
El avance de la guerra en el suroccidente de Colombia ha estado marcado en los últimos años por la irrupción de una figura clave en la estructura de las disidencias de las Farc: Jaime Aguilar Ramírez, alias Dionisio Rayo.
Este hombre, considerado el principal experto en explosivos y el cerebro detrás de la utilización de drones cargados con los mismos, transformó la capacidad operativa de los grupos armados ilegales, consolidando su influencia en el Bloque Occidental Jacobo Arenas bajo el mando de alias Iván Mordisco.
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Los inicios de Dionisio Rayo y su ascenso en las Farc
La trayectoria de “Dionisio Rayo” se remonta a 1995, cuando, con apenas 21 años, ingresó al Frente 26 de las Farc y se especializó en el manejo de explosivos. Su destreza lo llevó a convertirse en instructor en la escuela de explosivistas creada por alias Mono Jojoy durante la zona de distensión en el gobierno de Andrés Pastrana.
Posteriormente, en 2006, asumió la instrucción ideológica marxista-leninista del bloque oriental, bajo la dirección de alias Mauricio, el Médico, y fue nombrado asesor político de alias Zarco Aldinever.

El poder de Rayo no solo se ha cimentado en su experiencia técnica, también en su capacidad para articular alianzas y controlar economías ilegales. Según informes de inteligencia, el Cauca se convirtió en el eje financiero de las disidencias, canalizando recursos para la adquisición de armamento y tecnología, especialmente drones adaptados para ataques. Una fuente consultada por El Tiempo afirmó: “Prácticamente, el Cauca es el banco de las disidencias y es manejada por ‘Rayo’”.
La influencia de “Dionisio Rayo” se extiende a la coordinación de operaciones en el Cauca y el Valle del Cauca, donde ocupa el segundo lugar en la línea de mando del bloque. Su rol como articulador de diferentes estructuras le permite ordenar movimientos militares, definir alianzas con otros actores armados y mantener el control territorial frente al ELN y grupos de crimen organizado. Además, su posición lo convierte en un enlace directo con la cúpula de “Iván Mordisco” y en un referente para los mandos locales.
El peso del vínculo familiar
El vínculo familiar también marcó la historia de “Rayo”. Es hermano de Gerardo Aguilar Ramírez, alias César, que fue comandante del Frente Primero de las Farc y custodió a los 15 secuestrados liberados durante la Operación Jaque en 2008.
Tras ese episodio, “César” fue extraditado a Estados Unidos en 2009 por el secuestro de tres contratistas estadounidenses, lo que generó tensiones internas y llevó a “Dionisio Rayo” a apartarse temporalmente del mando.
Una fuente del medio citado relató: “Él le envía una carta a ‘Mono Jojoy’ y le dice: ‘Camarada, no acepto estas acusaciones contra mi hermano y yo no puedo seguir dirigiendo una estructura guerrillera’”.

El atentado contra Álvaro Uribe
En la primera semana de agosto de 2002, un grupo de guerrilleros coordinó un intento de atentado en Bogotá contra la Casa de Nariño durante la asunción presidencial de Álvaro Uribe, utilizando rampas con explosivos.
El operativo no logró el objetivo debido a fallas técnicas, y los explosivos impactaron en viviendas y calles cercanas, provocando 21 muertes y 59 heridos. Luego del fallido atentado, “Dionisio Rayo” abandonó la ciudad oculto en un vehículo y retornó a zonas selváticas del Meta, mientras las autoridades avanzaban en su identificación y en la investigación de los inmuebles usados para la planeación del ataque.
Capturas, disputas internas y reorganización del Bloque Occidental
La carrera de “Rayo” ha estado marcada por capturas, retornos y disputas internas. Tras entregar la jefatura del Frente 26, fue capturado, pero más tarde regresó a la organización, lo que provocó nuevas fricciones, especialmente con Alexander Díaz Mendoza, alias Calarcá.
La rivalidad entre “Calarcá” y “Mordisco” se agudizó en los últimos años, culminando en la reorganización del movimiento tras el pleno de 2023, donde “Rayo” fue fortalecido dentro del Bloque Occidental y “Calarcá” relegado a un segundo plano.
El episodio que marcó un punto de inflexión en la vida de “Dionisio Rayo” ocurrió en marzo de 2013, cuando fue capturado por la Dijín en una carretera entre Puerto Gaitán y Villavicencio. En ese momento, intentó identificarse con documentos falsos y ofreció un soborno a los agentes, pero fue detenido y señalado como integrante del Frente 53 de las Farc.
Las autoridades le recordaron la extradición de su hermano Germán Antonio Aguilar, alias Gafas, por el secuestro de contratistas estadounidenses y de la excandidata presidencial Ingrid Betancourt.

Durante su reclusión en la cárcel La Picota de Bogotá, “Rayo” se dedicó a estudiar nuevas técnicas de explosivos y siguió de cerca los avances de la mesa de negociación de paz en La Habana.
En 2018, se acogió a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), comprometiéndose a aportar a la verdad y reparar a las víctimas de los atentados que coordinó. Permaneció dos años en el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (Etcr) de Icononzo, Tolima, donde colaboró en la construcción de viviendas y dictó clases de electricidad para exguerrilleros.
El regreso a la lucha armada
El regreso a las armas se produjo en 2022, tras la salida de “Iván Márquez”, “El Paisa” y “Zarco Aldínever” del proceso de paz. “Rayo” volvió al Guaviare y se puso a las órdenes de Iván Mordisco, que nunca se acogió al acuerdo.
Su primera misión fue conformar un frente especializado en el lanzamiento de explosivos, instalación de campos minados y preparación de cargas para atacar a la población civil y la fuerza pública.
Un desmovilizado relató: “Por orden de alias Iván Mordisco, escogió a un grupo de jóvenes guerrilleros para integrar las nuevas fuerzas especiales, entrenadas en técnicas de pisas suaves, manejo de explosivos y francotiradores”.
La discreción ha sido una de las características de “Dionisio Rayo”. Aunque no figura en los carteles de los principales cabecillas, informes policiales lo consideran un objetivo de alto valor por los ingresos que aporta a “Mordisco”.
Un investigador de la Policía señaló a Cambio: “Algunas personas lo vieron caminar por Cali y Popayán sin levantar sospechas, cuando llegó para conformar las escuelas de explosivistas”.
Innovación en la guerra: drones con explosivos

La innovación más significativa impulsada por “Dionisio Rayo” fue la adaptación de drones para el lanzamiento de explosivos. Tras sobrevivir a un bombardeo militar en julio de 2022, instaló su escuela principal en las selvas de la región del Naya, en el Valle del Cauca, donde experimentó con la modificación de drones.
Un desmovilizado explicó a Cambio: “Al inicio, las primeras pruebas se realizaron con pequeños drones que levantaban bolsas de harina. Allí, ‘Rayo’ entendió que era necesario modificar la estructura de las aeronaves y fabricar granadas con materiales livianos para que pudieran ser transportadas”.
Las pruebas definitivas se realizaron a comienzos de 2023 contra tropas de la Tercera División del Ejército, sorprendidas por la caída de artefactos artesanales. Este método inauguró una nueva forma de guerra, otorgando ventaja a las disidencias.
El éxito de la estrategia llevó a “Iván Mordisco” a nombrar a “Rayo” como su principal cabecilla en el Cauca, desplazando a otros líderes como “Calarcá”, “Andrey Avendaño” y “John Mechas”.
La consolidación de “Rayo” como rector de las escuelas de formación en explosivos y drones se refleja en la creación de escuelas móviles en regiones como Catatumbo, Putumayo y Caquetá.
Allí se preparan ataques con drones y campos minados activados a distancia mediante teléfonos celulares. Un desmovilizado detalló a Cambio: “Cada frente debe consignar mensualmente entre 1.000 y 2.000 millones de pesos para comprar drones, explosivos y armas necesarias en la lucha contra la fuerza pública”.
El objetivo principal de las autoridades es la captura de “Dionisio Rayo”, considerado el cerebro de los drones y pieza clave en la estructura de “Iván Mordisco”. Según documentos de inteligencia, alias Giovanny, Zamora y Marlon son cabecillas que no solo brindan seguridad a Rayo, sino que ordenan a sus hombres recibir formación en la escuela de explosivos instalada en la región del Naya.
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