Foto por Megan Koester
Foto por Megan Koester

El rollo body positive no sirve para nada si solo es positivo para según qué partes del cuerpo.

Ahora más que nunca, los cuerpos de mujer voluminosos son objeto de exaltación en los medios generalistas. En 2016, Sports Illustrated mostró en su portada a la modelo de tallas grandes Ashley Graham, un gesto muy celebrado por otros medios. Recientemente, la misma revista eligió como chica de portada a la popular modelo Hunter McGrady. Dove lleva ya tiempo apoyando la visibilización de los cuerpos "reales" en sus campañas publicitarias, iniciativa a la que se han sumado otras marcas, como Lane Bryant y Aerie.

Hoy día es imposible repasar Instagram sin recibir un aluvión de publicaciones en las que se sexualizan las curvas, la voluptuosidad, la obesidad o como quieras llamarla. En los comentarios de estas imágenes pueden verse hileras de emojis con corazones en los ojos y gotas de agua simbolizando eyaculaciones. Supongo que esto es por lo que luchábamos, ¿no? Y pese a ello, una tiene la sensación de que algo no está bien en todo esto. Me siento excluida de este tipo de positivismo porque prácticamente ninguna de las modelos que lo representan tiene algo que yo sí tengo: un vientre prominente.

Las mujeres que se exaltan en los anuncios que pretenden despertar conciencias y las campañas a favor de la diversidad suelen tener muslos grandes, figuras voluminosas, traseros prominentes y caderas anchas. Me parece muy bien, pero todavía estamos muy lejos de romper los cánones de belleza femeninos si no incluimos también la grasa concentrada en el vientre.

Es cierto que hay modelos de tallas grandes que tienen el vientre voluminoso, como Tess Holiday —proclamada la "primera supermodelo del mundo con la talla 53 (XXL)" en la portada de 2015 de la revista People—, pero son muchísimas más las modelos que lucen caderas anchas y abdominales marcados, lo que hace que, nuevamente, me sienta mal por no ser como ellas.

Yo siempre digo que tengo el cuerpo de "una embaraza de seis meses perpetua". Cuando esto me preocupaba, probé todo tipo de métodos para perder peso sin éxito. Mi familia también intentó ayudarme desesperadamente: para mi 18 cumpleaños, mi madre me suscribió a la cadena de gimnasios Curves pensando que me gustaría, lo cual no deja de ser irónico, puesto que mi físico está en gran medida determinado por la genética. Como la mayoría.

Yo siempre digo que tengo el cuerpo de “una embaraza de seis meses perpetua”. Cuando esto me preocupaba, probé todo tipo de métodos para perder peso sin éxito

Casi todas las mujeres de mi familia pertenecen al comité de las barrigas colgantes. Pese a todo, nunca he podido evitar culparme a mí misma por ello, y confieso que, incluso cuando empecé a aceptar mis curvas, lo único que deseaba en secreto que desapareciera era mi barriga, el albatros que tenía agarrado a mi cintura. Solo comía quinoa y col y aun así la grasa se negaba a desaparecer.

Seguía intentando esconder el vientre en las fotos. Incluso tenía modelitos perfectamente estudiados para ello. Además, me convencía a mí misma de que no había nada malo en ese comportamiento siempre y cuando me sintiera orgullosa del resto de mi cuerpo. A fin de cuentas, todos tenemos una parte de nuestro cuerpo que desearíamos poder cambiar, por muy seguros de nosotros mismos que estemos, ¿no?

Sin embargo, tras reflexionar al respecto, comprendí exactamente por qué odio mi vientre: era lo único que me diferenciaba de todo ese aluvión de imágenes de modelos XL que veía constantemente desde principios de esta década. Se suponía que debía aceptar mi cuerpo, y aun así sentía que no tenía el tipo de obesidad "correcto".

La psicóloga social y profesora de Estudios de Género en el Kenyon College de Ohio Sarah Murnen lleva 25 años estudiando la sexualización de la mujer. Según ella, el movimiento body positive realmente no ha servido para ensalzar los cuerpos obesos, sino que ha provocado que surja lo que ella llama "el ideal de la voluptuosidad", un cuerpo en el que la grasa está bien distribuida. "Todo se reduce a tener un cuerpo sexy", señala.

El problema radica en que estos cuerpos voluminosos a menudo se venden como un paso adelante en un proceso de evolución en la mujer y además siguen excluyendo físicos como el mío (y el de otras mujeres, también). Eso no significa que debamos dejar de dar visibilidad a esos cuerpos, teniendo en cuenta que llevamos demasiado tiempo teniendo como único referente de belleza los cuerpos casi esqueléticos.

Los habrá que piensen que sexualizar el vientre voluminoso de una mujer sigue siendo igual de problemático, pero creo que en este punto tenemos que hacer una reflexión más profunda sobre cómo diferenciar entre sexualización y empoderamiento

No estaría de más que hubiera más inclusividad, y esta debería de proceder de nosotras, las mujeres que no encajamos en ese molde de belleza XL. No podemos esperar que lo promuevan las empresas que intentan vender su producto o los medios en sus contenidos para sensibilizar a la población.

Los habrá que piensen que sexualizar el vientre voluminoso de una mujer sigue siendo igual de problemático, pero creo que en este punto tenemos que hacer una reflexión más profunda sobre cómo diferenciar entre sexualización y empoderamiento.

No podemos avergonzarnos de querer sentirnos deseadas y tampoco está mal querer llamar la atención desde el punto de vista sexual. Yo misma lo deseo todo el tiempo. Antes lo intentaba obligándome a encajar en el ideal de belleza XL. Me tapaba el vientre (y con él las estrías, la celulitis y el vello) porque me daba miedo la reacción de los hombres si lo vieran.

Eso no me hacía sentir empoderada, puesto que seguía cediendo el poder a los demás y a su opinión sobre mi cuerpo. Si realmente dependiera de mí, mi vientre habría sido la estrella del espectáculo. Ahora mi vientre prominente es libre. Ahora expongo mi cuerpo, mi barriga, todo.

Y me siento muy deseada, pero a mi manera. No puede importarme menos lo que la gente piense de mí. Si no te gusta lo que ves, no voy a intentar estar contigo, así que tu opinión es totalmente irrelevante.

No hace falta decir que hay gente con muy mala idea. Si algo he aprendido como mujer que dice claramente lo que piensa, es que habrá personas que te exigirán que pares y que harán lo posible por joderte. Pero si trabajamos unidas y nos apoyamos mutuamente, ensalzándonos unas a otras y mostrando nuestros cuerpos "no convencionales", la negatividad desaparecerá y todos nuestros cuerpos serán convencionales.

Publicado originalmente en VICE.com