sí sola, por entonces algunos fabricantes en realidad mezclaron su absenta con otras drogas, lo que provocaba las alteraciones.

El artista sufría de una úlcera de estómago, lo que le provocaba insomnio y lo llevó también al sonambulismo. Sus visiones nocturnas de Ostende se encuentran entre sus obras más apasionantes. Si bien en vida no fue un artista cotizado, hay dos aspectos en los que se destaca. Primero, su uso del color. Spilliaert usó pocos colores en cada obra, usando sutiles gradaciones tonales en lugar de ricas armonías. A menudo usaba colores oscuros (el negro y el gris eran sus favoritos) y eran chocantes, ácidos y ásperos en lugar de voluptuosos. Su uso del color no fue tanto descriptivo como decorativo y expresivo.

En segundo lugar, Spilliaert fue un dibujante magistral. En su pintura usó la línea de una manera económica pero reveladora, a menudo no como un elemento pictórico separado sino como un límite que define formas expresadas como áreas de color.

Tres grandes obras en las
Tres grandes obras en las cuales la absenta es protagonista. "Bebedor de absenta", de Edouard Manet (1859), "La absenta", de Edgar Degas (1876) y "Bebedora de absenta", de Pablo Picasso (1901)

Léon Spilliaert pintó La Buveuse d’Azinthe (La bebedor de absenta) en 1907, durante el período más creativo de su carrera, que fue entre 1899 y 1912. Esta acuarela debe su particularidad no solo a su calidad y sus dimensiones de su galería (105 x77 cm), sino también por el interés que tiene dentro de la historia del arte.

Fue a su regreso a Ostende, su ciudad natal, en 1904, tras una breve estancia en París, cuando Spilliaert realizó su famosa serie de quince autorretratos, en los que la soledad y el conflicto psicológico se plasman de manera muy personal. Estilísticamente, La bebedora de absenta entra en esta serie de pinturas. A diferencia de otras obras, Spilliaert pintó una vista frontal de la mujer, probablemente porque estaba impresionado por su estado alucinatorio.

El resultado es un retrato que muestra el poder destructivo de la adicción en una joven habituada de la vida nocturna de Ostende. La obra se distingue de la mayoría de sus autorretratos por la extrema estilización de la fisonomía del rostro. Lo que más destaca son las pupilas dilatadas de la modelo en la negrura hundida de las cuencas de sus ojos.

Léon Spilliaert y uno de
Léon Spilliaert y uno de sus autorretratos

La forma en que se enmarca el modelo es otro aspecto inusual de la pintura. El sujeto ocupa prácticamente todo el espacio pictórico, imposibilitando cualquier referencia al tiempo o al espacio. La singularidad de la obra también proviene de la armonía entre paleta y técnica. La típica alternancia de luz y oscuridad se combina con colores planos y piezas pintadas y dibujadas. Es esta perfecta interacción entre el color y la técnica y entre la forma y el fondo lo que le da a pieza su atmósfera intensa y atemporal.

La obra fue comprada en 2015 durante una venta de Sotheby’s en París por el Fondo del Patrimonio de la Fundación Rey Balduino, que luego la entregó para su cuidado y exhibición al Museo de Bellas Artes de Gante, uno de los más antiguos de Bélgica.

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