El hombre que robó los órganos a sus víctimas y se arrancó los ojos

Illustration by Hannah Drossman for the Marshall Project
Illustration by Hannah Drossman for the Marshall Project

No hay duda de que Andre Thomas cometió crímenes horribles, pero ¿tuvo un juicio justo?

Han pasado 13 años desde que Andre Thomas, un hombre de raza negra completamente psicótico, fue sentenciado a muerte por haber asesinado a su esposa, una mujer blanca de la que se había separado, al hijo que tenían en común y a otro hijo de ella. Después, Thomas se asestó tres puñaladas y esperó a morir tumbado junto a sus víctimas. Al ver que no moría, arrancó los órganos a sus víctimas, se los metió en los bolsillos y caminó 8 kilómetros hasta la casa de su padre, en Texas, desde donde llamó por teléfono a Laura, la mujer a la que acababa de matar.

Cinco días después de confesar su crimen a la policía, Thomas decidió seguir al pie de la letra el consejo bíblico de Mateo: "Si tu ojo derecho te hace caer en pecado, sácatelo y deshazte de él". Y así lo hizo. Cuatro años después, tras conocer que había sido condenado a muerte, se arrancó el otro ojo y se lo comió.

“Su descenso hacia la locura empezó cuando tenía unos nueve años, edad a la que empezó a quejarse de los demonios y los ángeles que no paraban de discutir en su cabeza”

El estado de Texas siempre ha defendido que Thomas merecía la sentencia que se le impuso, pero el pasado jueves el Quinto Tribunal de Apelaciones de EUA requirió a la fiscalía y los abogados de la defensa que presentaran más evidencias y argumentos jurídicos sobre el fondo de dos asuntos relevantes en torno a la ley de la pena capital: el sesgo del jurado y las capacidades de los acusados en el momento de cometer un asesinato.

¿Estaba Thomas en condiciones para comparecer en un juicio? Inicialmente, todas las partes coincidieron en que no y se ordenó el ingreso de Thomas en un hospital psiquiátrico estatal. Pero siete semanas después, tras haberle suministrado altas dosis del fármaco antipsicótico Zyprexa, el equipo médico del centro dictaminó que Thomas ya estaba en disposición de sentarse en el banquillo. Según el diagnóstico de los médicos, la psicosis que sufría Thomas —y que ya había estado manifestándose desde hacía diez años antes de los asesinatos— no era orgánica, sino que se había "agudizado" debido al consumo de drogas y alcohol.

“Thomas intentó quitarse la vida en varias ocasiones y pasó muchos años sin recibir un tratamiento médico adecuado”

El caso de Thomas ha quedado muy bien narrado por Brandi Grissom en su artículo "Trouble in Mind" en marzo de 2013. Thomas era un niño inteligente y agradable al que le encantaba estudiar la Biblia y que se había criado en una familia con pocos recursos en Sherman (Texas). Su descenso hacia la locura empezó cuando tenía unos nueve años, edad a la que empezó a quejarse de los demonios y los ángeles que no paraban de discutir en su cabeza. A partir de entonces, sus problemas con la justicia fueron frecuentes. Thomas intentó quitarse la vida en varias ocasiones y pasó muchos años sin recibir un tratamiento médico adecuado y con el que tal vez podrían haberse evitado los fatídicos sucesos de marzo de 2004.

La cuestión sobre las capacidades volitivas de Thomas tiene un precedente reciente en la Corte Suprema estadounidense. En 2002, el tribunal prohibió la ejecución de acusados con discapacidad intelectual, decisión que consolidaron en 2014. En 2015, el mismo organismo prohibió la ejecución de asesinos menores de edad. En ambos casos, la mayoría de los miembros de la corte se centraron en el grado de culpabilidad y en la capacidad del acusado de entender la naturaleza del crimen que habían cometido o el significado de la pena capital como castigo. El Quinto Tribunal decidió dejar a un lado la cuestión de la enfermedad mental y la pena de muerte.

Thomas fue juzgado por un jurado formado íntegramente por personas blancas, de las cuales al menos tres manifestaron abiertamente su oposición a los matrimonios interraciales. Durante el proceso de selección del jurado, uno de los miembros les dijo a los abogados y el juez que "no deberían mezclarse los linajes de sangre". Otro de los miembros del jurado que sentenció a Thomas a muerte declaró que los hijos de una pareja interracial "no tendrían una raza concreta de la que pudieran sentir que forman parte". Un tercero aseguró que las relaciones interraciales eran "contrarias a la voluntad de Dios". El abogado del tribunal del juicio de Thomas en ningún momento se opuso a esas declaraciones ni las criticó.

Durante el alegato oral del martes en el Quinto Tribunal (que puede escucharse aquí), la actual abogada de Thomas, Catherine Carroll, señaló que, en estas circunstancias, la selección del jurado constituía un "error estructural" que hacía que el juicio y los veredictos que pudieran dictarse tras él fueran constitucionalmente deficientes. Carroll añadió que la corte estatal aplicó el criterio jurídico equivocado al ratificar la sentencia porque la ley no exige pruebas de que el veredicto del jurado hubiera estado motivado por un sesgo discriminatorio y racial intencionado. De hecho, apunta Carroll, existen antecedentes de un caso similar de 2006.

La fiscalía consideró que no era importante el sesgo racial en un caso de violencia de género

Los abogados del estado intentaron paliar el aspecto racial del caso alegando que no se trataba tanto de un crimen cometido en un matrimonio interracial, sino simplemente en un matrimonio en general, y que Thomas, al margen de su enfermedad mental, no fue capaz de aceptar que su mujer, Laura, le hubiera abandonado y se hubiera ido con otro hombre. "Un hombre negro mató a una mujer blanca, pero ese no es en absoluto el quid de la cuestión", dijo Fredericka Sargent, de la Fiscalía. "El señor Thomas mató a su esposa porque se negó a volver con él. No tenía nada que ver con la raza de ninguno de ellos ni con la de nadie más. Aquí estamos hablando de venganza y obsesión".

Pero, ¿no es eso irrelevante en un caso en el que el acusado sufría psicosis?, preguntó el juez Stephen Higginson.

Higginson señaló que, de tratarse realmente de un caso de prejuicios raciales por parte de los miembros del jurado, habría bastado con que la abogada de Thomas hubiese pedido a los miembros que fueran justos.

Los abogados de Thomas esperan que las declaraciones racistas hechas por los miembros del jurado sirvan para rebajarle la pena

Eso probablemente no sea suficiente, reconoce Sargent, y luego dijo a la comisión que, por muy sesgado que hubiera sido el veredicto del jurado, era todavía menos probable que los otros posibles candidatos hubieran dictado una sentencia más justa.

Entonces, ¿por qué, preguntaron los jueces, los abogados del tribunal no ejercieron su derecho de objeción para deshacerse de los miembros del jurado que mostraban esos prejuicios? Más adelante, Carroll dijo en el alegato, para recalcar este aspecto, que el juez que instruía el caso incluso sugirió que habría facilitado a la defensa la capacidad de rechazar miembros propuestos si hubiera sido necesario.

El momento más dramático del alegato se produjo más tarde, cuando el procurador se vio obligado a admitir que el estado de Texas había malinterpretado varios hechos clave respecto a las preguntas que se hicieron a esos miembros del jurado con prejuicios durante la selección. El sumario indicaba que el abogado del juicio de Thomas interrogó de forma exhaustiva a esos miembros del jurado, algo que no es cierto.

"Debo admitir que fue un error", confesó Sargent a la comisión.

"Un error muy importante", repuso el juez Leslie Southwick.

"Sí, su señoría", dijo Sargent.

"Y ¿por qué no lo corrigieron?, continuó el juez.

"Porque no me percaté hasta mucho después", replicó Sargent.

"Bueno, pues en el momento en que se percatara", insistió el juez.

"Le pido disculpas por ello", repuso Sargent.

"Es inexcusable. Me está diciendo que se dio cuenta y decidió no notificárnoslo", añadió el juez.

La cuestión del sesgo racial del jurado parece obvia a la luz de la reacción de la Corte Suprema a casos similares de prejuicios. El pasado marzo, en un caso en Colorado, la corte señaló que los jueces podrían haber investigado más a fondo las alegaciones sobre los prejuicios de los miembros del jurado. En enero, la corte dio la razón a un preso negro condenado a pena de muerte en Georgia por un jurado entre cuyos miembros había uno que había hecho comentarios racistas.

Los abogados de Thomas esperan que las declaraciones hechas por los miembros del jurado durante los interrogatorios preliminares sirvan para convencer al Quinto Tribunal de Apelaciones y se señale un nuevo juicio o se rebaje la pena.

Publicado originalmente en VICE.com