
Cansada de encontrarse con la misma situación en Transmilenio, una y otra vez, la bogotana Kimberly Reyes denunció a través de sus redes sociales que adultos estarían aprovechándose de su edad o inventando falsas excusas para quedarse con las sillas azules de Transmilenio.
Según comentó en un video que está a punto de alcanzar el millón de interacción en la plataforma de entretenimiento TikTok, entrado febrero presenció lo que, para ella, es una de las “peleas más absurdas y es pelearse por una silla en Transmilenio, pero, les adelanto. Estoy a favor del pelao’ joven. Cuando yo estaba en la universidad y trabajaba; es decir, cuando salía de mi casa a las 5:30 y llegaba a las 11:00 de la noche, todos los días, aprovechaba esa hora del trabajo a la universidad para dormir en los Sitp”.
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Sin ser ajenas a esta situación, pues cuando era estudiante vivió en carne propia el que una persona, sin ser de la tercera edad, la hiciera levantar para tomar su asiento, cuando “la verdad, es que ese sueñito es muy importante porque, de verdad, funciona para uno poder seguir estudiando como si nada. Sin embargo, recuerdo un día en el que iba en una silla roja, ni siquiera era una silla azul, e iba dormida, cuando de la nada siento que me tocaron el hombre y me gritaron: ‘Niña, niña, despiértese’”.
Dudó en entregarle la silla, ya que no parecía tener limitaciones de movilidad ni la edad suficiente como para verse en problemas para hacer el viaje de pie y no sentada:
“Cuando abrí los ojos vi a una señora a la que le pongo, no sé, máximo 37 o 40 años. Me dijo que estaba muy enferma y me pidió la silla. La verdad es que, si ustedes me preguntan, no la quería ceder, me hubiera gustado seguir durmiendo, pero pensé que la señora podía estar muy enferma y yo apenas tenía 19 años”.
Decidió creer en su historia, pero no pasó mucho antes de que notara sus verdaderas intenciones y la “triquiñuela” que utilizaría a diario para no tener que ir parada mientras llega a su casa.
“Me quedé de pie frente a ella (en el trayecto a la universidad) y vi cómo ella empezó a chatear. Y, sí, soy chismosa, entonces empecé a leer su conversación y me di cuenta de que le dijo al novio lo siguiente: amor, ya voy para la casa... cogí silla porque me funcionó lo de siempre, ya tú sabes, decir que estoy enferma. Y terminó la frase riéndose”.
No logró contenerse y le preguntó: “¿Señora, de verdad ustde siempre finge que está enferma para que le cedan una silla?” y ella, sin vergüenza alguna le contestó “Obviamente estoy enferma ¿No me ve? Y se rio en mi cara”.
Según el Manual del Usuario, de Transmilenio “todas las sillas (sin importar su color) son de uso prioritario para mujeres gestantes, personas mayores, adultos con niños de brazos, niños menores de 7 años y personas con discapacidad o movilidad reducida”, pero, bajo ninguna circunstancia, prohíbe que las sillas preferenciales sea utilizadas por otras personas, cuando el bus lleva asientos vacíos.

“Si me preguntan a mí, yo siento que no todas las personas jóvenes tienen que ceder sus sillas, porque uno no sabe el trajín que llevan, por más jóvenes que sean. Y aquí va la historia de hoy: yo me subo en la primera parada del Transmilenio, entonces, siempre los que están esperando logran coger una silla, pero las rojas se llenaron y un pelao’ (que seguía de pie) vio que las azules quedaron desocupadas, entonces decidió sentarse y en el camino se quedó dormido”, relató Kimberly.
Al sentarse, nadie necesitaba el asiento e, incluso, luego de algunas paradas ninguna persona en condición de discapacidad o con movilidad reducida solicitó una silla:
“No sé en qué parada, pero se subió una señora de 45 años, aproximadamente, y solamente volteó a mirar al muchacho y dijo: yo no puedo creer que la juventud (los jóvenes) se hagan los dormidos y roben las sillas de nosotros (los mayores)”.
Y es que, a simple vista, parecía tratarse de una situación similar a la suya, debido a que la mujer pretendía tomar el asiento solo por ser mayor, aunque no lo suficiente como para necesitarla: “¿De verdad despertó al pelao’ que, de pronto, iba cansado, solo porque ella necesitaba esa silla porque era mayor? Esa era su única excusa, pero empezó a pelear de una manera”.
El joven le contestó que, al momento se subirse, las sillas azules estaban vacías y ella le respondió que jamás podía utilizar los asientos preferenciales porque era joven. Pero Kimberly no dudó en dar su opinión al respecto: “Las sillas se usan y se ceden cuando sea necesario, pero en este caso no lo era”.
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