La belleza del día: “El sofá de Portobello”, de Jacqueline Fahey

En tiempos de incertidumbre y angustia, nada mejor que poder disfrutar de imágenes hermosas

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“El sofá de Portobello” (1974)
“El sofá de Portobello” (1974) de Jacqueline Fahey

Jacqueline Fahey creció mirando a su madre y a su abuela. En sus propias palabras, “modelos a seguir porque me dieron la idea de que las mujeres debían y podían sobresalir”, contó en una entrevista de 1984. Por eso su obra está dotada de fuertes elementos hogareños, propios de una madre que en los setenta pintaba en los ratos libres que le dejaba la rutina de la crianza de sus hijos. ¿Una pintura feminista?

Nació en 1929 en Timaru, Nueva Zelanda, en una familia de ascendencia irlandesa. Estudió Bellas Artes y se graduó en 1952. Sus maestros fueron Russell Clark, Bill Sutton y Colin Lovell-Smith. Su estilo era inquietante tanto en las formas como en el contenido. Una de sus primeras muestras retrataba los suburbios y el matrimonio. Se exhibió en la Galería de Harry Seresin en Wellington, donde trabajaba como camarera. En esos tiempos conoció a Fraser McDonald, un joven psiquiatra. Se casaron en 1956 y tuvieron tres hijas.

Vivieron en varias ciudades y en casas pegadas a las instituciones psiquiátricas en Australia y Nueva Zelanda donde trabajaba McDonald. Fahey nunca dejó de pintar. En 1964 organizó una exposición con la artista Rita Angus que tenía la misma cantidad de artistas varones que de artistas mujeres, marcando un precedente en Nueva Zelanda en materia de equilibrio de género.

La maternidad era parte de ella y no quería esquivarla. Las tareas de la casa, la crianza de sus hijas. Todo giraba en torno a un núcleo común: el hogar como campo de batalla. Acentuó su temática allí. El sofá de Portobello es una obra que bien expresa esa idea. Fue pintada en 1974 y responde a una serie de cuadros que retratan distintas partes de su hogar. Restos de una situación recreativa (¿de un cumpleaños tal vez?) empalman con la monotonía familiar. Lo que brilla allí es el caos cotidiano.

“Decidí que, en lugar de alejarme de todo, abrazaría la domesticidad, la transformaría, la interpretaría. ¿Quién mejor que alguien inmerso en ese mundo para retratarlo?”, dijo en una entrevista.

En 1980, Fahey recibió el premio QEII Arts Council Award para viajar a Nueva York y estudiar pintura. Le interesaba mucho saber cómo muchas mujeres lograron sobrevivir en una profesión dominada por hombres. Allí conoció a los artistas de A.I.R, la primera galería cooperativa femenina en los Estados Unidos, así como también a Sylvia Sleigh e Isabel Bishop.

Al volver siguió pintando y comenzó a trabajar en la Universidad de Auckland como profesora de Bellas Artes. En 1997 obtuvo la Orden del Mérito de Nueva Zelanda, en 2007 sus obras se incluyeron en una gran muestra colectiva feminista en el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles. En 2017 donó El sofá de Portobello a la Galería de Christchurch donde hoy se conserva. Es un museo público ubicado en la ciudad neozelandesa de Christchurch.

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