
El 25 de julio de 2024 se registró uno de los hechos más significativos de la lucha contra el narcotráfico a nivel mundial. Ismael Zambada García, conocido como El Mayo y que figuraba como uno de los líderes y cofundadores del Cartel de Sinaloa, fue capturado en El Paso, Texas, a tan solo unos kilómetros de territorio mexicano.
Existen versiones que indican que el narcotraficante pudo haberse entregado a las autoridades; sin embargo, hay quienes dicen que todo fue obra de Ovidio Guzmán López, uno de los hijos de Joaquín El Chapo Guzmán, que habría dado aviso a las autoridades norteamericanas sobre el paradero de quien fuera socio de su padre.
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La noticia causó furor a nivel mundial, teniendo en cuenta que Zambada llegó a ser uno de los narcotraficantes más poderosos en todo el planeta. Y es que, encabezando una estructura criminal tan sanguinaria como el Cartel de Sinaloa, las autoridades estadounidenses habían puesto sus ojos en él desde hacía décadas.
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No obstante, en medio de ese camino hacia el liderato del narcotráfico, por lo menos en México durante algunos años, El Mayo recibió la “ayuda” de algunos capos de la droga colombianos, quienes hicieron negocios con él incrementando su fortuna considerablemente.

Según señala Vorágine en una de sus más recientes investigaciones, el primero en establecer contacto con el mexicano fue el mismísimo Pablo Escobar, exjefe del Cartel de Medellín, que llegó a sostener alianzas con el Cartel de Guadalajara, del que El Mayo hacía parte, a mediados de los años 80.
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Tiempo después, Zambada se asociaría con Jorge Cifuentes Villa, un narcotraficante de origen antioqueño, que tendría cierta cercanía con el Cartel del Norte del Valle, una de las estructuras criminales más peligrosas que operó en el suroccidente del país en las décadas de los 80s, 90s e incluso 00s.
Incluso, recordó el mencionado medio, Cifuentes llegó a compartir una anécdota con El Mayo en la que estuvieron cerca de ser detenidos por el Ejército mexicano; de hecho, el mismo traficante colombiano habría tenido que agacharse y abrazar los pies de Zambada para no ser alcanzado por alguna de las balas de las autoridades del país norteamericano mientras que se movilizaban en una avioneta.
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Así las cosas, para finales de los 80s, El Mayo habría empezado a trabajar de la mano con Juan Carlos Ramírez Abadía, alias Chupeta, que era uno de los jefes máximos del Cartel del Norte del Valle.

Básicamente, el papel de Chupeta, así como del resto de narcotraficantes de la estructura criminal, era mandar los aviones llenos de cocaína hasta territorio mexicano, donde los entonces integrantes del Cartel de Sinaloa la recibían y distribuían hacia los Estados Unidos. Por ejemplo, Ramírez Abadía contó a la Fiscalía colombiana en 1996 que, para ese entonces, había llegado a enviar a El Mayo y sus secuaces, más de 200.000 kilos de cocaína.
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Y es que el papel de Chupeta fue muy importante en el ascenso de Zambada; por ejemplo, relataron desde el mismo medio, el colombiano se reunió con él y con El Chapo Guzmán en una cárcel de Ciudad de México, encuentro del que también habría participado El Azul, otro de los pesos pesados del Cartel de Sinaloa.

El Mayo y sus vínculos con paramilitares
Otro de los colombianos con los que habría sostenido contacto fue José Germán Senna, alias Nico, uno de los exjefes paramilitares del Bloque Central Bolívar. Este criminal llegó incluso a poner dos de sus hombres de mayor confianza, como lo eran Macaco y Memo Fantasma, a disposición del mexicano.
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Desde el Cartel de Sinaloa habrían enviado a varios de sus hombres hasta Montería o Caucasia (Antioquia), para que se reunieran con los paramilitares con el fin de concretar negocios relacionados con el narcotráfico.

Así las cosas, tras la caída del auge de las AUC en el territorio nacional, El Mayo comenzó a sostener vínculos con las disidencias de las Farc, una de las estructuras criminales con mayor operación en el país desde hace varios meses.
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Lo que hacía Zambada era enviar a algunos de sus emisarios hacia sectores en el país donde operaran las disidencias y que fueran ellos los que negociaran directamente con el grupo criminal. Dentro de estos estaban la Segunda Marquetalia, el frente Oliver Sinisterra, entre otras facciones de la estructura armada.
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