
Cárteles mexicanos están formando unidades de élite con exmilitares colombianos, revelan fuentes de inteligencia militar y exoficiales, quienes indican que estos grupos buscarían actuar con una mayor fuerza letal en el enfrentamiento contra facciones rivales en México. Esta investigación fue realizada por la Revista Proceso de México.
Este reclutamiento se hace evidente con la incorporación de personal versado en diversas áreas de combate, incluyendo francotiradores y expertos en explosivos, con el fin de fortalecer sus operaciones en diferentes regiones del país.
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Los adeptos a estas unidades, en su mayoría retirados del Ejército colombiano y con aproximadamente 40 años de edad, aportan un amplio abanico de habilidades especializadas.
Estas incluyen instructores de fuerzas especiales, comandos de operaciones urbanas, guías caninos, enfermeros, explosivistas y “pilotos” de drones.

Con dos décadas de servicio, estos individuos han estado en primera línea de combate contra grupos armados irregulares y estructuras del narcotráfico en Colombia, aportando una experiencia vital para los intereses de los cárteles en México.
La influencia de estos expertos militares en las estrategias de los cárteles mexicanos es doblemente beneficiosa según las fuentes: no solo mejoran la capacidad de combate de estos grupos al incorporar soldados altamente capacitados, sino que también elevan el nivel de entrenamiento de sus miembros.
¿Cuáles son las organizaciones que más reclutan en Colombia?
Entre las organizaciones mencionadas que más se benefician de esta práctica se encuentran el Cártel de Sinaloa (CDS), el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), La Familia Michoacana y los Caballeros Templarios. Esta estrategia de reclutamiento destaca la creciente sofisticación y militarización del conflicto entre cárteles en México.

Las repercusiones de esta dinámica son profundas tanto para la seguridad en México como para las relaciones internacionales en la región, teniendo en cuenta el trasfondo y la experiencia de los exmilitares colombianos en conflictos armados.
La presencia de estos veteranos de guerra en filas de organizaciones criminales pone de manifiesto un nivel de profesionalización y táctica que podría intensificar aun más la violencia y la complejidad del narcotráfico y la lucha por el poder territorial en México.
El Cartel de Sinaloa y el Chapo Guzmán Jr. hacen presencia en Colombia
El narcotráfico ha representado un problema global desde los años 80, con Colombia y México como puntos neurálgicos de esta actividad ilícita. En el país sudamericano, Pablo Escobar, líder del Cartel de Medellín, marcó la historia, mientras que, en México, Miguel Ángel Félix Gallardo y posteriormente Joaquín “El Chapo” Guzmán fueron figuras clave.

El Cartel de Sinaloa, bajo la dirección de Guzmán, extendió sus operaciones más allá, llegando a tener presencia en 54 países, incluyendo Colombia, según informes de la Administración de Control de Drogas (DEA).
La influencia de Guzmán en Colombia se hizo más palpable en 2009, cuando su organización consolidó operaciones en el país. Sin embargo, su captura no ha terminado con la presencia de liderazgos mexicanos en Colombia, como lo demuestra la actividad de Los Chapitos e Ismael “El Mayo” Zambada.
Investigaciones revelan que estos grupos han mantenido operaciones en el país sudamericano, incluso estableciendo alianzas estratégicas para fortalecer su presencia en importantes puertos como Barranquilla, Cartagena y Santa Marta.
La expansión del Cartel de Sinaloa no solo implicó una extensa red de narcotráfico sino también inversiones en fútbol amateur y propiedades en Colombia, lo que incluye ranchos, residencias, hoteles y oficinas.
Estas operaciones facilitaron el asentamiento de importantes figuras del narcotráfico en el territorio colombiano. Según el libro “El Último Narco: El Chapo” de Malcolm Beith, autoridades colombianas tomaron medidas significativas contra estas actividades, incluyendo allanamientos de propiedades vinculadas a esta red criminal.

A pesar de los esfuerzos por desmantelar la infraestructura del Cartel de Sinaloa en Colombia, la continuidad de operaciones ilícitas por parte de Los Chapitos y El Mayo Zambada sugiere que la lucha contra el narcotráfico sigue siendo un desafío significativo.
La presencia de Jesús Alfredo Guzmán Salazar, alias Alfredillo, en Colombia y sus inversiones para ganar apoyo local, destacan el profundo impacto y la persistente influencia de estos grupos en la región.
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