Un puente de cristal. Un espacio que fue -y es- el hogar de miles de inmigrantes que, cuando cierran sus ojos, pueden regresar a aquellos territorios que dejaron atrás.

La infancia, el amor, la cultura. Esos aspecto formativos, identitarios como el lenguaje, como la nacionalidad. El Teatro Coliseo es eso y mucho más, porque a lo largo de sus más de 100 años no solo se convirtió en una sede italiana en Argentina, sino que también es una parte vibrante de la cultura local -en su significado amplio.

Hoy, domingo 2 de junio, Italia celebra el referéndum constitucional de 1946 con la Fiesta de la República. Y qué mejor manera de recordarlo con un hito, con la historia de un teatro que es más que un espacio físico de difusión cultural, sino el corazón de una profunda relación entre dos países separados por un océano, pero unidos.

Elisabetta Riva, directora del Teatro Coliseo (Lihue Althabe)
Elisabetta Riva, directora del Teatro Coliseo (Lihue Althabe)

"No hay otro teatro italiano fuera del territorio italiano. Es una joya que pertenece al patrimonio histórico y cultural tanto de Argentina como de Italia", dijo Elisabetta Riva,directora del Coliseo argentino, quien recibió a Infobae Cultura no solo para recordar los orígenes, sino también para revelar cómo continúa siendo un rincón porteño de una intensa y riquísima propuesta cultural.

Historia de un patrimonio humano 

En su génesis, el actual Coliseo era una arena con la forma característica que le da el nombre. Un espacio donde los caballos y elefantes asombraban a porteños trajeados y niños que solo podían calzarse pantalones cortos. Eran tiempos en los que asistir a un espectáculo era una liturgia, una ceremonia, aunque quien estuviese al frente del show fuese un payaso, como el mítico clown inglés Frank Brown, quien, hijo de familia circense, se estableció en Buenos Aires a finales del siglo XIX.

El legendario Frank Brown
El legendario Frank Brown

"Los primeros dos años de vida este fue el circo del payaso Frank Brown, un gran payaso, admirado por Sarmiento, y hacía espectáculos muy grandiosos. Era un teatro para más de 2 mil personas y había una arena donde entraban caballos y elefantes. Quedaron las argollas donde se colgaban a los animales. Entendemos que entraban por la que ahora es avenida Santa Fe. Después devino en sede de ópera lírica, que era el género más importante de la época", explicó Elisabetta Riva.

Y, efectivamente, sobre algunas de las paredes traseras del teatro se pueden apreciar aquellas argollas que con las remodelaciones posteriores fueron desapareciendo bajo capas de revoque y durlock, como también lo hicieron las molduras, de las que se pueden apreciar la forma que alguna vez tuvieron.

Cuatro postales del Coliseo durante sus inicios
Cuatro postales del Coliseo durante sus inicios

"Cuando se fundó ya lo llamaban el Teatro Coliseo de los italianos, si bien todavía no era propiedad italiana. Esto estaba marcando su identidad a futuro. Era un teatro para ópera lírica, que está profundamente vinculada a la italianidad. Después el estado italiano lo pudo comprar gracias a una donación de Félix Lora, quien devino Conde acá por su calidad filantrópica. El había venido a fines del 1800 como muchos otros piamonteses en un barco, con nada y acá construyó su fortuna. Su calidad filantrópica también lo hizo construir hospitales. Hay una pequeña calle en Caballito, una transversal de la avenida Rivadavia".

Cuenta Riva, quien está al frente de la dirección desde hace seis años, que Lora dejó un testamento en el cual establecía que el Estado italiano debía "construir la Casa de Italia, en la cual debía estar la sede del consulado, las asociaciones de fomento, la cámara de comercio y un gran teatro para las manifestaciones artísticas". Fue entonces que el teatro de los italianos pasó a ser definitivamente de los italianos.

Por supuesto, la comunidad del país europeo residente en Argentina convirtió al lugar en un punto neurálgico de encuentro o quizá de reencuentro. Un rincón en el que podían cerrar los ojos y oír los sonidos de su pueblo, a través de las voces de esos otros que, como ellos, habían abandonado su lugar de pertenencia por las guerras, la hambruna y la falta de trabajo para aventurarse a viajes que parecían eternos, pero que prometían un porvenir. Lo que no era poco.

"Todos cuentan 'yo bailé ahí, en la muestra de tal año' o 'vi a (Vittorio) Gassman o al Maggio Fiorentino' o directores y solistas. Todas tenían una anécdota relacionada al Coliseo, por no mencionar a Les Luthiers, que fueron los dueños de esta casa por mucho tiempo, mucha gente creía que era de ellos. Muchas personas lo identificaban como el teatro de Les Luthiers", relata, y confiesa, ya con las cámaras apagadas, el deseo de que el grupo cómico vuelva a pisar ese escenario, deseo por el que están haciendo lo imposible para que se lleve a cabo.

Pero la historia humana del Coliseo no solo está unida a la comunidad o a las más de dos décadas en los que Les Luthiers se hicieron amos y señores de aquellas tablas. También allí se gestó una parte importante del rock nacional.

"Lo primero que me llamó la atención con el Coliseo, no solamente vinculado a Italia, sino en general, el cariño que le tenía el público, los artistas. Por ejemplo el vínculo que tiene con el rock argentino, cuando descubría que aquí hubo ciclos importantísimos de los próceres del género, que todos habían tocado acá. He hablado con (Gustavo) Santaolalla de eso, que recuerda perfectamente cuando tocaba acá con Arco Iris y se emociona, o el hecho de que Muchacha ojos de papel, de Luis Alberto Spinetta, se haya estrenado aquí, y que el ciclo Beat Baires se estuvo haciendo acá. Eso dio un vínculo muy fuerte con la cultura rock, que es una parte fundamental de la cultura porteña y argentina en general".

La recuperación arquitectónica

A lo largo de sus más de 100 años, el Coliseo argentino fue sufriendo cambios en su estructura y, lógicamente, las diferentes épocas fueron sumándose a sus paredes a través de capas y capas de pinturas y yeso. Una de las grandes tareas realizadas en los últimos tiempos fue, justamente, la recuperación de su esencia edilicia, el volver a las raíces.

Riva explica: "Queríamos hacer una refacción en clave de restauración y no solo modernización. Hubo que volver atrás, tuvimos que estudiar un poco cuál había sido la historia arquitectónica del teatro para poder valorizar y rescatar todo lo auténtico y lo valioso. Así descubrimos las argollas de Frank Brown, dejamos puestas las pocas molduras que quedan del edificio original, los ladrillos originales que hemos puesto en evidencia. La parte de los '40, que es lo que compete a la fachada, era una época más racionalista entonces intentamos poner en evidencia eso".

"El resto, el objetivo eran los años '60., que fue también una época bastante lineal, racional. Volvimos a esas líneas y sacamos todo lo que se había puesto después, quizá con un criterio válido en los años que siguieron, pero no a los ojos de una recuperación arquitectónica. Volvimos a lo esencial: recuperamos la fuente lumínica original; materiales como el acero, los colores básicos, el blanco, el gris, la madera, el rojo. Obviamente, con la tecnología actual, luminaria de lente, materiales de última generación".

Por supuesto, los cambios no solo fueron en la máscara del teatro, en lo visible, sino también se proyectó cuál debía ser el rol del lugar en la escena de Buenos Aires a futuro y para eso se realizó una fuerte actualización de todo lo relacionado al escenario.

"Otra parte muy importante fue la remodelación escenotécnica. Ahí hubo que realmente lanzarse al futuro lo máximo posible. La estructura de la caja escénica es estupenda, tiene 25 metros de altura, pero era necesaria una parrilla mucho más fuerte para poder consentir tener espectáculos con exigencia escenotécnica mayores, poder levantar más peso, permitir rompimientos y efectos con pesos. Hacer de vuelta el piso del escenario con todas sus estructuras. Ahora tenemos 30 motores, que permiten el movimiento de 30 barras automatizadas. Y obviamente la remodelación de todas las instalaciones que son clave en un edificio con esta finalidad".

El nuevo sistema de 30 motores permite realizar eventos de nivel mundial
El nuevo sistema de 30 motores permite realizar eventos de nivel mundial

Una agenda de Italia para el mundo

Uno de los grandes orgullos del Coliseo es su programa Nuova Harmonia, que ya lleva más de tres décadas ininterrumpidas de realización: "Albergamos shows de terceros, pero producimos hace 33 años un ciclo de música clásica que se llama Nuova Harmonia, que así como el teatro está siendo renovada. Pero no solo música clásica o de cámara y solistas, sino también volvimos un poco a los orígenes con teatro, danza y nos estamos atreviendo con una mezcla de géneros, como hacer tocar a un pianista de jazz con una orquesta sinfónica más clásica o mezclar lo audiovisual con un recital de piano, siempre con el objetivo de poder interpelar a las nuevas audiencias".

Riva, quien en 2017 fue condecorada con el título honorífico "Ufficiale dell'Ordine della Stella d'Italia", en reconocimiento a su labor en favor de la consolidación de las relaciones bilaterales entre Italia y Argentina, explicó: "Tenemos una Temporada Italiana (Italia XXI). En esta recuperación de la identidad estamos muy focalizados en volver a traer las artes escénicas contemporáneas. Esto es un objetivo compartido con el Instituto Italiano de Cultura y la Embajada. Sabemos que Argentina está fuertemente vinculada a Italia; es hermoso el amor que tiene por Italia este país, nosotros sentimos que Italia tiene que traer un poco más de contemporaneidad, porque muchos de los conocimientos del público argentino sobre las artes escénicas, quizá se han quedado hace unas décadas".

Y finalizó: "Sentimos que el teatro Coliseo no es solamente una sede, es realmente faro de la cultura italiana. Obviamente, potenciado con la cercanía del Instituto de Cultura Italiana. Queremos y podemos ser un referente de las artes escénicas italianas, en Buenos Aires, en Argentina, este año algunos números viajarán a Rosario a Córdoba y estamos tendiendo las redes con los países cercanos".

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