
Según datos de la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC), los niños y adolescentes en Colombia pasan entre 8 y 9 horas diarias en el celular.
El informe señaló que el uso del celular aumenta con la edad. El 81% de los adolescentes de 14 a 17 años posee un dispositivo móvil propio. En el grupo de 10 a 13 años, el 55% tiene un celular propio, y entre los niños de 6 a 9 años, la cifra alcanza el 35%.
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Infobae Colombia consultó a especialistas en pediatría, neuropediatría y psicología para detallar las consecuencias para la salud a las que están expuestos los menores de edad por el uso prolongado del celular.
Riesgos físicos
Jhon Camacho, director de Pediatría del Hospital San José, explicó a este medio que la exposición prolongada a pantallas se considera cuando supera las dos horas diarias.
Detalló que los problemas físicos más frecuentes son la miopía, los trastornos musculoesqueléticos —como molestias en el cuello y la columna— y la tendinitis. Camacho precisó que el uso excesivo de las pantallas favorece el sedentarismo y la obesidad.
“Las enfermedades pueden agravarse por factores genéticos, ambientales y el estímulo externo que representa la pantalla. Por ejemplo, un niño con predisposición genética puede desarrollar hipertensión más fácilmente si lleva una vida sedentaria frente a los dispositivos”, indicó.
El profesional explicó que, según algunas investigaciones, la exposición excesiva a pantallas puede generar comportamientos similares al autismo, ya que los menores dejan de mirar a los ojos y de interactuar físicamente.

“El contenido rápido, como los videos cortos, aumenta la distracción y refuerza el círculo del déficit de atención. Hay estudios que muestran que el aislamiento y la exposición excesiva a pantallas pueden simular síntomas de autismo en ciertas edades”, expresó.
Jhon Camacho, director de Pediatría del Hospital San José, afirmó que existe evidencia científica sobre los trastornos asociados al uso prolongado de pantallas.
“Ya existe mucha evidencia científica sobre los trastornos asociados al uso excesivo de pantallas: obesidad, miopía, déficit de atención, impulsividad, depresión, trastornos del ánimo, sedentarismo y problemas musculoesqueléticos. Es fundamental establecer normas claras, tiempos definidos y acuerdos según la edad. Los adultos deben ser ejemplo”, aseveró.
Salud mental
Felipe Bravo Bolaños, psicólogo de la Fundación Universitaria de Ciencias de la Salud, señaló a Infobae Colombia que el dispositivo móvil se ha vuelto una extensión del cuerpo y que “esto afecta la interacción, incluso la mirada y el reconocimiento hacia el otro”.
Precisó que menores de 0 a 5 años que pasan mucho tiempo con el celular pueden presentar comportamientos similares al autismo.
“Se pueden dividir tres grupos: de 0 a 5 años, de 5 a 10 años, y de 10 a 15 años. En el primer grupo, se observan comportamientos similares a los del espectro autista, como dificultad para sostener la mirada e irritabilidad cuando se les retira el dispositivo. También se reduce la socialización y el interés por jugar con otros”, expresó.
En cuanto a los menores de 5 a 10 años, Bravo Bolaños afirmó a este medio que los diagnósticos de déficit de atención y autismo aumentan, que están influenciados por el tipo de contenido que consumen.
Y los problemas que más predominan en adolescentes, según Bolaños, son los cambios en el estado de ánimo y la dificultad para expresar emociones.
Felipe Bravo Bolaños considera clave que los niños y niñas tengan la capacidad de imaginar y estimular el juego.

“El juego es fundamental para simbolizar lo que viven. Si un niño pierde el interés por jugar o no sabe qué hacer con juguetes simples, es una señal de alerta. También es importante observar si muestra irritabilidad, agresividad o dificultades para interactuar con otros“, explicó.
Natalia Morato, psicóloga de la Universidad de San Buenaventura en Medellín y especialista en Psicología Clínica de la Universidad Pontificia, afirmó a Infobae Colombia que el uso de las pantallas ha impactado de forma notable a las familias.
“Cuando niños y adolescentes socializan a través del celular, se afecta la expresión gestual, corporal y verbal, porque la comunicación se da en gran medida mediante emoticones y símbolos. Esto debilita la capacidad de nombrar emociones y comunicarse de forma adecuada”, afirmó.
Asimismo, explicó a este medio que los niños, niñas y adolescentes pueden generar una adicción al celular por la luz azul de la pantalla, generando, según Natalia Morato, la pérdida de habilidades como la paciencia y la tolerancia al esfuerzo.
“El sistema de aprobación de las redes, como los ‘likes’, hace que los niños y adolescentes dependan del reconocimiento externo para validar su autoestima. Si no reciben respuesta o aprobación, pueden frustrarse y sentirse no aceptados”, señaló.
Morato afirmó que expertos en neurociencias recomiendan que menores de 0 a 2 años no tengan contacto con las pantallas y que, después de esa edad, el uso no debe superar una hora diaria. Enfatizó que los adultos nunca deben “usar el celular como forma de entretener al niño”.
“La falta de límites claros provoca que los hijos no distingan entre autoridad y amistad, lo que dificulta establecer normas y consecuencias. La crianza democrática, basada en firmeza y amabilidad, es clave para poner límites de forma respetuosa y efectiva”, explicó.
Natalia Morato precisó que una de las señales claras de afectación emocional es la dificultad para regular las emociones. Además, indicó que pueden presentarse cambios en el comportamiento del menor, como problemas de ansiedad, insomnio o alteraciones en la alimentación por el uso prolongado del celular.

Problemas de sueño
Lewis Mendoza, subespecialista en neurología pediátrica de Colsanitas, afirmó a Infobae Colombia que existen numerosos estudios que demuestran que el uso prolongado de las pantallas en menores de edad genera alteraciones en la estructura y función del cerebro.
“La sobreestimulación por pantallas produce un aumento excesivo de dopamina, lo que dificulta la formación de conexiones neuronales sanas y ocasiona problemas de atención, memoria, regulación emocional y sueño. Los trastornos del sueño son uno de los impactos más frecuentes que observamos en consulta”, afirmó.
Mendoza precisó que el cerebro necesita de un entorno preparada para conciliar el sueño, afirmando que la luz azul de las pantallas bloquea la producción de melatonina.
“Si se expone a esta luz antes de dormir, el cerebro interpreta que no es hora de descansar, lo que retrasa el inicio del sueño, provoca sueño superficial, despertares frecuentes, parasomnias y pesadillas”, aseveró.
El subespecialista en neurología pediátrica de Colsanitas explicó a este medio que los principales síntomas neurológicos identificados por diferentes profesionales por el uso excesivo de las pantallas son la ansiedad, la depresión y los retrasos en el lenguaje y el aprendizaje.

“El impacto de las pantallas afecta a todos los grupos etarios, desde recién nacidos hasta adultos mayores, pero en cada etapa los efectos son distintos. En los más pequeños, el problema principal es el retraso en el neurodesarrollo: demora en hablar, caminar y desarrollar motricidad. En la infancia, predominan la inatención, la hiperactividad y los síntomas relacionados con el TDAH y el espectro autista. En adolescentes, el mayor impacto es social: dificultades en la empatía, problemas de conducta, trastornos alimentarios y alteraciones en la imagen corporal”, afirmó.
Recomendaciones
Jhon Camacho, director de Pediatría del Hospital San José, citó las recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría y la Academia Española de Pediatría que son: “menores de dos años, nunca deben usar pantallas. Para menores de seis años, la recomendación es la misma”.
“No se trata de satanizar la tecnología. Puede ser una herramienta útil si se usa con propósito educativo y con tiempo regulado. El contenido debe tener una intención educativa: plataformas de matemáticas, lectura, idiomas, software de aprendizaje. Si en el colegio se usan tabletas, que sea con tiempo regulado y objetivos claros”, aseveró.
Felipe Bravo Bolaños, psicólogo de la Fundación Universitaria de Ciencias de la Salud, recomendó los “Cuatro noes” de Sabine Duflo: “no usar pantallas por la mañana, no durante las comidas, no antes de dormir y no en la habitación del niño”.

“No se trata solo de niños, también es un llamado a los adultos. Es importante asumir la responsabilidad, establecer límites claros y fomentar espacios de interacción fuera de las pantallas”, afirmó.
Natalia Morato, psicóloga de la Universidad de San Buenaventura en Medellín y especialista en Psicología Clínica de la Universidad Pontificia, afirmó que es primordial que los padres descubran los intereses de sus hijos y los potencien.
“Actividades extracurriculares como deporte, música, robótica o baile ayudan a mantenerlos ocupados y motivados. No se trata de imponer actividades, sino de que los niños elijan”, indicó.
Lewis Mendoza, subespecialista en neurología pediátrica de Colsanitas, precisó que ningún menor de tres años debe estar expuesto a pantallas y que, después de esa edad, el uso no debería superar las dos horas diarias, divididas en períodos de treinta a cuarenta minutos y siempre bajo supervisión.
“Limitar el tiempo de exposición y cuidar el contenido es prioritario para la salud neurológica y el desarrollo integral de los niños y adolescentes”, puntualizó.
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