
Deisy Dorelly Guanaro, de 38 años, reclutada por las Farc cuando tenía diez años, y ahora funcionaria del Icbf, recordó en diálogo con Los Informantes, las violencias que sufrió durante su permanencia en la guerrilla y tras la denuncia que presentó ante la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).
La entrevista se realizó días antes de que la JEP citara el viernes 18 de septiembre a la exsenadora Sandra Ramírez (Comunes), para responder por el reclutamiento de menores por parte de las entonces Farc-EP. (Fuerzas Armadas Revolucionara de Colombia - Ejército del Pueblo)
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El secuestro de Deisy Guanaro y la desaparición de sus hermanos
Guanaro relató que, antes de que fueran por ella, las Farc se llevaron a sus dos hermanos. Uno tenía 14 años y el otro, “más o menos trece años”.
“No me gusta esa palabra, reclutamiento. Me gusta es como es: secuestro”, afirmó la mujer que a finales de agosto fue anunciada por parte de la directora del Icbf, Carolina Restrepo Cañavera, para liderar programas de acompañamientos a menores víctimas de abuso y reclutamiento de menores.
Según contó, los guerrilleros se llevaron a sus hermanos amarrados y ella nunca volvió a verlos. “Lo único que supe es que ellos los mataron”, dijo Guanaro.
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Un año después, cuando tenía 10 años y estaba por cumplir 11, una camioneta blanca de tipo platón llegó a su casa por la noche. Su madre intentó impedir que se la llevaran.
“Ella no es una mujer adulta, ella es una niña, tiene 10 años, va a cumplir 11. Por Dios santísimo, no se lleven mi hija”, recordó que dijo su madre.
Guanaro señaló que la imagen que conservó fue la de su madre arrodillada en la carretera, mientras la camioneta se alejaba. “Me quedó grabada para siempre en la vida”.
Al llegar al campamento general del frente 28 de las Farc, le asignaron el alias de Yira. También le ordenaron que no llorara.
“Allá no llegó solo Deisy. Llegaron como 40 niños y niñas conmigo. En cada vereda iban recogiendo niños, niños chiquitos de 10, de 11, de 12, de 8 [años]”, relató Guanaro.
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La violencia sexual contra niñas reclutadas por las Farc
Guanaro dijo que una de las primeras agresiones que sufrió fue la colocación forzada de una “T de cobre”, un dispositivo intrauterino de cobre (DIU).
“No me había desarrollado. No tenía senos, no me había llegado mi período menstrual”, recordó la hoy funcionaria del Icbf.
Según su relato, dos hombres y una mujer la obligaron a recostarse en una cama dentro de una caleta. Allí utilizaron un espéculo para introducirle el dispositivo.
“Me desgarraron. Yo siempre digo que me desgarraron no solo el útero, sino el alma”, sostuvo.
Ocho días después, aún con dolor y una hemorragia, un guerrillero de unos 50 años le dijo que desde esa noche sería su “socia”. Guanaro contó que la llevó a su cambuche y la violó, y que ella misma calificó como “la violación más asquerosa y dolorosa que me marcó para siempre mi vida”.
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La funcionaria señaló que aquel hombre tatuó su nombre en su cuerpo. Más adelante, ella contó que cubrió ese tatuaje con una mariposa, el nombre de su madre y la cifra de 18.677 niños y niñas reclutados por las Farc-EP, según cifras que reveló la JEP en agosto de 2021.
Las denuncias contra Sandra Ramírez y Pablo Catatumbo
Guanaro aseguró que, cuando tenía entre 11 y 13 años, fue reunida con otras niñas para que las comandantes de las Farc las presentaran ante integrantes del secretariado y de los bloques.
Éramos “como 20 niñas chiquitas de 11 y 12 años, por ahí máximo de 13 años”, relató.
Según su testimonio, Sandra Ramírez (Griselda Lobo Silva), les repartió ropa interior y ordenó que desfilaran ante guerrilleros que estaban reunidos.
“Nos obliga esta mujer (Ramírez) y nos dice: ‘Bueno, empiecen a desfilar así por el lado donde estaban todos los borrachos drogados de los comandantes de los bloques y del secretariado en ese entonces de las FARC’”, rememoró Guanaro.
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La sobreviviente al conflicto armado sostuvo que Pablo Catatumbo (Jorge Torres Victoria, también exsenador de Comunes) la escogió ese día y que luego fue manoseada delante de otros guerrilleros. También afirmó que sufrió otras violaciones por órdenes de Sandra Ramírez.
“Por eso he tenido la capacidad, sin mentir, viendo las cámaras, de denunciarla ante la JEP”, dijo Guanaro al mostrar su malestar, años después y tras la firma del Acuerdo de Paz (2016), que la exsenadora Ramírez fue elegida vicepresidenta de la Comisión de Derechos Humanos y Audiencias del Senado en marzo de 2026. Guanaro cuestionó que una persona a la que identifica como victimaria haya ocupado ese cargo.
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Ella aseveró con vehemencia: “Yo fui víctima directa de Sandra Ramírez. Ver a esta persona como vicepresidenta (...) yo digo: ¿pero en qué momento de la historia nos cambiaron los valores?”
También contó que vio a Pablo Catatumbo en el Congreso cuando acudía a hablar en nombre de las víctimas, y recordó un gesto que no se le olvida: “Ver este señor tan descarado que pasa por el pie mío y se ríe”.

El rescate, la atención del Icbf y las secuelas de la guerra
Guanaro relató que fue enviada a un combate junto con otros 15 niños, a quienes, según dijo, usaron como escudos humanos.
“Ni siquiera podíamos alzar el fusil. Ahí es cuando matan a mis compañeritos, lamentablemente, y yo quedo viva y me rescata a mí el Ejército”, contó.
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Guanaro permaneció en las Farc entre 1996 y 2001, y luego del enfrentamiento, ingresó al Icbf.
“Ahí termina mi pesadilla y es donde termino en Bienestar Familiar”, expresó Guanaro. Después se inició un proceso de atención física y emocional y le retiraron la “T de cobre” al llegar a la entidad. “Ya estaba encarnado prácticamente en mis caderas”, afirmó.

La hoy funcionaria señaló que aún tiene dolores físicos cuando permanece sentada durante mucho tiempo. Sobre las consecuencias psicológicas, fue directa: “Las emocionales las llevaré para siempre”.
Luego de cumplir la mayoría de edad salió del Icbf, después de permanecer bajo protección estatal, y 19 años más tarde regresó a la entidad para trabajar con víctimas.
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El reencuentro con su familia y un nuevo desplazamiento
Guanaro contó que, 12 años después de haber sido reclutada, volvió a su pueblo para buscar a sus padres. Dijo que temía ser reconocida y que las Farc la secuestraran otra vez junto con sus hijos.
En una tienda preguntó por sus padres y le indicaron que solían ir los domingos a una plaza. Allí vio a una mujer canosa y descalza.
“¿Usted se acuerda de su hija Deisy?”, le preguntó Guanaro a la adulta mayor. Su madre le respondió que esa era “una historia muy dolorosa” y que no quería recordarla. Guanaro insistió: “Mami, soy yo. Mírame, soy Deisy”.
“Sí, mi Deisyta volvió a mí”, recordó que le dijo su madre al reconocerla por un lunar.
La funcionaria relató que luego vio a su padre, a quien describió como un hombre afectado por el alcohol tras la desaparición de sus hijos. También supo que una de sus hermanas había sido desaparecida.
Durante 15 días permaneció junto a sus padres. “Me acostaba con ella, la abrazaba, la olía, le tocaba sus manitas”, dijo sobre su madre.
Sin embargo, aseguró que integrantes de las FARC llegaron una tarde a la casa y le pusieron un arma en la cabeza. Según relató, también amenazaron a sus hijos y le dieron 24 horas para abandonar el municipio. “Me desplazaron otra vez”, afirmó.
Guanaro señaló que no volvió a ver a sus padres ni pudo regresar al lugar. “Tuve tratamiento psicológico, psiquiátrico y a veces tengo que medicarme, porque la guerra me dejó secuelas”, contó.
Su trabajo en el Icbf para prevenir el reclutamiento infantil
Guanaro dijo que tuvo que enfrentar el rechazo hacia sí misma después de salir de la guerra. “Me da asco de lo que soy, yo no debería ni existir”, recordó que se decía frente al espejo.
Con el tiempo, afirmó que cambió esa mirada y su trato consigo misma: “Deisyta, te amo, tú eres lo mejor”, sostuvo.
Ella también planteó que las víctimas deben poder hablar sin asumir la culpa por los delitos cometidos contra ellas. “Aquí el que debe sentir vergüenza es el abusador, porque ese es el secreto de los victimarios: la vergüenza de sus víctimas. Cuando uno siente vergüenza no denuncia”, afirmó.
Guanaro regresó al Icbf en 2026 como funcionaria. Allí trabajará en programas de acompañamiento a víctimas de abuso y reclutamiento de menores, y expresó que “hay que trabajar desde las comunidades, desde las regiones, desde los territorios, con las personas que conocen la tragedia del reclutamiento”.
Su compromiso, concluyó, parte de su propia historia: “Yo no quiero ver más niños reclutados, porque yo fui una niña de esas. Por eso es que me emociono mucho volver al Icbf a trabajar”.
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