El peligro de comer placenta: advierten a las madres sobre las enfermedades

Por Amber Brenza; traducido por Álvaro García

Una placenta y un cordón umbilical humanos cocidos al vapor antes de deshidratarse. Raphaelle Picard/AFP/Getty Images
Una placenta y un cordón umbilical humanos cocidos al vapor antes de deshidratarse. Raphaelle Picard/AFP/Getty Images

Sin darse cuenta, una mujer de Oregon hizo que su recién nacido se enfermara gravemente.

Podríamos repasar la lista de mujeres famosas que lo han hecho —búscalas en Google si quieres; son predominantemente ricas y blancas— pero vamos al grano: Comer tu propia placenta (ese saco sangriento que expulsa tu cuerpo después de que el bebé sale de tu vagina) podría ser perjudicial para el recién nacido.

La noticia proviene del Informe Semanal de Morbilidad y Mortalidad de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (MMWR, por sus siglas en inglés), en el cual los médicos relatan el caso de una mujer de Portland, Oregon, que sin saberlo hizo que su bebé se enfermara después de tomar pastillas que contenían su propia placenta.

Poco después del nacimiento, en septiembre de 2016, el bebé comenzó a mostrar signos de dificultad respiratoria y finalmente fue admitido en el hospital con un caso de Streptococcus agalactiae grupo B de aparición tardía (SGB): básicamente una infección de estreptococo. El bebé fue enviado a casa después de 11 días de tratamiento, pero volvió al hospital cinco días después con la misma infección.

Tres días después de la segunda hospitalización del bebé, los médicos descubrieron que la madre, que estaba amamantando al bebé, había estado tomando pastillas de placenta. Había contratado a una compañía (conocida solamente como "compañía A") para encapsular su placenta con el fin de ingerirla. La madre había estado tomando las pastillas, que consistían en su placenta cortada y deshidratada, dos a la vez, tres veces al día.

Una partera prepara una placenta para encapsularla en su casa. Imagen: The Washington Post/ Getty Images
Una partera prepara una placenta para encapsularla en su casa. Imagen: The Washington Post/ Getty Images

Al probar las pastillas, los médicos encontraron la misma bacteria con la que habían diagnosticado al bebé. Los médicos le ordenaron a la madre que dejara de tomar las pastillas, y después de otros 14 días de tratamiento, enviaron al bebé a casa una vez más.

Aunque los investigadores no pueden descartar por completo la posibilidad de que otros familiares transmitieran la infección al bebé, dicen que lo más probable es que la bacteria contenida en las pastillas se transmitiera a través de la lactancia. Y de acuerdo con el informe de los CDC, es posible que la placenta no se procesara correctamente, debido a la falta de tiempo y de la temperatura requerida para matar todas las bacterias.

Pero incluso a través de un procesamiento "adecuado" —que no se aplica con rigor, ya que "no existen estándares para procesar la placenta para el consumo", según los CDC—, ingerir las pastillas de placenta o consumirla en un batido probablemente no harán nada por tu salud o la de tu bebé. Y debido a los riesgos, los autores concluyeron: "la ingestión de cápsulas de placenta debe evitarse".

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Para empezar, ha habido muy poca investigación sobre el tema de la placentofagia: la primera se realizó en 1954, en la cual 210 mujeres comieron su propia placenta. Según el estudio, "71 mujeres tuvieron resultados muy buenos, 110 tuvieron resultados adecuados y 29 resultados negativos"; pero esos "resultados" sólo hacían referencia al tamaño de los senos y la producción de leche. Ah, y esos hallazgos iniciales aún no han sido replicados.

Recientemente, investigadores de la Universidad Northwestern, en Illinois, revisaron diez estudios sobre el tema (cuatro humanos, seis animales) y no encontraron pruebas de que el consumo de placenta tuviera efectos positivos en la depresión, la lactancia, la vinculación afectiva entre madre e hijo, o el alivio del dolor (afirmaciones hechas por consumidores de placenta). Y un estudio de 2016 de la Universidad de Nevada, Las Vegas, encontró que la placenta encapsulada no tenía ningún efecto sobre los niveles de hierro postparto de una mujer en comparación con un placebo. Sharon Young, coautora del estudio de la UNLV, habló con la Associated Press sobre el nuevo informe de los CDC y dijo: "He escuchado a los médicos decir que no hay ningún beneficio en hacerlo, que no tiene sentido. Pero no recuerdo una sola declaración que critique con tanta fuerza su uso, de un médico o de cualquier otra persona".

En conclusión: ¿Comer tu placenta tiene beneficios? No. ¿Es dañino? Potencialmente. ¿Deberías hacerlo sólo porque las mujeres adineradas y otros mamíferos lo hacen? Absolutamente no.

Publicado originalmente en VICE.com