Días antes de su captura y expulsión de Venezuela, ocurrida el 3 de enero de 2026, Nicolás Maduro insistía públicamente en que su Gobierno era una víctima del narcotráfico colombiano y reiteraba llamados al Gobierno de Estados Unidos para alcanzar acuerdos en materia de seguridad, cooperación antidrogas y reapertura de inversiones petroleras.
Sus declaraciones, emitidas en una entrevista televisada por el canal estatal VTV, contrastan con el abrupto desenlace que marcó el fin del chavismo en el país.
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En diálogo con el intelectual franco-español Ignacio Ramonet, Maduro aseguró que su administración estaba dispuesta a establecer un entendimiento directo con Washington, incluso en uno de los temas históricamente más sensibles entre ambos países: la lucha contra el narcotráfico.
“Se lo hemos dicho a muchos de sus voceros, que si quieren conversar seriamente de un acuerdo de combate contra el narcotráfico, estamos listos”, afirmó el entonces mandatario, en lo que analistas interpretaron como un intento desesperado por frenar la escalada de presión internacional.

Durante la entrevista, Maduro reiteró una narrativa que sostuvo de manera constante en los últimos años de su mandato: que Venezuela no era un país productor de drogas, sino un territorio afectado por el tráfico de cocaína proveniente de Colombia.
“Nosotros somos víctimas del narcotráfico colombiano. No de hoy, de décadas”, aseguró, al tiempo que defendió lo que denominó un “modelo perfecto” para contener ese fenómeno dentro de su territorio.
El líder chavista fue más allá al señalar directamente al Gobierno colombiano por la falta de cooperación en la frontera compartida de más de 2.200 kilómetros.
Según dijo, Venezuela asumía sola los costos operativos y financieros de la seguridad fronteriza, destinando miles de millones de dólares en recursos.
Además, afirmó que las 40 aeronaves destruidas durante el último año en operaciones antidrogas provenían del espacio aéreo colombiano, lo que, a su juicio, evidenciaba la magnitud del problema y la ausencia de colaboración desde Bogotá.
En paralelo a sus denuncias contra Colombia, Maduro envió mensajes directos a Estados Unidos, ofreciendo condiciones favorables para retomar relaciones económicas y energéticas. Recordó el caso de la petrolera Chevron como antecedente de cooperación y aseguró que el país estaba abierto a nuevas inversiones estadounidenses.
“Que si quieren petróleo de Venezuela está lista para inversión estadounidense como con Chevron, cuando quieran, donde quieran y como quieran”, afirmó, agregando que también estaba dispuesto a negociar acuerdos integrales de desarrollo económico.
Desde agosto, Estados Unidos había intensificado su presencia militar en el mar Caribe, bajo el argumento de reforzar operaciones contra el narcotráfico. Caracas denunció entonces que estas acciones encubrían un plan para forzar un cambio de régimen.
La confiscación de buques petroleros venezolanos y el anuncio de un eventual ataque a una “gran instalación” en un muelle —sin que se precisara su ubicación— profundizaron el enfrentamiento diplomático.
Maduro sostuvo que todas las operaciones antidrogas ejecutadas por su Gobierno se realizaron sin apoyo internacional y, en particular, sin respaldo colombiano.
Al mismo tiempo, insistió en su disposición al diálogo para evitar una confrontación directa con Estados Unidos, ofreciendo como moneda de cambio recursos energéticos y la reapertura de inversiones extranjeras que habían sido expropiadas durante el mandato de Hugo Chávez.

Ese proceso de nacionalizaciones, según coinciden analistas económicos y organismos internacionales, fue uno de los factores que contribuyó al colapso de la economía venezolana y al éxodo masivo de millones de ciudadanos hacia otros países de América Latina.
En el plano personal y simbólico, Maduro se presentó a sí mismo como la encarnación de un proyecto histórico y popular. “Yo represento un proyecto histórico que trae quinientos años de lucha. Te podría decir yo soy Guaicaipuro. Yo soy Bolívar, yo soy Zamora, yo soy Chávez porque soy el pueblo”, afirmó durante la entrevista, en un discurso cargado de referencias épicas.
Sin embargo, pocos días después de estas declaraciones, el chavismo llegó a su fin con el derrocamiento de Nicolás Maduro y la disolución de su estructura de poder.
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