
Hay artistas que no permiten confusiones. Amedeo Modigliani (Livorno, 1884-París, 1920) es uno. Una pintura del artista italiano no puede ser confundida, por su trazo, por su estilo y, sobre todo, por representación de la forma humana.
Modi tuvo una vida errante, lejos del glamour que se asocia a los artistas que vivieron en aquella París de principios del siglo pasado. Fue un bohemio con todas las letra: apenas vendía, pasaba hambre y sus horas se dividían entre la creación, los bares y las prostitutas. Pero, sobre el final de su vida, conoció el verdadero amor. Un trágico amor.
Si bien tuvo una pareja anteriormente, su gran relación fue con Jeanne Hébuterne, una joven estudiante de pintura de ojos angelicales a la que conoció en 1917, a travé de la escultora Chana Orloff. No pasó mucho tiempo hasta que se mudaron al piso de la rue de la Grande-Chaumière, el espacio que el agente del artista, el poeta polaco Léopold Zborowski, le había alquilado como taller.
Modigliani hizo varios retratos de su última y gran musa, incluso se especula que uno de sus más famosos desnudos está inspirado en ella, aunque los especialistas no logran ponerse de acuerdo. Desnudo acostado (Nu Couché) fue realizado entre 1917 y 1918 y aquí dista el principal punto de conflicto sobre quién es la retratada. Además, en aquellos años Zborowski le proporcionó modelos y materiales de pintura para realizar sus desnudos, por los que le pagó entre quince y veinte francos por día de trabajo.
En 2015, Christie’s llevó la obra a subasta y fue vendido a un coleccionista privado por USD 170,4 millones, convirtiéndose así en su obra más cara y la segunda -realizada en el siglo XX- por la que más se ha pagado en un subasta, solo superada por Mujeres de Argel, de Picasso. La pieza habría sido comprada por el billonario chino Liu Yiqian, quien construyó su fortuna invirtiendo en el comercio de acciones, bienes raíces y productos farmacéuticos, por lo que se encuentra en una colección privada.
Para 1918, Modi y Jeanne se mudaron a Niza, en la Riviera francesa, donde creían que su obra tendría más interesados. El mercado del arte parisino le daba la espalda. En la Costa Azul, la suerte no cambió demasiado. Para noviembre nace la primera hija de la pareja, también llamada Jeanne. Deciden entregarla a una institución, para asegurarle el provenir y los cuidados que no podían darle. El atravesaba, una vez más, una tuberculosis.

Años después, la niña fue recogida por sus abuelos maternos y luego por la hermana de Modigliani, quien la crió. Jeanne Modigliani, que luchó para la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial, escribió el libro Modigliani: hombre y mito y falleció en 1984.
Por entonces, en Londres, sus trabajos comienzan a tener público y compradores, pero su salud es tan débil que no pueden viajar. En cambio, regresan a París.
Con Jeanne esperando su segundo hijo, Modigliani desaparece una noche. Vuelve al otro día, golpeado, afiebrado. Debe guardar reposo, pero los médicos aseguran que ya no hay mucho por hacer. Muere de meningitis tuberculosa el 24 de enero de 1920, con 35 años.
Esa misma madrugada, Jeanne, de nueve meses, salta por la ventana del quinto piso de su antigua habitación en la casa de sus padres. Muere al instante, con 21.
El 27 de enero el pintor es enterrado en el cementerio de Père-Lachaise después de un cortejo fúnebre principesco, con una gran comunidad de artistas y amigos acompañando al cajón. Jeanne, en cambio, fue enterrada en secreto por sus padres en el cementerio de Bagneux.
Una década después, Emanuele Modigliani, hermano mayor y un destacado político antifascista, convenció a la familia Hébuterne para trasladar los restos de su hija a una tumba contigua a la de Amedeo. Desde 1930 descansan juntos bajo el epitafio: “Compañera devota hasta el sacrificio extremo”.
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