
"Todas las opciones están sobre la mesa". Una y otra vez, Donald Trump reitera que los Estados Unidos no descarta una intervención militar en Venezuela. Por el momento es solo una opción. El Gobierno norteamericano viene aplicando una fuerte presión sobre la dictadura de Nicolás Maduro por medio de sanciones económicas y de la vía diplomática. Ya más de 50 países se unieron para reconocer a Juan Guaidó como presidente interino. Esta presión externa e interna ha golpeado al régimen chavista, pero no lo suficientemente como para lograr el objetivo de Washington y la oposición venezolana: derrocar a la dictadura y restablecer la democracia.
La posibilidad de una incursión militar tiene, tanto en los Estados Unidos como a nivel internacional, sus adherentes y sus detractores. La única certeza es que ni unos ni otros tienen claro cómo se desarrollaría una eventual intervención.
Frank Mora, director del Centro Latinoamericano y del Caribe Kimberly Green (LACC, por sus siglas en inglés) y ex oficial del Pentágono durante la gestión de Barack Obama, explicó en un artículo publicado en Foreign Affairs cómo sería una intervención en Venezuela.

Si finalmente Trump decidiera hacer uso de la fuerza para terminar con el régimen de Maduro, Mora sostiene que existen "dos formas plausibles". Una sería a través de una serie de bombardeos de precisión; la otra, "una invasión a gran escala".
Para que los ataques aéreos den resultado, "tendrían que destruir la infraestructura militar, de seguridad y económica" del régimen de Maduro. Según Mora, el objetivo sería destruir la capacidad de la dictadura de reprimir a su pueblo y, a su vez, empujar a los militares a desertar.
Aunque reconoció que este tipo de intervención suele presentarse como la alternativa más "rápida, barata, segura y efectiva", también puede ser "impredecible" y con una capacidad limitada para dar forma a los resultados políticos.
En ese sentido, puso como ejemplos las operaciones llevadas a cabo por los Estados Unidos en Libia (2011) y en Yugoslavia (1999).

En el caso de Libia, los bombardeos duraron unos siete meses. El principal objetivo -la caída del régimen de Muammar Khadafi- se logró. Pero, por el otro lado, el país quedó inmerso en un gran caos. En resumen, "la intervención logró su objetivo limitado".
En Yugoslavia, Mora reconoció que la campaña fue "más exitosa". En los tres meses de operaciones, los bombardeos lograron golpear significativamente la capacidad del Ejército yugoslavo y ayudaron a establecer un marco político supervisado por la ONU.
El ex oficial del Pentágono detalló cómo sería el despliegue militar de las fuerzas norteamericanas para derrocar a Maduro. En primer lugar, "necesitaría colocar un portaaviones en la costa de Venezuela para imponer una zona de exclusión aérea y atacar objetivos militares e infraestructura militar". Desde esa base, o desde un país aliado, deberían despegar aviones tácticos de ataque y otros no tripulados. También se utilizarían submarinos para lanzar misiles Tomahawk contra "objetivos militares, como bases aéreas, instalaciones de defensa aérea y centros de comunicaciones, comando y control", así como armas cibernéticas con el fin de "manipular, degradar y destruir las defensas de Venezuela".
Mora analizó los dos posibles escenarios ante una intervención de este tipo. En el "mejor", los primeros bombardeos provocarían una rápida deserción de los militares venezolanos y se evitaría así una gran escalada de violencia. En el "peor de los casos", los ataques aéreos se prolongarían durante meses: "El resultado sería la anarquía". Miles de civiles muertos, destrucción total de la economía y las milicias chavistas patrullarían las calles, en coordinación con grupos criminales, causando estragos.

Este último escenario forzaría, casi con seguridad, a los Estados Unidos a enviar tropas a suelo venezolano para desalojar a las fuerzas militares y a los grupos paramilitares que responden al régimen. Mora estimó que, a raíz de la dificultad de la operación y la complejidad de la geografía del país, las tropas norteamericanas podrían permanecer en Venezuela mucho tiempo más que los pocos meses que tenían previsto.
Por ese motivo, Trump podría inclinarse por impulsar desde el comienzo una invasión terrestre, acompañada de bombardeos. Para ello, se necesitarían al menos 150.000 uniformados para hacer frente a las 160.000 tropas regulares de Venezuela y los más de 100.000 paramilitares que defienden a Maduro.
El Director del Centro Latinoamericano y del Caribe Kimberly Green recordó las últimas intervenciones militares de los Estados Unidos. En Afganistán (2001) e Irak (2003), las tropas debieron permanecer durante casi 20 años. Mientras que en Panamá (1989) -la última que se dio en América Latina-, aunque la invasión duró apenas 42 días, las operaciones militares se prolongaron por cuatro años y medio. "Una invasión de Venezuela requeriría muchas más tropas y duraría mucho más tiempo".

Ante una eventual intervención terrestre, Mora también analizó los dos escenarios posibles. En el más exitoso, el Ejército venezolano se retiraría rápidamente, y Maduro y su círculo más cercano huirían sin luchar; y las fuerzas de seguridad cubanas y rusas -aliadas de la dictadura- abandonarían sus puestos. Tras el colapso de la dictadura, los Estados Unidos mantendrían solo un número limitado de soldados para apoyar a las fuerzas venezolanas a restablecer el orden. No obstante, también existe la gran posibilidad de que las cosas no se desarrollen tan fácilmente. En el peor escenario las fuerzas norteamericanas derrotarían a las venezolanas, pero luego deberán hacer frente a los paramilitares chavistas, insurgentes colombianos, grupos criminales y ex miembros del ejército. Todos ellos, asistidos y apoyados por Cuba y Rusia. Ese panorama complicaría aún más la ya alarmante situación que atraviesa el país caribeño, por lo que los militares de los Estados Unidos tendrían que permanecer durante años hasta que un nuevo gobierno pueda mantener el orden.
En cualquier escenario, sostuvo Mora, los Estados Unidos deberían hacer frente a "una campaña larga y difícil para estabilizar a Venezuela". Además, toda operación militar "costaría vidas, dinero a los estadounidenses y perjudicaría la posición de los Estados Unidos en América Latina".
casi con seguridad se vería afectado por una campaña larga y difícil para estabilizar a Venezuela después de que terminara la lucha inicial. Tal compromiso costaría vidas y dinero a los estadounidenses y perjudicaría la posición de los Estados Unidos en América Latina.
"No existe una acción militar sin riesgo", concluyó.
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