
El mercado laboral colombiano arrancó 2026 con señales mixtas. Por un lado, la tasa de desempleo bajó a 10,9% en enero, marcando el nivel más bajo para ese mes en más de dos décadas, de acuerdo con el DANE. Sin embargo, la persistente informalidad, que supera el 55%, continúa siendo uno de los principales retos estructurales del país.
Según las cifras oficiales, el número de personas ocupadas aumentó en 324.000 frente a enero de 2025, lo que evidencia una recuperación en la generación de empleo. Este resultado posiciona el inicio de 2026 como uno de los más favorables en términos de ocupación en más de dos décadas.
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No obstante, el dato positivo convive con otras señales que invitan a la cautela. La tasa global de participación se ubicó en 63,6%, lo que indica una menor proporción de personas activas en el mercado laboral, ya sea trabajando o buscando empleo.
En términos prácticos, esto significa que aunque hay más personas empleadas, también hay menos colombianos intentando ingresar al mercado laboral, un factor que puede distorsionar la lectura del descenso en el desempleo.

Informalidad: el gran desafío del mercado laboral
Más allá del indicador de desempleo, la informalidad laboral sigue siendo el principal problema estructural en Colombia. De acuerdo con el DANE, más del 55% de los trabajadores se encuentra en condiciones informales.
Esto implica que millones de personas no cuentan con acceso a seguridad social, estabilidad laboral ni garantías básicas, lo que limita la calidad del empleo y profundiza las brechas sociales.
Analistas coinciden en que la reducción del desempleo pierde impacto cuando no se traduce en empleos formales y sostenibles, lo que plantea un reto importante para las políticas públicas.
Jóvenes: desempleo alto y más de dos millones sin estudiar ni trabajar
El panorama es aún más complejo para la población joven. La tasa de desempleo juvenil se mantiene alrededor del 15%, muy por encima del promedio nacional.
A esto se suma que más de dos millones de jóvenes entre 15 y 28 años no estudian ni trabajan, una situación que evidencia dificultades en la transición hacia el mercado laboral.
Este segmento enfrenta barreras como falta de experiencia, desajustes en la formación y condiciones laborales poco atractivas, lo que limita sus oportunidades de inserción en empleos formales.

Sectores económicos con comportamientos distintos
El comportamiento del empleo también varía según la actividad económica. De acuerdo con el ANIF, sectores como comercio, alojamiento y servicios de comida han mostrado una menor dinámica en la generación de empleo, en medio de mayores costos laborales y un entorno económico desafiante.
En contraste, las actividades relacionadas con información, comunicaciones y servicios profesionales presentan una tendencia más favorable, impulsadas por la creciente demanda de talento especializado.
Este cambio refleja una transformación en el mercado laboral, donde las habilidades digitales y técnicas ganan cada vez más relevancia.
Empresas buscan perfiles más especializados
Desde la perspectiva del reclutamiento, firmas como T-Mapp identifican un patrón similar.
Según sus análisis, los perfiles más demandados se concentran en áreas como tecnología, analítica de datos y roles comerciales especializados, mientras que los cargos operativos y administrativos enfrentan mayores dificultades para ser ocupados.
“Hoy vemos una mayor rotación y escasez en perfiles digitales y comerciales, mientras que en roles más tradicionales hay más oferta que demanda. Eso genera un desbalance en los tiempos de contratación y en la capacidad de las empresas para cubrir vacantes estratégicas”, explicó Pablo de Sagarminaga, cofundador de la firma.
Este fenómeno evidencia un desbalance en el mercado laboral, donde las vacantes no siempre coinciden con las capacidades disponibles en la fuerza laboral.

Mayor exigencia en la contratación
En este contexto, las empresas están siendo más selectivas al momento de contratar. La tendencia apunta a procesos más focalizados, con mayores exigencias en habilidades, experiencia y especialización.
“El problema no es solo la cantidad de empleo, sino la conexión entre lo que las empresas necesitan y lo que encuentran en el mercado”, señaló Sagarminaga.
Esto ha llevado a una reducción en el volumen de vacantes, pero también a un aumento en los estándares de entrada para los candidatos, lo que puede dificultar el acceso al empleo para ciertos grupos.
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