
Uno de los 91 colombianos que llegaron en el primer vuelo con deportados desde Estados Unidos tras el inicio de las deportaciones masivas de la administración Trump fue la contadora de profesión y creadora de contenido Andrea Torres.
A dos meses y medio de su regreso a Colombia, detalló en entrevista para el diario El Tiempo lo difícil que fue llegar a la frontera de Juárez con El Paso, Texas, y luego iniciar de ceros, nuevamente, en su natal Colombia.
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Oriunda del Caquetá, Torres consiguió un empleo en Medellín, pero lo perdió en la pandemia, al igual que 2,4 millones de colombianos.
“En mi estadía en Medellín, muchas personas me preguntaban de qué región era y cuando les decía que era el departamento del Caquetá, había una esquematización porque creen que en Caquetá solamente hay guerrilla”.
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Entonces, regresó a casa de su madre y con el poco dinero que tenía en la cuenta, le dio un vuelco a su vida, incursionando en la creación de contenido, mientras el mundo se refugiaba del covid.

Según detallo en conversaciones con el medio citado: “Con la liquidación de mi trabajo, viajé por Caquetá. Le echaba gasolina a mi moto y me iba para una cascada, río… Grababa, editaba en el computador con un software crakeado, porque no me alcanzaba para un programa profesional, y subía los videos a redes de forma muy espontánea”.
Decidida a transformar la imagen del Caquetá que, en Medellín, la sentenció a recibir comentarios negativos sobre el departamento, Torres empezó a compartir en redes las maravillas naturales de su lugar de origen y, al acabar, siguió viajando por Colombia, hasta conocer 18 de los 32 departamentos.
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En algún punto se le acabó el dinero y, aunque podría regresar a casa, vio como su sueño de facturar con redes se fue desmoronando:
“Lo único que me salvaba era que estaba en la casa de mi mamá, gracias a Dios, ella siempre me dio la mano. Me liberaba del pago de arriendo, de los servicios, pero debía pagar el internet, la gasolina de la moto y otros”.
Entonces, recordó que en ella siempre había estado “la intención de querer migrar. Siempre había deseado hacerlo de manera legal. No lo había considerado hacerlo en la manera en como lo hice”.
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Estuvo revisando opciones y por los tiempos de espera y su presupuesto apretado, creyó que lo más fácil sería viajar a Ciudad de México y, desde allí, solicitar una cita en cualquiera de los ocho puntos fronterizos con México, a través del aplicativo CBP One.
“Esperé un mes y medio la cita por CBP One, pero no había. Como ya había hecho la mitad del viaje hasta México, decidí ir a la frontera, el tramo final, pagando los servicios de un coyote”, recordó, algo avergonzada en su entrevista con El Tiempo.
Cruzó por El Paso el 19 de enero –el día anterior a la posesión de Trump– y al encontrarse con los oficiales de migración se entregó, sin saber que una de las primeras órdenes ejecutivas que el nuevo mandatario firmaría pondría punto final a las citas otorgadas por el CBP One.
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“Nosotros no podíamos ver noticias allá en la caja. No sabíamos que Trump iba a limitar el asilo. Si hubiéramos sabido eso, pues no hacíamos todo ese recorrido para entregarnos ¿Para qué?”.

En su lugar, junto a otros migrantes irregulares, Torres fue enviada a “las famosas carpas blancas, unas carpas inmensas, en las que no se veía el sol. Allá uno se enteraba si era de noche o día porque había un reloj en la pared (…) En las carpas había unas cajas, así lo llamo yo porque no tenían barrotes. Eran cajas de ocho por ocho metros”.
Durante ocho días pensó que podrían escucharla y concederle el asilo, pero, en la madrugada del 28 de enero, le entregaron sus documentos y la subieron al avión de la FAC que trajo a los primeros colombianos deportados de la administración Trump al país.
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Entonces, el Gobierno Nacional prometió ayudas y acompañamiento a los repatriados, pero nunca llegaron o, al menos no en el caso de Torres: “Me he enterado por redes sociales, pero no nos han llamado para notificarnos”.
De nuevo en Colombia, se vinculó a un medio de comunicación regional y lo único que busca es olvidar esta experiencia marga y rehacer su vida en Colombia “Uno debería decir, en el lugar del sueño americano, el sueño colombiano. Solo hasta cuando uno sale, valora el lugar de donde viene. Y si estamos otra vez en Colombia, hay que aprovechar la oportunidad para crear cosas diferentes, pero si salimos del país, fue porque estábamos buscando una oportunidad. Es fácil para las personas, detrás de un celular, criticarnos y decir que hicimos todo mal”.
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