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Así puede lograr un descanso reparador para el cerebro: no necesariamente debe dormir más

La preparación mental para aprender nuevas actividades y la dedicación a tareas complementarias contribuyen a relajar el cerebro

Un monitor médico muestra una tomografía computarizada del cerebro con una zona resaltada en rojo. Una alerta de alarma roja aparece en la pantalla. Al fondo, una sala de operaciones con equipo médico borroso.
Ya que el cerebro no se puede "desconectar" en ningún momento, se deben buscar maneras de descanso alternativas - crédito (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El regreso al trabajo tras las vacaciones suele llegar antes de lo esperado: los beneficios de ese descanso pueden desvanecerse en pocas semanas, según recientes hallazgos científicos. Frente a esta realidad, la clave para prolongar el bienestar no radica en buscar el ocio absoluto, sino en practicar actividades que desafíen y entretengan al cerebro.

Las neurociencias han demostrado que el cerebro nunca se apaga por completo, ni siquiera en momentos de reposo profundo. Durante el sueño, el órgano cambia su forma de trabajar: activa procesos de limpieza interna, elimina toxinas y reorganiza memorias recientes, descartando lo irrelevante y consolidando lo aprendido. Además, mantiene encendidas las áreas responsables de la respiración, el ritmo cardíaco y la vigilancia frente a posibles amenazas.

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Cómo descansa realmente el cerebro

Muchos creen que descansar implica simplemente no hacer nada. Sin embargo, la inactividad puede llevar a la mente a divagar, lo que no resulta necesariamente relajante. La verdadera recuperación cerebral ocurre cuando activamos las llamadas funciones ejecutivas: esos mecanismos que permiten controlar el pensamiento y la conducta, alejándonos del piloto automático.

Tres personas juegan a un juego de mesa sobre una mesa de madera, con un libro de reglas abierto, tazas, cuencos y cartas. Afuera llueve.
Los juegos de mesa son una actividad que desconecta al cerebro y le permite descansar de la rutina - crédito (Imagen Ilustrativa Infobae)

Estas funciones se dividen en dos tipos. Las frías intervienen al razonar, planificar o adaptarnos a situaciones abstractas y poco emotivas. En contraste, las calientes aparecen en escenarios cargados de emoción, como la victoria, la derrota o el riesgo.

Un juego de mesa es un excelente ejemplo de cómo activar ambas variantes. Leer el reglamento y planificar estrategias movilizan las funciones frías. Pero la competencia y la tensión por ganar encienden las funciones calientes, generando un desafío integral para la mente.

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El valor del reto y el movimiento durante el ocio

Investigaciones recientes sugieren una fórmula eficaz: baja presión, movimiento físico y un reto cognitivo aderezado con algo de emoción.

El deporte recreativo cumple con estos requisitos. Participar en disciplinas con adversarios, incertidumbre y adrenalina como pádel, tenis de mesa o escalada estimula las funciones ejecutivas calientes en mayor medida que los deportes solitarios y predecibles. Además, las actividades al aire libre y de baja exigencia física favorecen la atención, la inhibición de impulsos y la flexibilidad mental.

Mujer con blazer azul sujeta un cubo Rubik de colores frente a una ventana grande en una oficina con un escritorio y monitores. Se ve una ciudad.
Durante la jornada laboral es importante tomar pausas para estimular al cerebro - crédito (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los descansos activos entre jornadas laborales, como breves caminatas o ejercicios simples acompañados de retos mentales, ayudan a mantener la mente entrenada y a evitar la fatiga.

Cómo evitar la sobrecarga mental y mejorar el aprendizaje

El cansancio cerebral es una realidad biológica: tras largos periodos de concentración, se acumula glutamato en la corteza prefrontal, lo que dificulta pensar, tomar decisiones y aumenta el deseo de optar por soluciones fáciles. Los síntomas van desde la falta de atención y la irritabilidad hasta el agotamiento físico sin causa aparente.

La mejor defensa ante este desgaste reside en una combinación de descanso, lectura y aprendizaje de nuevas habilidades. Para lograrlo, los expertos recomiendan dormir entre siete y nueve horas diarias, reducir la exposición a pantallas antes de acostarse, mantener el dormitorio oscuro y fresco. Si el cansancio aparece durante el día, una siesta de veinte minutos puede ser suficiente para recuperar energía.

Hábitos para leer y aprender mejor

Mujer sentada en un sillón lee el libro "The Quiet Hours" junto a una ventana con lluvia. Se ve una lámpara, una mesa auxiliar con una taza y libros.
Leer es una de las actividades más recomendadas para quitar el estrés del cerebro - crédito (Imagen Ilustrativa Infobae)

El aprendizaje continuo también forma parte del descanso cerebral. Crear el hábito de leer quince minutos cada día, especialmente al iniciar o finalizar la jornada, resulta más efectivo que largas sesiones esporádicas. Llevar siempre un libro o lector digital, eliminar aplicaciones que roban tiempo libre y elegir temas apasionantes facilitan la constancia.

El descanso del cerebro no solo depende de la cantidad de descanso, sino de la calidad de las actividades realizadas durante el ocio. Las investigaciones coinciden en que la recuperación requiere lograr cuatro objetivos: desconexión psicológica, relajación, autonomía para decidir cómo emplear el tiempo libre y la superación de pequeños retos.

Este enfoque no solo prolonga los beneficios del descanso, sino que entrena al cerebro para adaptarse mejor a los retos diarios.

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