
Mata Mua (En los viejos tiempos) es una de las obras más bella Paul Gauguin de su etapa de Tahití. La obra, que pertenece a la Colección de Carmen Cervera, la baronesa Thyssen, se encuentra en el centro de una polémicas entre su propietaria y el Gobierno español.
La obra se encontraba en el madrileño Museo Thyssen Bornemisza, pero en abril, cuando el espacio se encontraba cerrado por la crisis del coronavirus, se lo llevó con destino incierto. Esta no es la primera obra que saca del país ibérico en los últimos meses, ya lo había hecho con Martha Mckeen de Wellfleet (1944), de Hopper; El puente de Charing Cross (1899), de Monet y Caballos de carreras en un paisaje (1894) de Degas.
“Es completamente excepcional encontrar piezas de Gauguin de ese calibre, del periodo de Tahiti, por eso es particularmente valioso”, dijo entonces Javier Arnaldo Alcubilla, conservador y jefe de investigación del Thyssen entre 2001 y 2011 y catedrático de Historia del Arte en la Universidad Complutense de Madrid, a Efe.
El postimpresionista francés se fue a Tahití en 1891. “Je veux aller chez les sauvages” (quiero irme con los salvajes), dijo, de esa búsqueda de una inspiración alejada de la civilización. Esta primera estancia en la isla se prolongaría hasta julio de 1893 y allí pintaría esta obra, en diciembre del ‘92.
En la pieza se representa un paisaje local, con un árbol en el centro de la escena, a partir del cual la mirada se corre hacia dos mujeres maorís sentadas, una tocando la flauta y la otra escuchando. Detrás de ellas, una estatua sedente de Hina -la diosa de la luna y rival del dios del sol, llamado Oro- en torno a la cual danzan otras tres mujeres con vestidos azules y blancos. Al fondo se ve una montaña rosa que se eleva por encima de los árboles.
Una de las peculiaridades es que la escena es producto de la su imaginación: la historia de Hina al igual que la forma de la estatua no existen así, sino que habría sido inspirada por diversas fuentes.
Expuesta por primera vez en una muestra individual de Gauguin en la galería de Durand-Ruel en 1893, dos años después Gauguin, a través de un intermediario, se la compró a si mismo para retenerla. Tras su muerte, pasó por diversas galerías y colecciones. En 1989 el barón Thyssen-Bornemisza lo adquiere en la subasta de Sotheby’s Nueva York. Lo curioso es que 5 años antes la había comprado a medias con su amigo y coleccionista boliviano Ortiz Patino, tras un acuerdo provisional entre ambos por el cual cada uno de ellos tendría la obra durante dos años y medio. De los USD 3.800 millones que costó cuando lo compraron en conjunto, pasó a pagarla USD 24.200 millones.
Sobre la polémica

La colección de Cervera, la baronesa Thyssen, conocida popularmente como “Tita”, no tiene nada que ver con la que su marido vendió a España en los noventa y que pertenece al museo madrileño. La suya está expuesta desde 2004 en la misma pinacoteca pero sigue siendo de su propiedad, aunque la cedió gratuitamente hasta alcanzar un acuerdo mientras el Estado español se hace cargo de los seguros y su mantenimiento.
Sin embargo, una decena de ministros y gobiernos de todo signo han intentado alcanzar un acuerdo sin éxito. La baronesa asegura que está dispuesta a aceptar un alquiler pero quiere poder prestar o vender sus cuadros cuando quiera y acordar otra serie de beneficios fiscales. Además, dice, que por ahora no tiene pensado sacar la pieza a subasta y solo desea prestarla a una exposición en Europa.
A fines de diciembre pasado, el anterior ministro de Cultura, José Guirao, había acordado un alquiler de todas las obras por 7 millones de euros por 15 años y se accedió al pedido de la baronesa de llevarse el Degas, el Monet y el Hopper. Pero el Mata Mua no entraba en el acuerdo. Guirado, comentó, que seguramente está buscando llegar a un mejor acuerdo con el nuevo gobierno.
Hoy el actual ministro de Cultura español, José Manuel Rodríguez Uribes, ha dicho que el Gobierno está dispuesto a seguir negociando con la baronesa pero que tendrá que hacerlo con el objetivo de llegar a un “acuerdo económico y razonable en un contexto de crisis”.
Como antecedente, la baronesa se llevó La esclusa de John Constable en 2012 para venderlo luego en una subasta. Además, abrió dos museos más en Málaga y Andorra, por lo que realiza un movimiento de obras a placer. “Son pérdidas muy importantes, la colección se ha ido descabezando, no está retirando obras secundarias, sino más bien lo contrario”, dijo Alcubilla, que ve con “consternación” cómo la colección, que es importante pero también “muy desigual”, está perdiendo en este proceso parte de su valor.
La colección de la baronesa está formada por unas cuatrocientas obras con otros cuadros destacados como Los Segadores de Picasso o Portuguesa de Robert Delaunay, también varios conjuntos, como el de vistas venecianas, el de impresionistas franceses y el de expresionismo alemán. Ella valora su colección en unos mil millones de euros.
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