La conquista de la Liga de Naciones Femenina por parte de la selección Colombia dejó múltiples historias para celebrar. Más allá de los goles, las atajadas y las medallas, el título también sirvió para recordar el camino de futbolistas que tuvieron que superar enormes obstáculos para llegar a la élite. Una de ellas es Ana María Guzmán, la lateral que pasó de pedir ayuda para costear un pasaje de bus a convertirse en campeona con la camiseta de Colombia.
Ana María empezó a jugar fútbol cuando tenía apenas seis años. Lo hizo de la manera más natural posible: compartiendo con sus primos y primas en su pueblo. Allí descubrió una pasión que pronto se convertiría en un proyecto de vida.
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No fue sencillo. En una comunidad donde el deporte femenino tenía poco respaldo, ella era prácticamente una excepción. “Yo era la única niña que jugaba fútbol en el pueblo”, recordó en entrevista con Semana. Mientras muchos veían el fútbol como una actividad exclusiva para hombres, Guzmán insistía en participar en cada partido que encontraba.
Sus primeros pasos los dio en Estrato Dorado FC, un club fundamental para su crecimiento. Allí encontró respaldo, pero sobre todo el apoyo incondicional de su familia. “Mis hermanos me ayudaron demasiado, me dieron mucha fuerza”, ha dicho la futbolista, quien reconoce que sin ellos difícilmente habría podido avanzar en su proceso formativo.
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Posteriormente llegó al Club Atlético Dosquebradas, otra institución clave en su desarrollo. Fue allí donde comenzaron a aparecer las primeras oportunidades importantes para su carrera.

La llegada de Ana María Guzmán a Pereira
Cuando tenía alrededor de 13 años, recibió una propuesta que cambiaría su vida. El entrenador Carlos Ariel le sugirió mudarse a Pereira para continuar su formación deportiva. Aunque la posibilidad era emocionante, también implicaba dejar atrás todo lo que conocía. El cambio resultó mucho más difícil de lo que imaginaba.
Pasar de la tranquilidad de un pueblo a una ciudad más grande representó un choque cultural y académico. Mientras en su escuela anterior cursaba pocas materias, en Pereira tuvo que adaptarse a una exigencia mucho mayor. “Me metieron a un colegio donde veía como 15 materias. En mi pueblo veía muchas menos. Hasta tenía que aprender a tocar flauta. Eso me pegó duro”, contó entre risas.
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Pero las dificultades no terminaron ahí. Durante los primeros meses vivió con una familia que apenas conocía y tuvo que acostumbrarse a nuevas reglas. “Los primeros seis meses no me dejaban salir. En mi pueblo yo permanecía en la calle jugando, pero allá no podía ni ir a la esquina”, recordó.
La adaptación fue compleja, tanto que sus padres terminaron tomando una decisión que refleja el enorme sacrificio que hicieron por su sueño. Se trasladaron a Pereira para acompañarla en el proceso. Aun así, los problemas económicos continuaban siendo una realidad cotidiana.
Ana María ha revelado que hubo momentos en los que conseguir dinero para asistir a entrenamientos o competencias era una auténtica batalla. Su padre era quien más la ayudaba, pero los recursos nunca sobraban. “Nos tocaba vender boletas, hacer rifas o pedir ayuda a personas cercanas para conseguir lo de un pasaje”, relató.
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Incluso hubo ocasiones en las que debía elegir entre comer algo después de entrenar o guardar el dinero para regresar a casa. “Muchas veces nos quedábamos sin una merienda para ahorrar la plata del bus”, confesó.

Ana María Guzmán no era lateral, comenzó jugando de extrema
Esas experiencias moldearon su carácter y fortalecieron una mentalidad que hoy la distingue dentro de la cancha. Curiosamente, la posición que la llevó a destacarse tampoco fue la que ocupó desde el principio. Durante gran parte de sus primeros años jugó como extremo. Sin embargo, un entrenador decidió probarla como lateral y todo cambió. “Un día me pusieron de lateral y me gustó demasiado porque podía defender y atacar. Sentía que hacía de todo”, explicó.
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Aquella versatilidad terminó convirtiéndose en una de sus principales virtudes y fue clave para que llamara la atención de clubes y selecciones.
Fuera del fútbol, Ana María también disfrutó una infancia activa y llena de actividades. Pasaba gran parte del tiempo jugando en la calle y practicaba otras disciplinas como voleibol y porrismo. “Fue una infancia increíble”, resume al recordar aquellos años.
Hoy, mientras celebra un nuevo título con la selección Colombia, la historia de Ana María Guzmán se convierte en una muestra de perseverancia y resiliencia. La niña que alguna vez tuvo que reunir monedas para pagar un pasaje de bus ahora levanta trofeos con la camiseta nacional y compite en una de las ligas más exigentes del mundo.
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