
En medio del extenso dosel amazónico del departamento del Putumayo, la muerte inesperada de tres ejemplares de primates (un aullador, un cariblanco y un araña) se transformó en la clave para detener uno de los brotes más graves de fiebre amarilla detectados recientemente en Colombia.
Tal como documentó la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS), este suceso permitió activar una red de vigilancia que logró contener la circulación del virus, gracias a la intervención oportuna y a la formación técnica previa de los equipos locales.
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Según detalló la OPS/OMS, la identificación simultánea de estos decesos en plena selva marcó un antes y un después en la forma de controlar la enfermedad.
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El sistema de salud local, apoyado por expertos nacionales e internacionales, no solo confirmó la presencia de fiebre amarilla mediante análisis de muestras en fauna silvestre, sino que movilizó de inmediato respuestas concretas: vacunación dirigida al personal ambiental, despliegue de vigilancia vectorial y un análisis riguroso del área donde emergió el foco.
La implementación de esta estrategia de monitoreo no surgió por azar. Wilder Pérez, funcionario del programa de enfermedades transmitidas por vectores y zoonosis de la Secretaría de Salud Departamental del Putumayo, explicó: “Gracias a lo aprendido sobre cómo tomar muestras adecuadas en primates, logramos detectar un brote de fiebre amarilla tras encontrar tres monos muertos simultáneamente. Sin ese conocimiento, los animales posiblemente habrían sido enterrados sin análisis, perdiendo una oportunidad crítica para actuar”. Esta declaración, recogida por la OPS/OMS y medios como Diario de Oriente y Mi Putumayo Noticias, ilustra cómo la capacitación previa fue determinante para evitar la expansión del brote.
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En efecto, la formación recibida por equipos regionales en Tolima meses antes, durante un curso sobre vigilancia epizoótica y vectorial, con apoyo de la OPS y bajo la iniciativa Potect del Fondo para Pandemias, sembró las capacidades esenciales para esta rápida reacción.
De acuerdo con la OPS, estos talleres incluyeron instrucción detallada en la toma segura de muestras de fauna silvestre y fortalecimiento de la coordinación intersectorial. “La capacitación nos permitió detectar un brote a tiempo”, recalcó Pérez, aludiendo al impacto de estas jornadas formativas.

Tras la señal de alarma en Putumayo, los equipos sanitarios aceleraron la vacunación entre el personal expuesto, desarrollaron estudios entomológicos del área y evaluaron la extensión del virus en humanos y primates.
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De manera inmediata, emergió una intervención integral que, de acuerdo con la OPS, permitió confirmar la presencia viral y actuar antes de que la infección alcanzara ámbitos urbanos. Este enfoque forma parte de una estrategia de “Una sola salud”, que articula vigilancia ambiental, animal y humana para contener brotes en regiones boscosas y de alta biodiversidad.
Desde finales de 2024 hasta el 28 de junio de 2025, Colombia ha reportado 114 casos humanos confirmados de fiebre amarilla, de los cuales 49 personas han fallecido, lo que sitúa la tasa de letalidad en un 42.9%.
En paralelo, también se han registrado al menos 56 muertes de primates no humanos atribuidas al virus, según cifras recogidas en el balance epidemiológico de la OPS/OMS. Este panorama resalta a Tolima, Putumayo, Nariño, Caquetá y Meta como los departamentos más afectados.
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La experiencia adquirida en Tolima sobresale por la gravedad y novedad del brote, pues en este departamento no se reportaban casos humanos en más de un siglo.
Según la OPS, solo Tolima sumó 95 confirmaciones y 35 decesos en el periodo reciente, concentrados en áreas rurales colindantes al Parque Natural Regional Bosque de Galilea, una franja selvática donde conviven humanos, primates y mosquitos vectores del virus.

La vigilancia epizoótica allí brindó aprendizajes únicos, promoviendo una mejor transferencia de conocimientos y acciones de salud pública, como explicó Mauricio Vera, de la Subdirección de Enfermedades Transmisibles del Ministerio de Salud y Protección Social de Colombia: “Este tipo de experiencias fortalece la transferencia de conocimientos entre regiones, estandariza procesos y permite diseñar intervenciones oportunas”.
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Los talleres, celebrados en Mocoa, Putumayo, integraron la participación de profesionales de más de diez territorios, con ejercicios prácticos para la recolección de muestras, vigilancia de mosquitos y refuerzo de los protocolos de bioseguridad, incluidos simulacros con ejemplares fallecidos en el Centro de Educación Ambiental de Mocoa.
Según la OPS/OMS, estos procedimientos ayudan a detectar rápidamente focos y disminuyen el riesgo de expansión del virus a zonas urbanas o densamente pobladas.
Las acciones en Colombia se enmarcan en un desafío regional. De acuerdo con la OPS, durante lo que va de 2025, países como Bolivia, Brasil, Ecuador y Perú también han confirmado brotes de fiebre amarilla, todos asociados al ciclo silvestre y a la transmisión mediante mosquitos que han infectado previamente a primates.
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La tasa de letalidad en la región estadounidense se aproxima al 41%. Una particularidad alarmante es la detección de casos fuera de áreas consideradas tradicionalmente endémicas, como sucedió en Tolima (Colombia) y en el estado de São Paulo (Brasil), lo cual requiere una expansión de la vigilancia sanitaria en territorios usualmente exentos de estos eventos.
La OPS/OMS hizo un llamado urgente a los países del área para mantener activa la observación epidemiológica, promover campañas de vacunación en zonas de riesgo y responder sin demora ante señales tan concretas como el hallazgo de monos silvestres muertos.
En opinión de Mayra Alejandra Vargas, del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia, la protección de los ecosistemas es fundamental para la salud colectiva. “Mientras no exista bienestar ecosistémico, no habrá bienestar para la salud humana. Los primates, que hoy son los más afectados, están estrechamente relacionados con nosotros. Lo que los pone en riesgo a ellos, nos pone en riesgo a nosotros también”, afirmó la funcionaria durante una sesión de trabajo compartida con la OPS/OMS.
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