El 10 de abril se llevó a cabo la cuarta y última audiencia de consolidación de aportes de verdad por parte de 68 comparecientes que reconocieron ante la JEP su responsabilidad en ejecuciones extrajudiciales, mal llamadas “falsos positivos”, registrados entre 2006 y 2008 en Quindío.
En la diligencia se revelaron detalles de 19 casos de civiles que fueron presentados como guerrilleros dados de baja en combates por parte del Batallón de Ingenieros Francisco Javier Cisneros.
El primero en hablar fue Juan Carlos Ostos Cepeda, que reconoció su participación en el asesinato de Manuel Augusto Torres en junio de 2008. “Hablé con el cabo tercero, con los soldados. Nadie lo quería hacer. Apliqué la misma presión. A Sergio Andrés (uno de sus subalternos) lo amenacé con el folio de vida, le dije que era una orden superior. Tenía que hacerse. El cabo y los soldados accedieron”.
Este caso es llamativo para el proceso porque la víctima fue elegida por los militares luego de que confirmaron que Torres tenía información sobre asesinatos y desapariciones forzadas cometidas por integrantes del batallón.
Otro hecho mencionado fue el asesinato de Carlos Andrés Campo Henao, que en febrero de 2008 fue perfilado por militares que le ofrecieron trabajo, lo llevaron a una zona rural del departamento y lo asesinaron junto a otros jóvenes.
Al ser un modus operandi que repitieron en varias ocasiones, por este caso fueron llamados a la audiencia los comparecientes Jhon Armando Rodríguez Rojas, Elkin Arenas Mora, Francisco Javier Cortés Guapacha, Luis Fernando Cardona, Hernán Ángel Hernández y Juan Pablo Barrera.
“Yo tuve conocimiento por el mayor Veloza de la ubicación de la víctima. Yo autoricé este acto delictivo; es mi participación como comandante de batallón. Y participé en el encubrimiento con la legalización del caso”, fueron las palabras de Juan Pablo Barrera.
En la audiencia se revelaron detalles de un hecho registrado el 4 de septiembre de 2008 en Salento, en donde, durante un combate real, militares dispararon contra un vehículo que transitaba en la zona, asesinando de esa forma a Jhon Kennedy Díaz Tabares y Gildardo Antonio Parra.
“Yo le disparé a una silueta. En el momento en que pasaron las víctimas, comenzaron todos los disparos hacia el mismo sitio. Todos debíamos disparar. No hablamos con las víctimas”, relató el compareciente Alejandro Bedoya Arias.
Los once comparecientes que participaron de manera presencial en la audiencia aceptaron su responsabilidad en los hechos mencionados; además, como un gesto simbólico, Heriberto Clavijo Cruz entregó la medalla que recibió por su desempeño en 2006 a los familiares de una de las víctimas.
“Hoy estamos aquí como comparecientes y personas que cargan con el peso de sus actos. Reconocemos que nuestras decisiones rompieron familias y dejaron heridas imborrables. Hay ausencias irremplazables, dolores que permanecen. Es una medalla que se me otorgó por resultados operacionales. No lo fueron como tal, fueron homicidios de sus familiares. Renunciamos a la medalla porque entendemos que es un honor que no nos pertenece”, dijo el compareciente.
El objeto fue recibido por José Giraldo, hermano de Darío Giraldo, asesinado el 31 de agosto de 2006 en Salento. “La recibimos con manos que han conocido el dolor, pero también con un corazón que, a pesar de todo, ha decidido no cerrarse. La recibimos desde el amor. Un amor que no olvida, que no niega la ausencia, que no borra la herida, pero que se niega a quedarse en el odio. Hoy, esta medalla cambia de significado: deja de ser un símbolo de guerra para convertirse en un acto de reconocimiento, en un gesto que honra la memoria de quienes ya no están y dignifica el lugar de quienes seguimos aquí”.
Por decisión de las víctimas, la medalla fue entregada a la JEP y se confirmó que será presentada como una muestra de los beneficios recibidos por los militares que participaron en las ejecuciones extrajudiciales.
“Que esta medalla sea también un recordatorio permanente de que la verdad no puede quedarse en lo privado, necesita ser dicha, reconocida y difundida”, indicó la madre de una de las víctimas.
Por último, José Giraldo pidió que los jóvenes asesinados sean recordados por sus vidas y no por las afirmaciones que se expusieron en su momento cuando los presentaron como bajas en combate.
“Queremos que recuerden a nuestros familiares como lo que eran. Mi hermano era un joven, buen hijo, la alegría de la casa. Dejó una niña de dos años. Era un joven con futuro. Quiero que lo recuerden como nosotros. Eran buenas personas todos. No como les hicieron pensar”.
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