
La noche del jueves 27 de febrero de 2025, prometía ser inolvidable para miles de fanáticos de Shakira que, con entusiasmo y largas filas, llenaron las graderías del estadio El Campín de Bogotá.
Desde las primeras horas de la tarde, el ambiente festivo se sentía en cada rincón de la ciudad, mientras las calles y el transporte público se abarrotaban de personas que llevaban camisetas, gorras y carteles en honor a la barranquillera.
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Sin embargo, en medio del éxito rotundo del concierto, también se vivieron historias de desilusión y engaño. Una de ellas fue la de Erika Vera, una joven que, a través de TikTok, compartió su amarga experiencia tras haber sido engañada por una mujer que nunca apareció con la boleta prometida.
Una búsqueda llena de ilusión
Erika Vera, que a través de sus videos se describió como gran admiradora de Shakira, contó que desde que se anunció la fecha del concierto había intentado comprar un boleto, pero se le hizo imposible adquirirlo en la venta oficial.
Sin rendirse, optó por buscar opciones de reventa o de personas que, por algún motivo, no pudieran asistir al evento: “Me esperé un tiempo y pensé que, de pronto, alguien no podría ir de última hora”.
Así comenzó a contactar varias cuentas en redes sociales que ofrecían entradas; sin embargo, se topó con precios irrisorios o situaciones sospechosas.
Decidida a no perder el dinero y, sobre todo, su ilusión, Erika Vera pidió videollamadas y comprobaciones para cerciorarse de que la transacción fuera legítima.
A pesar de su cautela, no consiguió cerrar un trato que le inspirara la confianza suficiente y fue hasta la mañana del mismo jueves 27 cuando, por fin, una persona que se identificó como Paola le escribió y aseguró tener una boleta para la ubicación de norte baja disponible.
La promesa de la compra cara a cara
La presunta vendedora propuso concretar la venta en las cercanías del estadio, argumentando que prefería hacer el intercambio “cara a cara” para que ambas partes se sintieran seguras.
También explicó que debía dejar a su hija con alguien que pudiera cuidarla y que llegaría “pasadas las 9:00 de la noche” al lugar.
Este detalle, lejos de alertar a Erika Vera, le brindó más tranquilidad, pues le pareció lógico que la mujer tuviera responsabilidades familiares.
Erika señaló que incluso intercambiaron mensajes de voz y breves videos, donde la supuesta vendedora se mostraba “ocupada en una reunión”.
Esa prueba audiovisual le infundió más confianza, ya que vio a Paola desenvolviéndose en un entorno laboral relacionado con el sector digital, el mismo en el que trabaja Erika, por lo que sintió que, por fin, las piezas encajaban.
La lluvia y la espera interminable
Salió de su trabajo cerca de las 7:00 p. m. y, en medio de un aguacero que amenazaba con alargarse, llegó hasta El Campín.
Vestida con un poncho, dispuesta a no arruinar ni su atuendo ni su ánimo, estuvo deambulando en busca del acceso a “norte baja”, tal como le habían indicado.
Para orientarse, tomó fotos del mapa del estadio y se las envió a la presunta vendedora, asegurándole que la esperaría en el punto acordado, pero los minutos pasaban y los mensajes de Erika solo recibían silencio.
A las 8:20 p. m. ya estaba en la esquina pautada, sin rastro alguno de Paola. Según relató, trató de justificarse pensando que su contacto habría encontrado dificultades para desplazarse con la niña o, tal vez, se le había presentado un contratiempo. Lo cierto es que, a pesar de su optimismo, el tiempo corría y el concierto se acercaba a su inicio.
El inicio del concierto y la desilusión
Cuando pasaban las 9:45 p. m., los gritos de euforia en el interior de El Campín le confirmaron a Erika Vera que Shakira ya estaba sobre el escenario, pero no había señal de la mujer con la boleta.
Otros revendedores, parejas discutiendo e incluso algunas riñas menores conformaban el panorama fuera del estadio, por lo que Erika Vera, en medio de la multitud, fue consciente de que la oportunidad de ver a su ídolo se esfumaba.
Las luces, la música y los vítores de los afortunados asistentes solo acrecentaban la sensación de haber sido engañada.
Desilusionada, decidió marcharse a su casa, convencida de que la supuesta vendedora la había dejado plantada sin explicación alguna.
Horas más tarde, al revisar las redes, comprobó que la cuenta de Paola se había vuelto privada, y ya no tenía forma de comunicarse con ella.
“Ojalá haya disfrutado el concierto, si es que logró entrar, pero esto no se le hace a nadie”, afirmó Erika ante la cámara de su teléfono.
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