El joven contó a detalle cómo fue su paso de trabajar tejiendo hamacas y trabajando en las calles - crédito @letengoelchisme/IG
La relación entre Aida Victoria Merlano y Diego Camacho trasciende la amistad convencional al convertirse en un ejemplo público de cómo las historias de superación y las heridas compartidas pueden forjar lazos sólidos y convertirse en fuente de inspiración.
Ambos expusieron detalles hasta ahora poco conocidos sobre la infancia de Camacho y la manera particular en la que afrontó la adversidad, abriendo un debate necesario sobre el trabajo infantil y la resiliencia social.
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Durante una conversación inédita mencionada por Merlano Manzaneda en el pódcast Vos Podés, destacó la trayectoria de Camacho, destacando que fue un niño que debió sobrevivir en la calle desde una edad temprana.
“Diego fue un niño que pidió limosna en la calle. Diego se escapó de su casa a los doce años porque vivía maltrato y trabaja desde esa edad tejiendo hamacas”, afirmó Merlano Manzaneda, detallando que una consecuencia duradera de esa etapa fueron los problemas de espalda surgidos por trabajar en condiciones impropias para su edad.
Como parte de la dinámica de la conversación, Merlano reveló que en su libro dedicó una carta a Camacho para resaltar su papel en su vida y la admiración que le inspira.
Según ella, “en este mundo de tantas personas rotas lastimando a los demás, él es un recordatorio de que entre personas rotas nos reparamos”, y apunta que, pese a todas las privaciones y el abandono familiar sufrido por su amigo, este no reclama cuentas a la sociedad.

Tras la difusión pública de su historia, Diego decidió aportar su propia voz y confirmar detalles de su vida para matizar el relato.
En su intervención, Camacho remarcó: “A los siete años no estaba jugando, estaba trabajando. Crecí en medio de la violencia intrafamiliar y me tocó comenzar a trabajar desde muy niño”, y agregó que por la ausencia de su padre y la precariedad económica materna tuvo que pedir dinero en la calle junto a sus cinco hermanos.
Ambos creadores de contenido hicieron públicas las dificultades de la infancia del joven costeño, su ingreso temprano al trabajo infantil y la huida del hogar materno tras constatar un entorno marcado por el maltrato y la indiferencia.
En sus respectivas intervenciones, los dos declararon que lo vivido no generó resentimiento ni deseos de revancha, sino un modelo de autogestión del dolor y una invitación a abandonar la naturalización del trabajo infantil, al que consideran un síntoma de problemas estructurales mayores.
Diego Camacho: del trabajo infantil a la denuncia de una realidad estructural
Entre lágrimas, la barranquillera narró por qué el joven es motivo de orgullo por todo lo que atravesó cuando era un niño - crédito @diegocamachogo/TikTok
Camacho brindó detalles sobre su vida de niño trabajador, señalando que luego de pedir dinero en la calle pasó a recolectar chatarra y a vender diferentes productos en barrios y bares.
Contó que solo tras la enseñanza de un cabildo indígena logró aprender a tejer hamacas, lo que le permitió obtener ingresos algo más estables, aunque a costa de salud y de exponerse a condiciones de explotación. “Tenía un problema y es que era muy pequeño para alcanzar a tejer en los telares, pero hacía marometas, igualito tejía”, relató Camacho al pódcast Vos Podés, confirmando la versión de Merlano sobre las secuelas físicas de esa etapa.
El joven narró además los factores familiares que lo llevaron a abandonar el hogar a los doce años. Dijo: “A los doce años me di cuenta de que mi mamá no me quería. Obviamente, para un niño a esa edad no es fácil entender que el ser humano que lo trajo al mundo no lo quiere. Pero lo acepté y me fui de mi casa”.

Explicó que la mayoría de los ingresos que obtenía eran entregados a su madre para evitar maltratos psicológicos, una dinámica de sobrevivencia común en hogares marcados por la precariedad.
En su relato ante el pódcast de Tatiana Franko, Diego Camacho buscó no solo narrar su historia personal, sino llamar la atención sobre la responsabilidad adulta y la gravedad estructural del fenómeno: “Muchas veces crees que haces bien dándole dinero a un niño que trabaja en un semáforo y eso está muy mal, porque detrás de cada niño que trabaja en las calles hay un adulto irresponsable. Los niños no deben estar trabajando, deben estar jugando y estudiando”.
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