
La tragedia que sepultó a Armero en noviembre de 1985 no solo marcó un antes y un después en la historia de Colombia, sino que también atrajo la atención de la prensa internacional y nacional, que documentó con detalle el alcance del desastre y la respuesta de las autoridades.
La erupción del Nevado del Ruiz, tras casi siete décadas de inactividad, desencadenó una avalancha que arrasó el municipio más próspero del Tolima, dejando una huella indeleble en la memoria colectiva.
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En los meses previos a la catástrofe, el presidente Belisario Betancur y su gabinete recibieron alertas de diversos organismos vulcanológicos sobre la reactivación del volcán Nevado del Ruiz.
A pesar de estas advertencias, relatos recogidos a lo largo de cuatro décadas señalan que tanto algunos habitantes de Armero como el propio Gobierno desestimaron los riesgos.

El entonces ministro de Minas y Desarrollo, Iván Duque Escobar, respondió a las inquietudes en el Congreso con una declaración que buscaba transmitir tranquilidad: “La didáctica intervención del congresista Hernando Arango a ratos llena de dramatismo y un poco de Apocalipsis sirve para decirle que todo ha sido informado y que se seguirá informado de las actividades del volcán”.
El contexto nacional ya era convulso. El miércoles 6 de noviembre, apenas días antes de la erupción, Bogotá fue escenario de la toma del Palacio de Justicia. El asalto, perpetrado por el grupo M-19, que dejó un saldo de noventa y ocho muertos, entre ellos once magistrados, sumiendo al país en una profunda crisis.
La noche de la erupción, una avalancha descendió por el río Lagunilla y sepultó a Armero. La magnitud del desastre fue tal que la revista TIME dedicó su portada del 25 de noviembre de 1985 al suceso, bajo el título: La agonía de Colombia.
Dos días después, el periódico británico The Guardian llevó la noticia a su primera página con el titular: Se teme que haya 20.000 muertos después de la erupción del volcán.

La cobertura internacional continuó con The New York Times, que en su edición del 17 de noviembre de 1985 publicó un extenso reportaje titulado: Miles huyen de valles cerca de volcán en Colombia: informan de más erupciones.
El diario recogió testimonios de funcionarios que estimaban que “hasta 500 personas aún pueden estar atrapadas vivas en el barro, dijeron los funcionarios, pero en algunas áreas los esfuerzos de socorro se han ralentizado”.
Por su parte, el diario español El País dedicó su portada del 15 de noviembre a la tragedia con el titular: Más de 20.000 muertos en Colombia por la erupción de un volcán en la mayor catástrofe de su historia, acompañando la información con una crónica detallada desde Bogotá.
El impacto en la prensa británica se reflejó también en The Times, que el quince de noviembre tituló: Volcán destruye cuatro pueblos, e incluyó un mapa de Colombia para ubicar el epicentro del desastre.

En Estados Unidos, el diario latino La Opinión de Los Ángeles informó el 15 de noviembre: Millares de muertos en Colombia, y ofreció un seguimiento minucioso de los hechos, incluyendo relatos de sobrevivientes como el artículo “¡Dios mío!.. ¿Qué te hemos hecho?”.
El Sunday Mirror, de Londres, en su edición del 17 de noviembre, ilustró la tragedia con la imagen de una menor que emergía de la avalancha, bajo el título: Maravilla de la vida en una ciudad de muerte.
La prensa colombiana desplegó una cobertura exhaustiva. El Tiempo publicó una edición extra el 14 de noviembre con titulares como ¡Catástrofe!, ¡Sepultado Armero! y En Armero nadie duerme....
El Espectador dedicó su portada del mismo día al desastre con el titular Estragos por erupción del Ruiz, y en los días siguientes continuó informando sobre las consecuencias: Y ahora, la naturaleza... y De Armero solo quedó el cementerio.

El diario Vanguardia reflejó el sentimiento nacional en su primera plana del 15 de noviembre con la frase: Más luto sobre Colombia.
La Patria de Manizales, el 14 de noviembre, publicó el siguiente titular en su portada: Nueva erupción del Ruíz. Borrasca del río Chinchiná arrastró puentes y casas.
A través de estos testimonios y coberturas, la tragedia de Armero quedó registrada como una de las mayores catástrofes naturales en la historia de Colombia, evidenciando tanto la magnitud del desastre como las respuestas (y omisiones) de las autoridades y la sociedad ante las señales de alerta.
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