
El 31 de mayo de 2026, los colombianos acudieron a las urnas para definir, en primera vuelta, a quién querían como presidente o presidenta del país. Entre 11 candidatos y candidatas presidenciales que se disputaron los votos del electorado, dos resultaron vencedores, los mismos que ya punteaban en las encuestas de intención de voto.
El abogado Abelardo de la Espriella tomó la delantera con 10.361.499 sufragios a su favor, mientras que el congresista Iván Cepeda Castro se ubicó en el segundo puesto, con 9.688.361, con lo cal pasaron a la segunda vuelta, que tendrá lugar el domingo 21 de junio.
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Las semanas previas a esa nueva contienda electoral son decisivas, porque los aspirantes enfocan sus esfuerzos en conquistar al electorado que no los apoyó en la primera vuelta, una tarea difícil en un país polarizado como Colombia, en el que una importante cantidad de ciudadanos no está alineada a las posturas extremas representadas por De la Espriella y Cepeda, a la derecha y a la izquierda.
Así lo explicó a Infobae Colombia el analista Alejo Vargas Velásquez, magíster en política social y doctor en ciencia política. De acuerdo con el experto, aunque los aspirantes están buscando el apoyo de los electores de los candidatos “de centro”, que no ganaron en la primera vuelta, lo cierto es que estos votantes no necesariamente van a adoptar la decisión que tomen los políticos a los que siguen; su determinación es libre y puede estar basada en otros criterios.
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“Los votantes que apoyaron a uno de los candidatos del centro son libres. O votan por uno de los dos, o votan en blanco o se abstienen y cualquiera de las cuatros son opciones en democracia”, detalló el analista a este medio.
Vargas Velásquez considera que el foco parece no estar en el lugar correcto: “Lo que deben ellos tratar de disputar no es el voto de centro, sino lo que podríamos llamar los votos de los sectores medios de la sociedad”, precisó.
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Según explicó el analista, tanto Abelardo de la Espriella como Iván Cepeda se han esforzado en orientar sus propuestas hacia ciertos sectores de la población, dejando de lado a una gran parte de colombianos que no se sienten representados por ellos, porque sus iniciativas no los tienen en cuenta.
A juicio del analista, esto es mucho más notorio en el candidato de la izquierda, cuyo nicho está en las minorías organizadas, conocidas como los sectores populares, que están integradas, entre otros grupos, por indígenas y afrodescendientes, y, aunque es importante entregar soluciones a estos grupos poblacionales, hay otros que Cepeda estaría olvidando.
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“¿Qué pasa con los sectores medios, que son fundamentalmente los sectores urbanos? (...), ¿cuál es la propuesta de cualquiera de las candidaturas para la seguridad de esos sectores? ¿Cuál es la propuesta para los temas de la movilidad de esos sectores o del acceso a la educación?”, cuestionó.
El otro foco que deberían contemplar ambos aspirantes a la Presidencia de la República es el de los abstencionistas, los que decidieron no participar en la primera vuelta electoral. Algunos de ellos no votan porque simplemente “no les importa la política”. Para atraer su atención en necesario poner la lupa sobre los mensajes y cómo se transmiten.
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De acuerdo con el experto, las comunicaciones que tienden a ir hacia una ideología muy marcada ya no tienen el mismo impacto que antes y por eso pueden ser poco efectivas para conseguir votos. “Mensajes ladrilludos, ideologizados, que tradicionalmente ha usado la izquierda, eso no llega hoy día a esos sectores (...). Ellos están, si acaso, esperando propuestas concretas”, dijo.
En ese sentido, ambos aspirantes deben hacer ajustes en sus estrategias, porque, aunque los discursos de la izquierda parecen estar cayendo en esas tendencias que, al parecer, ya no funcionan, algunos de los “partidos tradicionales” –que pueden respaldar a De la Espriella– también lo siguen haciendo.
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Según Vargas Velásquez asegura que parte del plan de los candidatos debe incluir un adecuado manejo de las redes sociales para llegar a la población que no los conoce o que no sabe nada de sus iniciativas.
El experto concluye que el aspirante Iván Cepeda se quedó atrás en ese aspecto durante la primera vuelta –aunque alcanzó una importante cantidad de votos–, puesto que se enfocó en hacer eventos políticos en distintas zonas del país, olvidando a un gran cúmulo de potenciales votantes que se mueven en redes y que no van a esos espacios.
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Pero ahora, con su equipo de campaña, está “tratando de mejorar” ese aspecto clave. “Es lo que me parece que está intentando hacer ahora Cepeda, que eso me parece bien que lo haga”, expresó.
Propuestas que excluyen incentivan la polarización y llevan a la desinformación
Vargas Velásquez advirtió que el mantener las propuestas al margen de ciertos sectores del país contribuye a la polarización, algo “fácil” que se logra, muchas veces, divulgando información falsa y usando “calificativos que fácilmente hacen carrera”. En las campañas de ambos candidatos presidenciales se ha evidenciado esa tendencia.
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Por un lado, se dice erróneamente que De la Espriella representa el fascismo y que Cepeda es “un estalinista resucitado”. Por otro lado, se afirma que la llegada del candidato de la derecha implicará la pérdida de subsidios para la población más vulnerable del país, y que el arribo del aspirante de la izquierda al poder se traducirá en el establecimiento del comunismo.
“Todo eso es un poco de fantasía, de exageración (...). Eso no tiene ningún asidero en la, en la realidad”, indicó.
Esta situación se estaría presentando porque las campañas no se estructuraron desde el inicio pensando en transmitir mensajes y propuestas concretas, según explicó el experto. Por eso, ahora que faltan pocos días para la segunda vuelta, “la única posibilidad con que juegan es tratar de polarizar más a unos y a otros”.
Ese ambiente polarizado es complejo de desbaratar, porque se reafirma en la premisa del enemigo: los candidatos dejan de ser adversarios políticos para convertirse en los enemigos que se deben destruir. Según el analista, esa lógica violenta es completamente contraria a la democracia.

Por eso, a su juicio, es importante de las candidaturas el apunten a exponer sus ideas para mover las emociones de los electores, dejando de lado esa confrontación tipo “guerra” que todavía persiste.
“Estas campañas, hoy día son mucho más de emociones que de razón. Yo por eso digo: echarle un discurso argumentado, con lógica, eso es perder absolutamente el tiempo. Eso la gente no está parándole bolas a eso. Es mensajes muy concretos. Y eso, por supuesto, no es fácil”, indicó.
En el caso de Iván Cepeda, la carrera por la Presidencia puede tornarse un poco más compleja por “hay una fuerte tendencia en las personas a sumarse al carro del ganador”. Sin embargo, no es una regla absoluta.
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