
La figura de Iván Márquez volvió al centro del debate sobre la política de paz total, no solo por su papel en el fracaso de los diálogos con la Segunda Marquetalia, sino por el giro que dio su situación tras el asesinato del senador Miguel Uribe Turbay y la posterior activación de mecanismos de persecución internacional en su contra.
El distanciamiento progresivo de Márquez de la mesa de negociación fue uno de los factores determinantes en el colapso del proceso en noviembre de 2024. Aunque participó en la instalación formal, su rol se diluyó rápidamente.
Según relató el jefe negociador Armando Novoa al medio Semana, el excomandante guerrillero nunca estuvo presente en los ciclos iniciales y optó por una interlocución indirecta a través de delegados. Esa ausencia generó incertidumbre dentro del proceso. “Se nos convirtió en un fantasma”, afirmó Novoa, al describir la dificultad de ubicarlo o sostener encuentros constantes.

La última reunión directa entre ambas partes ocurrió a finales de junio de 2024 en Caracas.
Desde entonces, no hubo más contactos presenciales ni señales claras de liderazgo activo: “Entendimos que no tenía un interés cierto de continuar en una mesa. Ante esa situación, continuamos avanzando en los diálogos con quienes sí manifestaron su interés y es lo que venimos haciendo con la Coordinadora Nacional-Ejército Bolivariano (una disidencia de la Segunda Marquetalia)”.
En ese último encuentro, Márquez fue descrito con un estado de salud deteriorado: limitaciones físicas, problemas de visión y necesidad de asistencia para movilizarse. Esta condición reforzó la percepción de un liderazgo debilitado, incapaz de conducir una negociación compleja en medio de tensiones internas y presiones externas.
A ese escenario se sumó una diferencia clave con el Gobierno: su exigencia de suspender de inmediato las órdenes de captura y extradición como para regresar al país. La delegación oficial rechazó esa posibilidad, insistiendo en que cualquier beneficio debía estar condicionado a avances verificables en el proceso de paz. Esa línea roja nunca se superó.
La falta de conducción clara coincidió con un momento de fragmentación dentro de la Segunda Marquetalia. La estructura terminó dividiéndose, dando paso a nuevas facciones como la Coordinadora Nacional-Ejército Bolivariano, que asumió el rol de interlocutor con el Gobierno. Este reacomodo evidenció que el control territorial y político de Márquez ya no era determinante.
Sin embargo, su nombre reapareció con fuerza tras el asesinato de Miguel Uribe Turbay en 2025, un crimen cuya autoría intelectual ha sido atribuida a la Segunda Marquetalia en el desarrollo de las investigaciones judiciales. Aunque para ese momento el grupo ya estaba fuera de la mesa de diálogos, el hecho marcó un punto de inflexión en la estrategia estatal.

Las autoridades colombianas activaron entonces una ofensiva internacional. A través de la Dirección de Investigación Criminal e Interpol (Dijín), se emitieron circulares rojas de la Interpol contra Márquez y otros cabecillas, con el objetivo de lograr su ubicación y captura en cualquiera de los 196 países miembros.
La medida incluye también a alias Zarco Aldinever y otros líderes como John 40, John Jairo Bedoya Arias, Alberto Cruz Lobo y Diógenes Medina Hernández, señalados como integrantes clave de la estructura armada. La activación de estas alertas implica la movilización de agencias policiales a nivel global y refuerza la cooperación judicial para desarticular redes criminales con capacidad transnacional.
La Fiscalía General de la Nación ha ofrecido millonarias recompensas por información que permita ubicar a los responsables. En el caso de Márquez, las autoridades han fijado incentivos que alcanzan los 5.000 millones de pesos, con posibilidad de incrementarse mediante cooperación internacional.
Reportes de inteligencia citados en medios señalan que Márquez podría estar fuera del país, presuntamente en Venezuela, donde contaría con redes de protección. No obstante, esta información no ha sido confirmada oficialmente por las autoridades.

El despliegue de las circulares rojas no solo busca capturas individuales. Según la Policía Nacional, el objetivo es golpear la estructura financiera y logística de la Segunda Marquetalia mediante un esfuerzo coordinado entre países.
La estrategia apunta a debilitar la capacidad operativa de la organización y llevar ante la justicia tanto a autores materiales como a determinadores.
Mientras tanto, la investigación por el asesinato de Miguel Uribe Turbay continúa abierta. Las autoridades han insistido en que la cooperación internacional será clave para esclarecer completamente el crimen y avanzar en la judicialización de todos los responsables.
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