Primero perdieron peso. Luego tuvieron que renovar el guardarropa

Reportajes Especiales - Lifestyle

Imagen NBG3IP5TK5E5HOQVBERSI2UHME
Guardar

Nancy Edwards había llegado a un punto de desesperación.

Ella había estado ansiosa por perder peso. A lo largo de los años, había probado Weight Watchers, los planes de alimentación de Jenny Craig y una serie de dietas de moda, todo con la esperanza de perder algunos kilos. Pero nada funcionó hasta que empezó a usar el GLP-1 que le recetó su médico.

PUBLICIDAD

Los resultados fueron casi inmediatos. En menos de un año, perdió 36 kilos.

Edwards, de 52 años, quien es maestra en una escuela primaria de Rome, Georgia, esperaba entrar en unos viejos jeans que guardaba en el fondo de su armario. Con el tiempo, hasta sus prendas de mezclilla más ajustadas empezaron a quedarle holgadas en el cuerpo.

En seis meses, Edwards se dio cuenta de que tenía que reemplazar no solo blusas y vestidos, sino también ropa interior y zapatos porque, dijo, "no tengo nada".

Esto la tomó por sorpresa, al igual que a las decenas de otros usuarios de GLP-1 con quienes habló The New York Times. No habían anticipado que necesitarían todo un guardarropa nuevo para sus cuerpos transformados.

PUBLICIDAD

Para muchas personas, la ropa refleja un aspecto de su identidad. Para Edwards, comprar ropa nueva era, en cierto modo, una oportunidad para descubrir cómo quería proyectar a la persona en la que quería convertirse.

"Empecé a notar que, 'Oh, en realidad no me gustan esos vestidos coloridos, vaporosos y con mangas enormes'", dijo. "Es solo que esos eran los únicos que me quedaban".

El dolor de ir de compras

Cuando Melissa Fogg, de 44 años, estaba en la escuela secundaria, sus padres solían conducir dos horas hasta el Gap más cercano desde su casa en Amarillo, Texas, para que pudiera elegir sus propios atuendos.

A Fogg le gustaba estar a la moda, pero no disfrutaba ir de compras, especialmente cuando descubrió que tenía que comprar ropa que era de "la misma talla que la de mi mamá", dijo, mientras sus compañeras aún compraban en el departamento para niñas.

Actualmente, Fogg, una trabajadora social médica en Dallas, usa un GLP-1. Comprar ropa ya le resulta menos difícil en el plano emocional, dijo, porque le resulta mucho más fácil encontrar lo que quiere usar en su talla, como pantalones cortos y camisetas sin mangas ajustadas.

"A veces, me sorprendo queriendo vestirme más joven; tal vez porque no tuve esa oportunidad de vestirme así cuando era más joven", dijo Fogg.

Al igual que Fogg, a Isabella, quien declinó dar su nombre completo para proteger su privacidad, ir de compras le solía parecer una experiencia "vergonzosa", especialmente cuando tenía que buscar entre un montón de camisas antes de encontrar su talla en la parte más baja. Y eso era cuando las tiendas en tenían su talla. Algunos minoristas, como Aritzia, no tienen espejos en sus probadores, por lo que tenía que salir a un área común para ver cómo le quedaba.

Sin embargo, desde que perdió peso, Isabella, una estudiante de doctorado de 25 años en la ciudad de Nueva York, ha notado que el recibimiento de los vendedores se ha vuelto más cálido y "mucho más entusiasta".

Un cambio de imagen completo

Históricamente, la industria de la moda se ha enfocado en las clientas de tallas 0 a 12, ofreciéndoles las últimas tendencias y una gama completa de siluetas, mientras pasa por alto a la mujer estadounidense de talla promedio, que usa talla 16.

Pero a quienes utilizan GLP-1, perder peso puede otorgarles acceso a opciones de guardarropa que antes no tenían. Y algunos lo ven como una oportunidad para reimaginar o incluso descubrir su estilo. Para muchas personas, esta podría ser la primera vez que se sienten vistas.

Arreglarse siempre fue una prioridad para Brandi Ascione, de 50 años, una ejecutiva de marketing en el valle de Hudson en Nueva York que sentía que siempre tenía que lucir lo mejor posible porque no quería que la gente pensara que no se cuidaba bien.

"Siempre sobrecompensaba", dijo. Desde que perdió peso, Ascione ha descubierto que ya no tiene que "estar un paso adelante de todos".

Antes de usar un GLP-1, Steven Zeffert, un administrador de empresas en Houston, estaba feliz de pasar desapercibido. Su estilo se inclinaba por lo conservador, y a menudo optaba por jeans holgados, camisas de botones y a veces un saco deportivo. Hoy en día, Zeffert, de 75 años, tiene camisas tipo polo en una gran variedad de colores y jeans ajustados. Incluso usa colonia, y se acaba de comprar un auto convertible.

"No me preocupa tanto que alguien se fije en mí ahora", dijo.

El guardarropa de Dominic Cesario también se ha vuelto más colorido desde que perdió peso. Cesario, de 48 años, un profesional de tecnología de la información en Chicago, solía usar colores oscuros. A sus amigos les decía: "así no tengo que pensar en eso". Sin embargo, la realidad era que había pocas alternativas, dijo.

"He notado que he estado eligiendo colores más brillantes y audaces", dijo, y agregó que sus opciones de estilo ahora reflejan su personalidad, que no es "exuberante, pero, ya sabes, no soy alguien tímido".

Otros, como Heidi Rackley, necesitaron algo de ayuda para descubrir cómo vestirse. Rackley, de 70 años, una actuaria jubilada en Seattle, se sintió abrumada por la abundancia de opciones y recurrió a una asesora de imagen y compradora personal de una tienda departamental. La experiencia le dio la confianza para probarse un par de pantalones de pierna ancha y unos jeans tipo barril.

"Simplemente me abrió los ojos para mirarme de manera diferente", dijo.

El costo de la terapia de compras

Hoy en día, aproximadamente 1 de cada 4 dólares gastados en ropa proviene de un hogar con un usuario de GLP-1, según Kristen Classi-Zummo, analista de la industria minorista en Circana.

"Este no es un consumidor marginal", dijo Classi-Zummo.

Pero con el aumento de los costos debido a la inflación, comprar ropa nueva puede ejercer una presión significativa en los presupuestos de las personas.

"Ese ha sido un despertar algo brusco", dijo Marty McGowan, de 68 años, un jubilado en Kernersville, Carolina del Norte. "Ha sido interesante, ahora que vivo de una pensión fija. Cuando mi esposa y yo trabajábamos, no nos lo pensábamos mucho antes de salir y, ya sabes, gastar un poco de dinero en ropa".

Así que McGowan decidió no comprar reemplazos directos de sus prendas favoritas y, en lugar de eso, buscó artículos específicos que pudiera combinar entre sí.

Algunos usuarios de GLP-1, como Edwards, han recurrido a grupos de compra y venta en Facebook. Allí, Edwards ha vendido su ropa más antigua y ha encontrado sus marcas favoritas, como Tuckernuck y J.Crew, para comprar con descuento. Otros están comprando en tiendas de segunda mano o de moda rápida mientras están entre tallas.

Pero para otros, la pérdida de peso ha sido una oportunidad para invertir en ropa más costosa y recuperar el tiempo perdido.

"Tenía el dinero para, ya sabes, comprar cosas en las tiendas de diseñador, pero no tenían mi talla, así que estaba muy claro que eso no era para mí", dijo Katie Den Bleyker, de 44 años, una abogada en Los Ángeles. Ahora usa Chanel para ir a trabajar.

Red de seguridad

Hacer una depuración del guardarropa puede sentirse catártico, como deshacerse de una parte de uno mismo. Algunos usuarios de GLP-1, como Colleen Kwiatkowski, de 64 años, una enfermera jubilada en Lodi, California, estaban felices de entrar en una nueva fase de la vida.

"Me deshice de todo", dijo, refiriéndose a su ropa "desaliñada" y de colores oscuros. "Ya no quiero verla".

Kwiatkowski ha hecho espacio para los vestidos y las blusas más brillantes que compró recientemente. "Esto se ajusta más a mi personalidad", agregó. "Soy muy sociable. Soy muy extrovertida".

Otras personas que utilizan medicamentos para perder peso se aferran a sus viejos guardarropas en caso de que su peso fluctúe. Claire, de 27 años, quien declinó dar su nombre completo para proteger su privacidad, ha perdido el peso que subió durante la pandemia de covid. Pero depuró la ropa que usaba antes de aumentar de peso, de lo cual se arrepiente, porque esas prendas le quedarían bien ahora.

Habiendo aprendido la lección, Claire guarda una bolsa llena de jeans que no fueron fáciles de encontrar en sus medidas cuando tenía un cuerpo más grande.

Jordyn Rosenthal no tiene reparos en guardar ropa que ya no le queda.

"Representan algo para ti", dijo Rosenthal, de 34 años, quien trabaja en una organización sin fines de lucro en la ciudad de Nueva York. "Contienen recuerdos. La ropa, ya sabes, nos recuerda quiénes somos".

Yola Mzizi es reportera del Times y cubre moda y estilo.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD