(Getty)
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El agricultor brasileño Francisco Cesar Di Giacomo cuando inspecciona sus campos, arranca una vaina –una envoltura tierna y alargada en la que están encerradas en hilera las semillas de algunas plantas- de un cafetal cercano. La abre con un cortaplumas. Señala la fina cáscara: una señal de que las semillas en su interior serán gordas y robustas.

Aquí en el sur de Minas Gerais, el estado montañoso situado en el corazón del cinturón cafetero de la nación, hay una creciente evidencia de que la inminente cosecha será enorme.

Di Giacomo, que dirige dos granjas arábicas con un área combinada que abarca 130 hectáreas en el municipio de Sao Goncalo do Sapucai, espera una cosecha de 3,200 bolsas, cada una de 60 kilos. Eso sería un tercio más que el año pasado. Además, ha colacado nuevas plantas recientemente, por lo que espera una cosecha de 5,000 bolsas en 2019.

Las perspectivas de una gran cosecha fueron compartidas por agricultores y comerciantes durante una encuesta de campo que abarcó cuatro días y más de 5,000 kilómetros en toda la región. Después de años de precios internos más altos, los agricultores bien financiados han invertido generosamente en sus plantaciones. Las lluvias durante el verano ayudaron al desarrollo de las semillas y las plantas ahora se ven verdes y exuberantes.

Brasil es el mayor productor y exportador del mundo de granos de arábica, que son muy apreciados. Los productores de Minas Gerais son optimistas para la temporada 2018 ya que la agencia gubernamental de pronósticos de cosechas, Conab, dijo que la producción total de café del país, que también incluye la variedad robusta, podría subir hasta un 30 por ciento, un récord este año.

La perspectiva del suministro pone de manifiesto por qué el café es uno de los peores elementos en el índice de productos básicos de Bloomberg en este último año. Los precios de arábica han caído un 15 por ciento en los últimos 12 meses situándose a USD 1.206 por libra (0.45 kilos).

Los agricultores también se están posicionando con precios más bajos.

Las expectativas de disminución de Di Giacomo lo llevaron a vender todos los inventarios que tenía de su última cosecha, y ya ha comenzado las ventas de su cosecha de 2018. Si bien los precios que están buscando han bajado, sigue habiendo un margen de ganancia lo suficientemente bueno como para fijar los precios ya que sus costos son inferiores.

"Es imposible vender todos los años a precios altos", subraya Di Giacomo, de 54 años. "Es parte del juego", agrega.

Su apuesta podría dar frutos, ya que incluso los agricultores que tuvieron problemas este año se han visto sorprendidos por la resistencia de sus cultivos.

Tomemos el caso de Luiz Alberto Azevedo Levy, de 69 años, que es un productor de café de cuarta generación en el municipio de Machado. Algunos de los 1 millón de plantas de café que cultiva no recibieron agua de lluvia desde finales de enero hasta mediados de febrero y una falla eléctrica obstaculizó su sistema de riego.

Ahora espera recolectar entre 14,000 y 15,000 bolsas este año. Pero ha estado sorprendido por cultivos más grandes antes. Durante la última etapa de cultivos de alto rendimiento en 2016 terminó con 3,000 bolsas más de lo previsto.

"Es tan complejo estimar la cosecha de café que, en el campo, siempre hacemos apuestas para ver quién tiene razón", dijo el hijo de Levy, Luiz Alberto Azevedo Levy Jr.