
En los recientes operativos antidelincuenciales realizados en Bogotá, las autoridades desmantelaron una vivienda que funcionaba como templo de santería utilizado por las bandas criminales para “proteger” sus actividades ilícitas, entre ellas sicariatos y extorsiones, revelando una vez más la insólita intersección entre el crimen organizado y las prácticas esotéricas.
Durante una megaoperación en la localidad de Suba, fueron capturados 30 individuos vinculados a la organización delictiva conocida como Los Galera, la cual frecuentaba este lugar para realizar rituales y “bendecir” sus armas antes de cometer delitos en la capital colombiana.
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Este descubrimiento aviva la preocupación sobre cómo las creencias en rituales santeros están siendo integradas en los mecanismos operativos de bandas delictivas que operan en Bogotá.
En el lugar del allanamiento se encontraron un total de tres altares con una amplia variedad de figuras asociadas a santidades de origen mexicano y venezolano, incluida la ‘Santa Muerte’. Los espacios usados para prácticas asociadas con protección espiritual en contextos criminales fueron destruidos.
Con base en las investigaciones de inteligencia, se evidenció esta conexión en el pasado, citando el caso específico de una mujer santera que condujo a la ubicación de un notorio líder criminal, Pedrito, asociado con alias Satanás. Inclusive, material probatorio que se recopiló contra Aderbis Segundo Pirela Pirela, una fuente humana reveló que este empleaba rituales santeros para realizar homicidios e infligir dolor a sus víctimas, lo cual refleja la profundidad de esta fusión entre crimen y prácticas rituales.

Asimismo, en una habitación del hotel Potrillos, ubicado en la localidad de Kennedy, alias Pedrito realizaba rituales para rendirle culto a ‘Jesús Malverde’, un conocido narco de México que posteriormente fue considerado “santo” entre narcotraficantes y sicarios en Latinoamérica, donde se utilizaban velas de colores y ofrendas como parte de los ritos previos a cometer delitos.
“Ellos le colocan velas rojas cuando van a sicariar, le ponen velas negras cuando ya están listos para matar y frutas para cuando el trabajo está hecho y quieren agradecerle a su santo por la ayuda con el trabajo criminal”, quedó consignado en el informe de perfilamiento criminal expuesto por El Tiempo.
Sin lugar a duda, estos revelamientos dan muestra de un sombrío panorama de cómo se entrelazan creencias espirituales con actos de violencia y crimen en la capital colombiana, planteando nuevos desafíos para las autoridades en su lucha contra el crimen organizado.
La utilización de tácticas de tortura inspiradas en consejos de entidades espirituales, y la similitud entre casos de homicidios ritualísticos observados entre 2022 y 2023, sugieren patrones consistentes en las prácticas homicidas revestidas de ritualidad por parte de los criminales en Bogotá.
Megatomas en la capital colombiana

El anterior hallazgo se dio en el desarrollo del plan de seguridad, conocido como Plan Bogotá Camina Segura, con el objetivo de enfrentar y mitigar flagelos delincuenciales que han afectado a la ciudad. Este programa está liderado por la Policía Metropolitana de Bogotá en colaboración con la Secretaría de Seguridad, Ejército Nacional y la Fiscalía, incorporando 12 estrategias específicas para combatir la criminalidad.
Entre las medidas adoptadas se destacan los recientes megaoperativos en localidades como Usme, Ciudad Bolívar, Usaquén, Kennedy y Bosa, enfocados en desmantelar organizaciones criminales.
Como resultado de esas operaciones se dio la captura y desarticulación de bandas peligrosas, dedicadas a actividades como el tráfico de estupefacientes, la venta ilegal de terrenos, sicariato, extorsión y robo. Las autoridades emplearon una serie de técnicas de investigación avanzadas, incluyendo la vigilancia encubierta y la interceptación de comunicaciones, para identificar y arrestar a miembros de grupos delictivos entre los que se encuentran Los inquietos, Alameda y Los Marcadores.
Estadísticas recientes revelan signos de progreso, con una reducción notable en ciertos tipos de crímenes. Los homicidios registraron una bajada del 8% y el hurto a personas vio una disminución del 26%, junto con una marcada caída en el hurto de celulares y robos a comercios, residencias y automotores. Sin embargo, se observó un aumento en delitos como el sicariato y la extorsión, este último considerado ahora el principal desafío para las autoridades.
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