
Hugo Chávez y Fidel Castro sellaron a partir de 1994 una gran relación. Una que se prolongaría incluso cuando ambos ya estuvieran muertos. Pero dejando a uno de los países que decían representar en el abismo: Venezuela. El vínculo fue -es- desbalanceado por dónde se lo observe y sólo sirvió para que Cuba pudiera manejar puntos sensibles de la nación de Simón Bolívar, la gran perdedora, y quedarse con millones de barriles de petróleo.
Es que la dictadura cubana envió a miles de agentes a administrar las estructuras de poder de Caracas: servicios de inteligencia, fuerzas armadas, sistema sanitario, economía. De acuerdo a un informe al que tuvo acceso este medio, "el régimen cubano fue penetrando las estructuras del estado venezolano gracias a la puerta franca que le ofreció el presidente Chávez y que mantuvo Nicolás Maduro".
Lo asegura el general retirado Antonio Rivero, quien explica que los primeros cubanos arribaron a Venezuela el primer año de presidencia de Chávez en 1999. Un año después ambos dictadores darían un marco legal al intercambio de favores. Lo llamaron pomposamente "Convenio Integral de Cooperación Cuba-Venezuela".
El acuerdo fue significativamente beneficioso para La Habana. Caracas enviaría entre 90 y 100 mil barriles diarios a Cuba a cambio del envío de médicos, maestros y entrenadores deportivos. Extraño: en Venezuela ya existían médicos, maestros y entrenadores, no eran disciplinas extravagantes para sus habitantes.
¿Castro vio en Chávez la persona ideal para financiar su esperanza de una América Latina comunista? Es posible. Tanto que utilizó su dinero casi a voluntad. El militar venezolano, creyente que el precio del barril de petróleo se mantendría siempre por las nubes, se pensó como un eterno mecenas del tirano cubano.
A tal punto fue la generosidad de Chávez con Cuba que llegó a enviar hasta 150 mil barriles de crudo de forma gratuita por día. Como contraparte, la dictadura isleña le ofreció sus servicios: convenció a la cúpula militar de realizar una reestructuración castrista de sus fuerzas.
El Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) es casi una oficina del G2 -el servicio secreto cubano- en Venezuela. Lo formó a su imagen y semejanza, pero sobre todo, bajo su mandato. Juntos realizan el seguimiento en tierra venezolana de todos los opositores del régimen, de acuerdo a lo explicado por el ex miembro del Tribunal Supremo de Justicia en el exilio, Rafael Ortega.
Una vez muerto Chávez en 2013, Maduro mantuvo el poder cubano dentro de la nación continental. Fue así que creó el Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria (CESPPA) para unificar la información que sus espías -propios y castristas- reunían de los opositores.
La maquinaria de espionaje incluía expertos en ataques cibernéticos, hackers, control de llamadas y escuchas telefónicas. Toda esos datos no sólo eran procesados por el CESPPA, sino también por Cuba. "Toda la información acaba en manos de los servicios de inteligencia cubanos, el G2", dijo Gyoris Guzmán, ex director general de Delincuencia Organizada y Financiamiento al Terrorismo de Venezuela entre los años 2013 y 2015
Lo cierto es que esos miles de cubanos trabajan hoy en Venezuela en la administración pública, la Presidencia, los ministerios y las empresas públicas, pero también hay médicos, enfermeras, odontólogos, científicos, maestros, informáticos, analistas, técnicos agrícolas, de electricidad, obreros y en áreas culturales. Y, por supuesto, están aquellos más temidos, quienes se desempeñan en las áreas de seguridad, inteligencia e incluso las Fuerzas Armadas. Este último grupo representaría el 20 por ciento del total.
En 2014, el general Rivero, un ex colaborador de Chávez, aseguraba: "Nada más en seguridad y defensa, estimamos que puede haber unas 5.600 personas. En la Fuerza Armada hay unos 500 militares activos cubanos que cumplen funciones de asesoría en áreas estratégicas: inteligencia, armamento, comunicaciones e ingeniería militar". La cifra se habría duplicado en la actualidad.
Rocío San Miguel, directora de la ONG Control Ciudadano, explica que "Cuba dirige hoy los destinos del país". "La sala situacional donde se toman las decisiones estratégicas más importantes, de carácter político y militar, pero también económico y social, está en La Habana".
En diciembre pasado Luis Almagro, secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), denunció que Cuba exportaba sus "mecanismos de terror" a Venezuela y que sus agentes encabezaban las torturas contra los presos políticos. El diplomático indicó que La Habana lleva "a la superficie los mecanismos de terror y represión que Cuba utiliza contra su propia gente y exporta silenciosamente al resto de la región".
En la actualidad Bolivia es otro de los países con mayor influencia de las fuerzas de espionaje de la dictadura castrista. El Ecuador de Rafael Correa también mantenía un estatus similar con sus pares isleños, situación que fue enfriándose con la llegada de Lenín Moreno al poder. Desde Venezuela, Cuba pretende expandir su ideología al resto de la región. Los métodos y los resultados están a la vista.
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