Lucía Tamayo reveló nuevos detalles del ataque con ácido que sufrió el 13 de noviembre de 2020. La joven, de 21 años, se dirigía a su trabajo en el sur de Bogotá cuando su expareja, Camilo Andrés Moreno, insistió en llevarla en moto. A pesar de sus dudas, accedió, pero al llegar a la zona de la General Santander, él se apartó con el pretexto de dejar unos insumos médicos, ya que trabajaba como enfermero en una IPS.
Mientras la joven esperaba, una llamada laboral la distrajo y fue en ese momento cuando una persona vestida de negro se acercó y le arrojó ácido al rostro: “Sentí como si me estuvieran quemando viva, como si mi cara se derritiera”, relató. El ataque no solo afectó su rostro, sino también su cuello y piernas, y la sustancia llegó a sus ojos, nariz y boca, provocando daños irreversibles.
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La joven reiteró en el pódcast Más allá del silencio que la agresión fue premeditada, pues había recibido amenazas de muerte días antes y, según su testimonio, el ataque fue ejecutado por Ingrid Parra, en complicidad con Paola Andrea Moreno, hermana de Camilo Andrés. Las cámaras de seguridad y la confesión parcial de Camilo Andrés permitieron reconstruir la autoría y la participación de las tres personas. “Él decía que solo se me tenía que quemar la epidermis”, recordó Lucía sobre la reacción de su agresor al ver la magnitud de las lesiones.
En cuanto a las agresoras, confirmó que “Las condenaron por lesiones personales con agente químico, aunque debió haber sido por tentativa de homicidio, pero, desafortunadamente, así es la ley aquí en Colombia. Hoy las dos están en la cárcel, pero no ha sido un impedimento para que me sigan haciendo daño”.

La víctima de ataque con ácido denunció falta de preparación en los centros médicos que atienden estos casos
En el Policlínico del Olaya, el personal intentó salvar sus córneas con la aplicación de vaselina, lo que reactivó el ácido y agravó las quemaduras. La joven fue remitida al Hospital Simón Bolívar, donde los especialistas le brindaron atención adecuada.
Asimismo, reiteró que permaneció hospitalizada casi un mes, en medio de la pandemia de COVID, y fue sometida a una cirugía de emergencia para retirar tejido dañado: “Me tuvieron que rapar la cabeza, aunque llevaba casco, estoy segura de que fue más ácido lo que me arrojaron”, explicó.
Del mismo modo, la víctima aseguró que el impacto psicológico del ataque fue devastador, pues tras conocer la gravedad de sus lesiones oculares, llegó a pedirle a Dios que la dejara morir si quedaba ciega. Sin embargo, tras cuatro días de hospitalización, experimentó una recuperación parcial de la visión, lo que interpretó como un milagro. Además, agregó que antes del ataque, ya había atravesado episodios depresivos y un intento de suicidio, pero el atentado la llevó a aferrarse a la vida y a buscar sentido en su testimonio.
Sobre Camilo Andrés, la investigación reveló que pagó aproximadamente $200.000 a su hermana y a Ingrid Parra para ejecutar el plan, supuestamente como represalia porque Lucía no quería retomar la relación. Posteriormente, se supo que Ingrid Parra también tenía sentimientos en contra de Lucía: “Nunca había visto a Ingrid Parra en mi vida. Ella fue quien me arrojó el ácido y también se quemó al hacerlo”, afirmó.
La víctima siente que el sistema de justicia le falló
Aunque las responsables fueron condenadas y encarceladas, la tipificación del delito como lesiones personales con agente químico, en lugar de tentativa de homicidio, no fue compartida por Lucía, que denunció que, incluso desde la cárcel, sus agresoras continuaron hostigándola. El miedo a represalias y la amenaza constante marcaron su proceso de recuperación: “Hubiera preferido que me mataran de una vez. Lo que él me hizo fue dejarme con un daño de por vida”.

La manipulación del agresor antes del ataque
La expareja de la joven y autor intelectual del ataque había alterado su desmaquillante con orina, provocándole una infección ocular, y había proporcionado a las cómplices detalles sobre su vestimenta y rutina para que no fallaran al arrojarle la sustancia química. La noche anterior al ataque, Lucía experimentó una fuerte ansiedad y presagios de peligro, pero no logró evitar el encuentro: “A veces el cuerpo le advierte a uno, pero uno no ve esas señales”, reflexionó.
Cabe mencionar que Camilo Andrés se suicidó antes de ser detenido y dejó una carta, en la que no incluyó una disculpa directa a Lucía, sino que se dirigió a su exsuegra, a la que consideraba como una figura materna: “En esa carta él dice que la familia fue la perdición completa de él, porque él se dejó llevar por ellos. Y que siempre me va a amar y que donde quiera que él va a estar”.
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