
Sandra Viviana Ravelo Murillo tenía 26 años, administraba un bar de música rock en Bosa y desapareció sin dejar rastro en la madrugada del 7 de enero de 2011. Ocho días después, su cuerpo fue hallado en una zona boscosa de Arborizadora Alta, en Ciudad Bolívar, al sur de Bogotá.
El hallazgo reveló un crimen de extrema violencia: el cadáver presentaba signos de agresión sexual múltiple, lesiones por arma blanca y una avanzada descomposición que dificultó el reconocimiento.
Lo que siguió fue una investigación plagada de vacíos, un condenado que eligió el silencio y un exnovio que pasó cinco años preso antes de ser declarado inocente.
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El caso fue abordado en detalle por el pódcast Más Allá Del Silencio, conducido por Rafael Poveda, con la participación de Clariza Murillo, madre de la víctima; John Fabio Ravelo, su hermano y patrullero de policía; y John Alexander Quintero, exnovio de Sandra Viviana y también policía, quien estuvo detenido durante cinco años y fue absuelto en dos instancias judiciales —y participó en una charla separada de los familiares de la víctima—.
La última noche

El viernes 7 de enero, Sandra Viviana se fue a su negocio como de costumbre. Clariza Murillo esperó toda la noche. “Ella me comentaba. A pesar de que tuviera sus 26 años, yo siempre supe con quién estaba, menos esa noche”, relató la madre en el pódcast.
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Al día siguiente, entre las 7:00 y las 7:30 a. m., llegó al apartamento John Alexander Quintero, quien era la pareja sentimental de Sandra Viviana desde hacía aproximadamente seis meses. Clariza lo describió como alguien que llegó “asustado”, y que corrió directo a la habitación de su hija a buscarla.
Quintero, por su parte, explicó que esa noche salió del trabajo en el aeropuerto El Dorado, pasó por el bar, le dijo a Sandra Viviana que volvería a la 1:00 a. m. para cerrar, y luego fue a encontrarse con una amiga llamada Norma en el Portal de la 80.
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Según su versión, se les hizo tarde y no pudo regresar al bar, por lo que se fue a la casa de su tía, que vivía cerca del apartamento de Sandra Viviana, y al amanecer fue a verificar si ella había llegado. “Nada me retenía a quedarme donde mi tía. Me llamaba más ir a donde mi novia”, afirmó.
John Fabio Ravelo contó que ese mismo sábado se encontró con Quintero en el parqueadero del edificio, alrededor de las 8:00 a. m. y este le dijo que venía de donde su papá —versión que Ravelo acusó de modificar en la Fiscalía, donde declaró haber estado con su tía—. Ese sábado en la tarde, cuando Sandra Viviana no había abierto su bar, la preocupación creció.
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A las 8:00 p. m. un amigo confirmó que el negocio seguía cerrado. A las 11:00 p. m., lo mismo. Esa noche, Quintero acompañó a John Fabio a una reunión en el club de la policía. El hermano lo describió tranquilo, bailando con otras personas y sentado en mesas con otras mujeres.
El domingo, Clariza rompió un vidrio del bar para entrar. Encontró manchas de sangre en el baño, pero aseguró no darles mayor importancia. Interpuso la denuncia en la Fiscalía y comenzó a llevar fotos de su hija a los medios de comunicación.
Por su parte, John Fabio intentó ingresar al Bronx —el sector de consumo de drogas más peligroso de Bogotá en esa época— con uniforme de policía y una moto prestada, impulsado por la angustia. John Alexander Quintero lo acompañó durante toda esa semana a repartir volantes, contactar a los CAI y llamar a los clientes del bar desde una libreta que encontraron en el local.
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Fue en esas llamadas donde surgió el nombre de Néstor Yesid Sánchez, cliente frecuente del bar. Varios testigos dijeron que él había sido visto con Sandra Viviana la última noche. El propio Sánchez, cuando Quintero lo llamó, dijo que había tomado un taxi con ella y la había dejado en Bosa Centro.
El 15 de enero de 2011, una llamada de la jefa directa de Quintero los alertó: habían encontrado un cuerpo en Arborizadora Alta. Ravelo y Quintero fueron al CAI del sector. Los policías les mostraron fotografías. “Lo único que yo veo es un cuerpo, es medio gordito, y un zapatico al lado”, recordó Quintero. No hubo forma de identificarla por rasgos físicos. Fue una manilla que Sandra Viviana había mandado a hacer semanas antes para el bar —con la inscripción “I wish”— la que permitió confirmar que era ella. La carta dental completó el reconocimiento formal en Medicina Legal.
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El cuerpo y las evidencias
El cadáver fue hallado en estado de semiesqueletización, con la cabeza separada del tronco, el miembro superior izquierdo ausente y el derecho bajo el cuerpo.
El médico forense Aníbal Navarro explicó en el pódcast que el proceso de necropsia involucró equipos de medicina forense, antropología forense y odontología forense, y que se encontraron signos de mordeduras de animales —perros, en la zona de los codos— compatibles con necrofagia.
“Estamos hablando de un lugar frío, una exposición al sol. La piel comienza a cambiar de color. Realmente nunca hubo una quemadura”, precisó Navarro, en referencia a versiones iniciales que circularon sobre el estado del cuerpo.
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En el análisis genético, Medicina Legal encontró tres tipos de ADN mezclados: uno correspondiente a Quintero, otro a Néstor Yesid Sánchez, y un tercero sin identificar. También se hallaron trazas de ADN en las uñas de la víctima. La Fiscalía utilizó estas evidencias para imputar a Quintero, pero ante esto Navarro ofreció una lectura técnica distinta, pues reveló que el ADN de Quintero en los genitales y en la ropa interior de la víctima tenía explicación biológica.
Según explicó, el ADN de una pareja sexual puede persistir hasta 120 horas en el cuerpo de una mujer viva y transferirse a sucesivas mudas de ropa interior. El ADN de los otros dos individuos, en cambio, se encontró en los muslos, zona interna, pero no en el panty, lo que indicaría que la víctima no volvió a vestirse tras el ataque.
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Un condenado que eligió el silencio, el otro demostró su inocencia

El 16 de mayo de 2014, la Fiscalía capturó a Néstor Yesid Sánchez y a John Alexander Quintero. Sánchez se declaró culpable y se acogió al derecho a guardar silencio. Nunca relató qué ocurrió esa noche, si hubo otros participantes ni quiénes fueron. La condena mínima por el delito era de veinte años, pero el allanamiento le redujo la pena. Cumplió diez años y actualmente se encuentra en libertad condicional.
“Me gustaría que él hablara, que dijera la verdad. Él debe saber en lo más profundo de su corazón quiénes fueron y quiénes estaban con él ese día para hacerle tanta cosa a mi hija”, dijo Clariza Murillo. John Fabio señaló que la familia nunca supo que Sánchez ya había salido de prisión, y que no han intentado contactarlo.
Quintero describió su detención como un quiebre total. Fue capturado en su oficina, esposado durante horas y llevado a los calabozos de la estación de los Mártires, donde pasó su primer año. “En la mañana era un policía bien normal trabajando para una institución y en la noche era un delincuente. Yo no podía creer eso”, relató.

Después de ese año, en el que llegó a ser testigo de un motín, lo trasladaron a La Picota, donde permaneció tres años más mientras las audiencias se dilataban.
Durante ese tiempo, su hija —que tenía ocho años cuando lo detuvieron— creía que su padre estaba en un curso de la policía. “Yo cuando venían los niños hacía juegos para ellos, muchas actividades recreativas, para maquillarle la situación, el lugar tan feo donde estábamos”, contó Quintero. Su padre, inicialmente sin certeza sobre su inocencia, terminó endeudándose para sostener su defensa. “Cuando me vio a los ojos dijo: ‘No, aquí me meto con toda por mi hijo’”, recordó.
Un juez de primera instancia lo absolvió en 2020. La Fiscalía apeló, pero el Tribunal Superior de Bogotá y Cundinamarca ratificó la sentencia absolutoria en 2024. Quince años después del crimen, Quintero dice que tanto él como la familia de Sandra Viviana son víctimas del mismo sistema. “Me tiraron la vida y la de esa familia también”, afirmó.
El perfil del agresor y las fallas de la investigación
El psicólogo forense Roberto Sicard analizó en el pódcast el tipo de violencia ejercida contra Sandra Viviana Ravelo.
“Estamos frente a un sujeto extremadamente violento, extremadamente impulsivo, muy probablemente de un gran carácter egocéntrico que no toleraba un no”, dijo.
Según Sicard, el expediente apuntó que esa noche hubo una discusión en el bar relacionada con celos y un posible enamoramiento no correspondido. “Una persona que no acepta un no como respuesta se vuelve violenta”, advirtió.
Sicard también cuestionó que no se haya recurrido a técnicas de perfilación criminal durante la investigación. “Si se hubiera aplicado la ciencia para entender la perfilación criminal, de cuál podría ser el tipo de delincuente que comete estos delitos, la eficacia del proceso hubiera sido mayor”, sostuvo. Sobre la posibilidad de que tres personas hayan actuado en conjunto, el psicólogo señaló que era posible, pero que sin perfiles psicológicos de los sospechosos resultaba imposible depurar responsabilidades con rigor.
El médico forense Aníbal Navarro, por su parte, identificó fallas técnicas concretas en el proceso forense: “Se comenzaron a presentar hipótesis sin bases técnicas y de lo poco que había técnico se hizo una interpretación por parte de la fiscal que estaba en su momento, pero sin apoyo de los especialistas forenses”, indicó. Uno de los errores de procedimiento más graves fue la afirmación de que el cuerpo había sido desmembrado intencionalmente, cuando la evidencia apuntaba a necrofagia animal, así como la ausencia de una interpretación adecuada de los ADNs mezclados en el cuerpo de la víctima.
Sobre este último punto, Quintero mencionó en el pódcast que entre los testigos se hablaba de un hombre llamado Raúl, descrito como obsesivo con Sandra Viviana y posiblemente presente la noche de su desaparición. A Raúl y a otro conocido llamado John Pacheco les tomaron muestras de ADN, pero ninguna coincidió y la investigación no avanzó más en esa dirección, señalando que debieron centrar las indagaciones en Néstor Yesid Sánchez.
Por su parte, Navarro confirmó que ese tercer perfil sigue abierto: “En el momento en que se llegue a vincular, habrá un proceso para esa persona”.
El caso de Sandra Viviana Ravelo Murillo precedió en un año y cuatro meses al de Rosa Elvira Celis, el femicidio que conmocionó a Colombia en 2012. A diferencia de ese caso, el de Sandra Viviana permaneció en la oscuridad durante casi tres años, hasta que la familia contrató una abogada que descubrió que el expediente estaba a punto de ser archivado. Fue ese movimiento el que reactivó la investigación y derivó en las capturas de 2014, así como el posterior seguimiento en medios de comunicación.
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