La “Madame” de Cartagena recordó sus polémicas fiestas para empresarios y celebridades: “La niñas llegaban felices”

La mujer niega acusaciones de explotación sexual a menores de edad tras haber pasado cinco años en prisión y asegura que las madres de las involucradas sabían detalles del negocio

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Liliana Campos se encargaba de organizar fiestas para clientes distinguidos como empresarios, deportistas y artistas - crédito Más allá del silencio / Instagram

Liliana Campos, conocida como la “Madame” de Cartagena, visitó el pódcast Más allá del silencio, conducido por Rafael Poveda, para hablar de su vida y su papel central en la organización de eventos de lujo y despedidas de soltero para personajes de alto nivel en Colombia.

Tras cumplir una condena de 5 años en prisión bajo cargos de trata de personas y concierto para delinquir, Campos relató cómo gestionó una red que llegó a involucrar a más de 3.000 mujeres y que operó durante años atendiendo a una clientela que incluía empresarios, deportistas y celebridades.

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Durante la conversación, Campos aclaró que las nuevas integrantes llegaban buscando oportunidades económicas, mientras otras se retiraban tras cumplir sus objetivos, lo que le permitió tener caras nuevas todo el tiempo.

Una de las fiestas más populares fue en la que la asistente de un empresario estadounidense le solicitó reunir a un grupo de 20 mujeres, entre 19 a 25 años, en un yate. En esa ocasión, a cada participante se le pagó entre $2.500.000 y $2.500.000.

Además, algunas recibieron propinas adicionales, comida, cocteles y regalos. Incluso, el extranjero pidió que cuatro de ellas pasaran más tiempo con él: “Las chicas vinieron superfelices. Me dijeron que todo un señor, las llevó de shopping, les dio dinero, las trató muy, muy bien”, relató la entrevistada al pódcast Más allá del silencio.

La mujer relató detalles de
La mujer relató detalles de su negocio, defendiéndose de aquellos que la califican por incluir menores en sus fiestas - crédito Colprensa y Más allá del silencio / Instagram

El crecimiento de la “Madame” en el negocio

Liliana Campos detalló que comenzó con la gestión de alquileres de casas y embarcaciones de lujo en Cartagena tras regresar en 2005 de Estados Unidos, donde vendió su propiedad y, tras una mala inversión, buscó alternativas laborales. Inicialmente, se limitó a obtener una comisión del 10% sobre cada alquiler nocturno de casas o embarcaciones, pero luego, las solicitudes de los clientes la llevaron a incorporar la oferta de compañía femenina.

Con la expansión del negocio, la logística incluyó el alquiler de viviendas para alojar a las mujeres, la creación de álbumes fotográficos de casas y yates para enviar a los clientes, y la adaptación de los espacios para el bienestar de las residentes que estaban monitoreados por cámaras de seguridad, instaladas a raíz de la solicitud de las propias mujeres.

La frecuencia y el tamaño de los eventos aumentaron con los años, llegando a organizar hasta 13 grupos simultáneos durante ciertos fines de semana. La gestión se estructuraba en equipos donde las propias mujeres asumían roles de liderazgo, especialmente en eventos multitudinarios como los que se celebraban en las islas de Cholón.

Campos describió su modelo de operación en cuanto a los pagos realizados: “El precio nunca lo coloqué yo. Yo no puedo ponerle precio al cuerpo a una muchacha, yo no puedo ponerle el precio al trabajo de ellas. Cabe indicar que siempre se pagaba con moneda extranjera, sea euros, o sea dólares, libras esterlinas. Siempre se les respetó su tarifa, sin importar si el dólar subía o el dólar bajaba”.

Campos insistió en que nunca “reclutó” mujeres

La “Madame” afirmó que las jóvenes llegaban a través de recomendaciones y redes informales, atraídas por mejores condiciones económicas que las ofrecidas en otros entornos.

Además explicó que en meses de baja demanda los ingresos de las mujeres que participaban podían alcanzar $12 millones, en temporadas regulares se situaban alrededor de $24 millones, y en meses de alta actividad les era posible ganar hasta $50 o $60 millones.

La entrevistada sostuvo enfáticamente que muchas de las asistentes a sus eventos no prestaban servicios sexuales, sino que eran contratadas para brindar compañía, animar fiestas y acompañar en actividades sociales y de ocio.

El sistema interno contemplaba el pago de una cuota semanal, mientras que la relación financiera con las mujeres se regía por la autonomía y el respeto a lo pactado. Liliana Campos enfatizó que no existieron nunca reclamaciones económicas.

Además, aseguró que nunca promocionó sus servicios: “Jamás tuve páginas ni usé redes. Todo era recomendación”, y que era rigurosa en los códigos de conducta para mantener estándares elevados de comportamiento y presentación: “El vestuario era la regla número uno. No aceptaba vulgaridad”, pues consideraba que la vestimenta debía ser discreta y elegante.

Muchas de estas fiestas eran
Muchas de estas fiestas eran para famosos, por lo que tenían códigos estrictos - crédito Imagen Ilustrativa Infobae

Proceso judicial contra la “Madame”

La entrevistada se refirió a las acusaciones judiciales y el proceso que la llevó a prisión. Reiteró que los cargos que se mantuvieron al final fueron por trata de personas e inducción a la prostitución con mayores de edad, y que nunca se pudo probar la participación de menores en los hechos.

Además señaló que todas las mujeres debían presentar una cédula, cuyas autenticidades eran verificadas por un funcionario de la Sijín y destacó que todas la buscaban con agradecimiento: “Cuando me capturaron (29 de julio de 2018), ellas fueron en manada, pero fue a llorar… Me escribían, me mandaban comida, flores”.

La entrevistada también desmintió versiones sobre explotación de menores y vínculos con mafias de nacionalidad extranjera: “Yo nunca tuve socio, soy egoísta con mi trabajo”.

La mujer aseguró haber sufrido
La mujer aseguró haber sufrido bastante en prisión - crédito Imagen Ilustrativa Infobae

Los sufrimientos de la “Madame” en prisión

Sobre la experiencia carcelaria, Liliana Campos describió un clima hostil influido por la envidia y los conflictos internos: “Mujer operada, mujer bonita y mujer con plata en una cárcel en Colombia, sufre”. Sin embargo, afirmó que el periodo sirvió como un cierre definitivo de esa etapa de su vida: “No volvería a ser madame. Jamás. Entendí que caí bajo y que mi familia no se merecía pasar por estas cosas”.