
El Movistar Arena amaneció convertido en un lugar de encuentro para el duelo colectivo. Desde temprano, filas de seguidores comenzaron a rodear el escenario bogotano con flores, camisetas y canciones que marcaron una época de la música popular. Allí, a lo largo del miércoles 14 de enero, miles de personas se reunieron para despedir a Yeison Jiménez, en un homenaje que mezcló silencio, aplausos y voces quebradas.
La despedida se organizó en dos jornadas, una entre el mediodía y las 4:00 p. m. y otra a partir de las 6:00 p. m. con ingreso gratuito hasta completar el aforo. Aun así, desde la noche anterior ya había seguidores esperando, muchos de ellos dispuestos a pasar horas para entrar y decir adiós. En total, según se anunció desde la tarima, cerca de 14.000 personas lograron ingresar al recinto por jornada.
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Fuera del Movistar Arena, la multitud que llegó para rendir homenaje a Yeison Jiménez impulsó una dinámica comercial intensa. Vendedores informales se ubicaron en los accesos y calles aledañas ofreciendo mercancía relacionada con el artista, entre ella sombreros, camisetas, ponchos, banderines y accesorios, que fueron adquiridos por asistentes como símbolo de recuerdo y despedida.
Para muchos de estos comerciantes, la jornada representó una oportunidad económica significativa. La alta asistencia permitió que, durante varias horas, las ventas se mantuvieran activas, reflejando cómo este tipo de eventos masivos también movilizan la economía informal.
Uno de los momentos más conmovedores de la jornada fue la aparición de Thaliana, la hija de Jiménez. La niña recorrió parte de la platea alzada en hombros, saludando a los fanáticos de su padre, mientras el público respondía con aplausos y gritos de aliento. La escena, sencilla y potente, marcó el tono emocional del homenaje.
La música fue el eje de la despedida. Pipe Bueno fue el primero en subir al escenario. Visiblemente afectado, interpretó Tengo ganas, canción en la que comparte créditos con Jiménez, y antes de retirarse dejó una reflexión que resonó entre los asistentes: “a veces en el afán que andamos se nos olvida que ya somos ricos, muy ricos, pero en otras cosas que no son materiales”.

Luego fue el turno de Alzate, que cantó Sin decir adiós y Mi venganza, esta última grabada a dúo con el artista homenajeado. Además de recordar su amistad, destacó el vínculo creativo que los unió durante años. “Gracias por cantar mis letras, me hiciste grande a mí también”, dijo antes de abandonar la tarima.
El ambiente se volvió aún más íntimo cuando Jessi Uribe y Paola Jara interpretaron Ya no mi amor. Su presentación abrió paso a uno de los momentos más sensibles de la noche, la entrada de la madre de Jiménez junto a Thaliana. Con serenidad y firmeza, Lucy, la mamá del cantante, tomó el micrófono y expresó: “Sea mucho o sea poco, qué se yo, estaré para estar pendiente de tus hijos, de tu esposa, de las personas que quizás sean más débiles que tú. Hasta donde Dios me de vida y salud”. Luego, dedicó “Confieso”, de Kany García, en memoria de su hijo.
La despedida continuó con voces femeninas clave del género. Francy interpretó El adiós, mientras Arelys Henao ofreció una versión sentida de Nadie es eterno, de Darío Gómez, figura fundamental de la música popular con quien Jiménez había compartido escenario y grabaciones.
Otros artistas también sumaron recuerdos y canciones. Sebastián Ayala cantó Qué tonto soy y reveló que tenía planes de grabar con Jiménez en 2026. John Alex Castaño recordó su primer encuentro con el cantante y subió a interpretar Amanecí contento. Pasabordo, el dúo conformado por Jhonatan y Gabo, llevó al público Hasta la madre, una de las colaboraciones que compartieron.

Cerca del cierre de la primera parte de la jornada, Ciro Quiñonez presentó el remix de El embustero, una canción con una historia especial detrás. Y, como despedida simbólica, Luis Alfonso interpretó Destino final. Antes, dejó unas palabras que resumieron el sentir de la noche: “Aunque hoy muera su cuerpo, su legado, su música y su espíritu, siempre va a estar en nosotros […] Para nadie es un secreto que hoy no estamos velando monjas, estamos velando locos, emprendedores, alegres”.
Así, entre canciones, recuerdos y lágrimas, el Movistar Arena se transformó en un espacio para celebrar la vida y la huella de Yeison Jiménez, un artista que, incluso en su despedida, logró reunir a miles alrededor de su música.
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