
I
El arte pictórico no se trata solamente de pintar. Para decirlo mejor: dentro de un cuadro puede haber muchas cosas, no sólo pintura. Con el desarrollo de eso que hoy conocemos como arte contemporáneo las posibilidades artísticas crecieron y se multiplicaron incluyendo elementos y disciplinas que hace siglos nadie jamás pensó en mezclar.
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Mickalene Thomas es un gran ejemplo de estas transformaciones. Ella nació en 1971 en Camden, Nueva Jersey, y se crió en Hillside y East Orange. Su madre fue modelo durante la década del setenta, la inscribió de muy pequeña en programas de arte en el Museo de Newark y el asentamiento de Henry Street en Nueva York. También le inculcó el budismo.
Influenciada por el bricolaje, comenzó a desarrollar su propia estética. Pero cuando visitó una muestra de la artista Carrie Mae Weems encontró lo que buscaba: “Fue la primera vez que vi el trabajo de una artista afroamericana que se reflejaba en mí misma y apelaba a una familiaridad con la dinámica del sexo y el género”, dijo.
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II
Desde entonces empezó a representar mujeres afroamericanas y a explorar las nociones de celebridad e identidad. A la par, sus obras están cargadas de feminismo negro. Hay género y hay raza, y por lo tanto hay política. Y hay, además, sexualidad: mujeres provocativas, súper sensuales y empoderadas que miran al espectador hasta derretirlo.
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Los cuadros son a gran escala y eso potencia a los personajes representados que, ya de por sí, cargan con la singularidad de las obras de Thomas: la brillosa y colorida materialidad. Los diamantes de imitación, la purpurina y las lentejuelas recuerdan las tradiciones del arte popular. Detrás, fondos de estampados atrevidos adornados con pedrería.
El retrato e Mnonja es una de sus mejores obras. La creó en 2010 y se exhibe en el Museo Smithsoniano de Arte Americano de Washington, Estados Unidos. Mide 243.8 centímetros de alto y 304.8 de ancho. Es una verdadera belleza.
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III
¿Y cómo trabaja Mickalene Thomas? Decora y organiza el estudio para la ocasión, las modelos asisten y posan allí para la cámara. Luego de algunas fotos, comienza la segunda parte. Dibuja, pinta y utiliza los distintos materiales que la caracterizan. A veces hace collage, otras veces se destaca en el uso de lentejuelas, purpurina y diamantes.
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Mnonja, la protagonista de este cuadro, irradia seguridad y sensualidad mientras se reclina sobre un sillón en una habitación que recuerda los años setenta. Con los pies cruzados, muestra sus tacos y coloca su mano derecha sobre la rodilla para que se vea mejor el esmalte de sus uñas, que hacen juego con el calzado.
Mnonja tiene el pelo recogido, algo de maquillaje, una blusa blanca y un collar dorado en el cuello que se pierde en su escote. Ostenta su belleza y el mundo la observa con fascinación.
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