
El convoy había completado el recorrido desde La Reforma hasta el Aeropuerto Internacional Juan Santamaría en seis minutos y 30 segundos. Pero el tramo que más preocupaba a los equipos apenas empezaba.
Los vehículos ingresaron por el portón sur. A partir de ese momento, Celso Gamboa Sánchez y Edwin López Vega, alias “Pecho de Rata”, debían bajar, cruzar una zona abierta y entrar al salón diplomático sin que ocurriera un incidente.
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El Servicio Especial de Respuesta Táctica (SERT) del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) ya tenía ocupadas sus posiciones. Había alertas sobre posibles atentados, fugas y acciones dirigidas a impedir la extradición.
Aeropuerto Juan Santamaría bajo vigilancia antes del despegue
El aeropuerto se convirtió en el centro de control de la operación. Las autoridades tomaron parte de las instalaciones y levantaron varios perímetros para vigilar cada acceso y cada movimiento.
En el anillo externo, agentes de distintas unidades se ubicaron en puntos estratégicos. Su tarea incluía controlar a la prensa, ordenar los espacios abiertos y evitar que personas ajenas al procedimiento se acercaran a las zonas restringidas.
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El SERT asumió el perímetro interno. Allí se concentraron los operadores tácticos que acompañarían a los extraditables durante los desplazamientos de mayor exposición.
Alrededor de Gamboa Sánchez y López Vega se formó una cápsula de seguridad. Los agentes debían cubrir los 360 grados y mantener el control sobre ambos hombres.
El agente táctico explicó que el aeropuerto planteaba un riesgo particular. Sus espacios amplios dejaban abierta la posibilidad de un ataque desde larga distancia.
Por esa razón, el operativo incluyó drones, francotiradores y observadores. También se definieron canales de comunicación para que los equipos respondieran ante cualquier cambio.
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“Todos hablamos un mismo idioma”, describió el agente. Según explicó, un gesto hecho desde lejos podía bastar para que otro integrante del equipo entendiera qué acción debía ejecutar.
Cuando los vehículos blindados se detuvieron y los extraditables descendieron, el operativo llegó a uno de sus puntos de mayor tensión.
“Se activan todas las alarmas”, recordó el integrante del SERT.
El trayecto hasta el salón diplomático era corto. Aun así, reunía los riesgos que las autoridades habían previsto durante días: un intento de fuga, una interferencia externa o una agresión contra los detenidos.
El salón diplomático ya estaba revisado y bajo control. Allí se completarían los trámites administrativos, migratorios y judiciales antes de que los dos hombres caminaran hacia la pista.
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El recurso de Celso Gamboa mantuvo la duda hasta el final
El dispositivo estaba preparado para trasladar a dos personas, pero no existía certeza de que ambas abordaran la aeronave.
La defensa técnica de Celso Gamboa Sánchez había presentado un recurso de apelación. Carlos Díaz, fiscal general, explicó que esa gestión mantuvo abierta la incertidumbre sobre la entrega.
Una hora antes de la extradición, el Ministerio Público esperaba la notificación de la resolución del Tribunal de Apelación de Sentencia.
Solo con esa decisión quedarían agotadas las vías recursivas. Hasta entonces, la salida de Gamboa Sánchez seguía pendiente.
Michael Soto, director del OIJ, contó que la noche previa recibió información sobre la posibilidad de que uno de los extraditables no viajara por los recursos legales presentados para frenar el procedimiento.
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La noticia generó inquietud, pero el plan no cambió. Los equipos continuaron preparados para trasladar a los dos detenidos.
También surgió un reporte de salud en las últimas horas. Soto indicó que uno de ellos manifestó sentirse mal por una afectación física.
La espera terminó cuando el juez levantó el acta y los oficiales de la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés) firmaron los documentos.
Para Soto, en ese momento la entrega dejó de ser una posibilidad. La extradición era inminente.
Los aterrizajes se detuvieron durante la entrega
En la torre de control, la actividad policial obligó a restringir temporalmente los aterrizajes. La comunicación a los vuelos fue precisa: la demora no superaría los cinco o diez minutos.
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La terminal aérea continuaba operativa, pero una parte de sus instalaciones estaba reservada para un procedimiento que las autoridades calificaron como de alta importancia para Costa Rica.
Mientras los perímetros seguían activos, Gamboa Sánchez y López Vega ingresaron a las oficinas administrativas asignadas para sus trámites migratorios.
Allí debía quedar registrada su salida del país. Afuera, la aeronave de la DEA permanecía en la pista.
Carlos Díaz explicó que no se trataba de un vuelo comercial. Los dos extraditables serían trasladados en un avión dispuesto por las autoridades estadounidenses.
Los pilotos llegaron al aeropuerto, realizaron sus registros administrativos y se dirigieron a la aeronave. Para el fiscal general, ese movimiento confirmó que faltaban pocos minutos para terminar la entrega.
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En el lugar estaban Díaz, el juez de la República, agentes del OIJ, integrantes del SERT y oficiales de la DEA.
Soto también mencionó la presencia de agentes del Buró Federal de Investigaciones de Estados Unidos (FBI, por sus siglas en inglés), además del apoyo de Vigilancia Aérea y otros cuerpos de seguridad.
La puerta se abrió y Gamboa Sánchez salió primero

Los documentos quedaron firmados. El juez y los funcionarios estadounidenses terminaron el procedimiento. Después se abrió la puerta de la oficina donde estaban los dos extraditables.
Gamboa Sánchez salió primero.
Soto lo observó caminar despacio. Según su relato, miraba alrededor con preocupación y prestaba atención a los detalles de su entorno.
Más adelante, su mirada se dirigió hacia la lejanía y las montañas. Ya cerca de la aeronave, Gamboa Sánchez se detuvo.
Volvió a observar el entorno antes de continuar.
Después subió al avión sin otro trámite.
López Vega salió pocos minutos después. Soto lo describió como una persona más tranquila, con un paso pausado y la intención de terminar el procedimiento cuanto antes.
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No se detuvo. Avanzó hasta la aeronave y subió directamente.
El alivio llegó cuando el avión salió de Costa Rica
El operativo no terminó con el abordaje. El SERT mantuvo la custodia y los perímetros hasta que la aeronave se dirigió hacia la pista.
Soto contó que, después de despedirse de algunos oficiales de la DEA y de los pilotos, permanecieron en el aeropuerto para observar el despegue.
El avión se elevó y se perdió a la distancia.
El agente táctico recibió por radio la confirmación de que la aeronave había abandonado el territorio nacional. Recién entonces sintió alivio.
“Sentí un alivio y sentí una satisfacción de que todo saliera tan bien”, afirmó.


Díaz también habló de satisfacción, aunque aclaró que no estaba relacionada con la entrega de dos personas. La atribuyó al cumplimiento del deber y a la ejecución de una solicitud de extradición contra ciudadanos costarricenses.
Eric Putnam, director regional de la DEA para Centroamérica, dijo que el resultado fue producto de la coordinación entre policías, fiscales, jueces, pilotos y autoridades de Costa Rica y Estados Unidos.
“Fue mejor”, respondió Putnam al valorar el desarrollo de la operación.
William Serrano, juez de la primera extradición, advirtió que Costa Rica ya recibió avisos de países con los que mantiene relaciones diplomáticas sobre futuras solicitudes de extradición de ciudadanos costarricenses.
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