
La investigación sobre falsificación de dólares en Colombia llevó a la condena de ocho años de prisión a Asher Ariayu Rodríguez, un ciudadano de ese país al que las autoridades vincularon con la producción de billetes de alta sofisticación.
El caso surgió tras operativos contra fábricas clandestinas y mostró cómo las herramientas digitales cambiaron la elaboración de moneda falsa.
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De acuerdo con la investigación revelada por el medio internacional The New York Times, Rodríguez, también conocido con el alias de Ysraeli, es un diseñador gráfico colombiano de 39 años a quien las autoridades señalaron por buscar el “dólar falso perfecto” con archivos digitales, impresiones y planchas litográficas.
Detalles de la investigación
La pesquisa comenzó el 14 de octubre de 2023 en el municipio de Caldono, en el departamento de Cauca, cuando investigadores colombianos y cuatro tropas del Ejército Nacional hallaron pliegos de billetes falsos de $50 sin cortar con un valor nominal de 1,6 millones de dólares, de acuerdo con el medio internacional.
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La fábrica clandestina operaba en una plantación de cannabis y que en el lugar también encontraron planchas de impresión, tintas, equipos especializados y una imprenta litográfica que destruyeron allí mismo.
En ese operativo, según los reportes militares citados por el diario estadounidense, capturaron a cinco personas, y realizaron la incautación de varios elementos, entre ellos, una libreta con un número telefónico de los detenidos junto al de alias Ysraeli.
Este detalle dio paso a seguimientos e interceptaciones autorizadas por la Fiscalía General de la Nación hasta ubicarlo en Cali.
Circulación de dólares falsos
De acuerdo con la investigación de The New York Times, meses antes del operativo, un billete idéntico había circulado en Miami, Estados Unidos, en julio de 2023, lo que encendió las alertas por su nivel técnico.
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La investigación concluyó que detrás había un falsificador con capacidades superiores a las habituales, una sospecha que después se concentró en Rodríguez.

Posteriormente, en julio de 2024, las autoridades allanaron su vivienda en Cali (sur occidente de Colombia) y encontraron una imprenta litográfica, una impresora de inyección de tinta, tintas comerciales, archivos digitales, un computador, una memoria USB y más de 900.000 dólares falsificados en billetes de $50.
El medio citado agregó que el diseñador, que fue capturado en el sitio, mostró voluntariamente los equipos y entregó los dispositivos donde guardaba los diseños.
Allí, los investigadores relataron que Rodríguez llevaba un registro detallado de los cambios que hacía en cada versión, con ajustes en sombras, detalles tipográficos e imperfecciones, según citó el medio internacional,
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Los investigadores también descubrieron que ya trabajaba en falsificaciones de billetes de $100, por lo que mencionaron que este hombre “quería crear el billete perfecto”.
Rodríguez sostuvo que los billetes estaban destinados a servir como utilería para producciones audiovisuales, según ambos medios. Un tribunal descartó esa explicación y en 2025 lo condenó a ocho años de prisión por falsificación de moneda, decisión que su defensa apeló, pero que fue confirmada recientemente por la justicia.

Ayuda de la tecnología para la falsificación
La investigación mostró que la falsificación dejó atrás parte de los procesos artesanales y adoptó mecanismos digitales más rápidos y precisos. Antes se requerían equipos fotográficos, productos químicos y procesos complejos para elaborar las planchas de impresión.
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Ahora, esos pasos pueden sustituirse con programas de diseño y grabado láser que permiten crear planchas litográficas a partir de archivos digitales, según The New York Times, siendo la mecánica atribuida a Rodríguez desde una imprenta en Cali.
Ese cambio amplió el acceso al delito, de acuerdo con las autoridades citadas por el diario económico. Benigno Pereda, agente del Servicio Secreto de Estados Unidos destacado en Bogotá, resumió esa preocupación en una frase recogida por Portafolio: “Básicamente, ahora se está rebajando el listón”.
Las fuentes también señalaron que los falsificadores lograban imitar con gran precisión cintas de seguridad, números de serie consecutivos, texturas de impresión y otros rasgos visuales. Esa capacidad ayudaba a que algunos ejemplares pasaran inadvertidos en operaciones corrientes.
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La rentabilidad también impulsa este mercado ilícito. Según estimaciones de The New York Times, producir un billete falso de $100 cuesta menos de cuatro dólares y parte de esas ganancias termina ligada al narcotráfico, la trata de personas y el terrorismo.

La ruta regional de los dólares falsificados
La circulación de estos billetes no se limita a Estados Unidos y alcanza a países latinoamericanos donde el dólar tiene uso extendido, según los investigadores al medio internacional. Una parte importante termina en economías como Ecuador, Panamá y El Salvador.
La investigación menciona que el papel llegaba desde Estados Unidos, los billetes se imprimían en Colombia y luego se enviaban a Ecuador para cambiarlos por dólares auténticos con apoyo de un informante.
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Para las autoridades estadounidenses, el problema también tiene alcance económico, ya que cerca de la mitad de los aproximadamente 2,3 billones de dólares en circulación se usan fuera de Estados Unidos, lo que vuelve prioritaria la defensa de la confianza internacional en esa moneda.
Pese a la captura y judicialización de Rodríguez, lo cierto es que el problema no ha cesado. En mayo de 2024, las autoridades intervinieron otra fábrica en Villavicencio (oriente de Colombia), donde incautaron billetes de $50 por un valor aproximado de 500.000 dólares, según detalló The New York Times.
Ese medio apuntó que los billetes hallados en Villavicencio eran idénticos a los encontrados en Caldono (Cauca), al igual que las planchas litográficas. La instalación, además, estaba camuflada como una inmobiliaria.
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La continuidad del fenómeno volvió a quedar expuesta en septiembre de 2025, cuando autoridades colombianas y estadounidenses anunciaron la incautación de billetes falsificados por un valor nominal de 12,7 millones de dólares procedentes de una fábrica clandestina en Bucaramanga (oriente de Colombia), de acuerdo con El Espectador. Ese dato reforzó que, aun con capturas y condenas, las redes siguen operando y abasteciendo circuitos fuera de Estados Unidos.
Bajo esa lógica, frenar estas redes se convirtió en una tarea prioritaria por su alcance criminal y por el peso internacional de la moneda.
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