
La atención de varios analistas económicos está puesta sobre Colombia tras una nueva proyección internacional que anticipa un deterioro de las cuentas públicas para 2026. De cumplirse ese escenario, el país quedaría entre las economías con el mayor desbalance fiscal del mundo, un panorama que podría traducirse en mayores costos financieros, menor margen de maniobra para el Estado y presiones sobre el bolsillo de los ciudadanos.
El pronóstico fue elaborado por The Economist Intelligence Unit, que evaluó el comportamiento esperado de 43 economías mediante indicadores como el saldo presupuestario frente al Producto Interno Bruto (PIB), la cuenta corriente y el rendimiento de los bonos soberanos a 10 años. El informe concluye que el déficit seguirá siendo la realidad predominante a nivel global: 36 países cerrarían 2026 con cuentas en rojo, mientras apenas siete registrarían superávit.
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Dentro de ese grupo, Colombia aparece en una posición poco favorable. La proyección estima un déficit fiscal equivalente al 6,6% del PIB, cifra que ubicaría al país en el tercer lugar entre los mayores déficits analizados, únicamente superado por Brasil, con 7,3%, y Polonia, con 7%. Además, el cálculo supera en 1,3 puntos porcentuales la meta fijada por el Ministerio de Hacienda en el más reciente Marco Fiscal de Mediano Plazo.
El estudio incorpora otros indicadores que reflejan las condiciones esperadas para la economía colombiana. Entre ellos, una cuenta corriente de -2,5% del PIB y una tasa de interés de 11,8% para los bonos soberanos a 10 años, variables que sirven como referencia para medir la confianza de los mercados y el costo del financiamiento del Estado. Aunque se trata de una proyección, economistas consultados consideran que el escenario es consistente con la realidad económica del país. Incluso advierten que el déficit podría terminar siendo mayor si no se corrigen algunos desequilibrios que hoy afectan las finanzas públicas.
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Hernando Zuleta, decano de la facultad de Economía de la Universidad de los Andes, explicó a La República que existen dos factores que hacen probable un déficit de esa magnitud. El primero es que el recaudo tributario resulta insuficiente para cubrir el funcionamiento del Estado. El segundo tiene que ver con el elevado costo de la deuda pública, que obliga al Gobierno a destinar una parte considerable de sus recursos al pago de intereses. “No ha habido ningún esfuerzo en los últimos tiempos para reducir el gasto público, por lo que un déficit de 6,6% sí es muy posible”, anotó Zuleta.

Más allá de los indicadores técnicos, la preocupación gira alrededor del impacto que este tipo de desequilibrios puede tener sobre la economía cotidiana. Los especialistas coinciden en que un déficit elevado no suele sentirse de inmediato, pero con el paso del tiempo termina reflejándose en distintos frentes que afectan directamente a hogares y empresas.
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Tras el pago de la deuda y el funcionamiento del Estado aparece el impacto sobre la actividad económica. Cuando el Gobierno necesita financiar déficits elevados, los mercados suelen exigir mayores tasas de interés para prestar dinero. Ese incremento termina trasladándose a otros sectores de la economía, encareciendo el crédito para empresas y familias. Los expertos advierten que una de las primeras áreas afectadas suele ser la inversión. Sectores como la construcción, por ejemplo, enfrentan mayores costos de financiamiento, lo que puede frenar proyectos y reducir la generación de empleo. A largo plazo, esto se traduce en menor acumulación de capital y un crecimiento económico más lento.
Otro factor que genera preocupación es la necesidad de corregir las cuentas públicas. Si el déficit continúa ampliándose, el Gobierno podría verse obligado a reducir gastos o aumentar impuestos para cerrar la brecha fiscal. Ambas alternativas suelen tener efectos sobre la economía porque disminuyen el consumo, afectan la inversión y limitan la expansión de la actividad productiva.
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Carlos Sepúlveda, director del Centro de Competitividad Regional de la Universidad del Rosario, considera que los ciudadanos terminan sintiendo esas presiones de distintas maneras. Entre ellas, tasas de interés más altas, una mayor vulnerabilidad del peso colombiano frente a otras monedas y la posibilidad de nuevas reformas tributarias para obtener más recursos. “El déficit no se siente en el bolsillo el día de hoy, se siente después, en inflación, en el costo del crédito o en menos espacio para gasto social si toca recortar”, aseguró Sepúlveda al medio anteriormente mencionado.
El informe de The Economist Intelligence Unit muestra que Colombia no sería el único país enfrentando dificultades fiscales. Después de Brasil, Polonia y Colombia aparecen Estados Unidos, con un déficit estimado de 6,5 % del PIB; Filipinas, con 6,3 %; Arabia Saudita, con 6,1 %; China, con 5,8 %; Tailandia, con 5,5 %; Francia, con 5,3 %; y Bélgica, con 5,2 %.
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