La gira del rey Carlos por el Caribe es una prueba diplomática de alto riesgo

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**EMBARGO: No electronic distribution, Web posting or street sales before TUESDAY, 12:01 A.M. ET, OCT. 27, 2026. No exceptions for any reasons. EMBARGO set by source.** FILE — From right: first lady Melania Trump, President Donald Trump, King Charles III, and Queen Camilla watch a pass in review from a balcony of the White House during an arrival ceremony in Washington, April 28, 2026. The king will confront calls for reparations and apologies for his country’s colonial past as he attends the Commonwealth heads of government meeting in the Caribbean. (Salwan Georges/The New York Times)
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Durante su viaje de 7 días, el monarca británico se enfrenta al desafío de mantener unida a la Mancomunidad en medio de exigencias para que se disculpe por el pasado colonial de su reino.

El rey Carlos III ya ha demostrado que puede sortear con habilidad misiones diplomáticas delicadas.

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Durante una visita de Estado a Estados Unidos en abril, cautivó al presidente Donald Trump, incluso al tiempo que rechazaba sutilmente la visión del mundo de un hombre sumamente impopular entre la mayoría de sus propios súbditos en el Reino Unido.

Esta semana, el monarca británico se enfrenta a un desafío tal vez aún más complejo. ¿Cómo mantener unida a la Mancomunidad, los vestigios vagamente unidos de un imperio que sus antepasados gobernaron alguna vez, en medio de exigencias para que se disculpe por el colonialismo y pague reparaciones a quienes no solo eran súbditos del reino, sino que fueron sometidos a los males de la esclavitud?

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En un viaje de siete días al Caribe que comienza el martes, el rey visitará tres países y luego reunirá a los líderes de 56 naciones miembros de la Mancomunidad. Se trata de un grupo voluntario, en gran medida simbólico, conformado en su mayoría por antiguas colonias británicas; algunas aún lo consideran su jefe de Estado ceremonial, pero muchas ahora son repúblicas. Allí, enfrentará peticiones renovadas, incluso de la secretaria general de la organización, de una conversación franca sobre esos temas difíciles.

"Hacemos un llamado a un diálogo de decencia", dijo a los periodistas la semana pasada Hilary Beckles, presidenta de la Comisión de Reparaciones de la Caricom, una organización de Estados caribeños, durante una sesión informativa previa a la visita del rey.

"Apelo a Charles Windsor, padre, abuelo", dijo Beckles, vicerrectora de la Universidad de las Indias Occidentales. "Él puede ver el enriquecimiento que la esclavitud le ha aportado a su familia. Puede ver que toda la riqueza que les está legando a sus hijos y nietos provino en sumas importantes de este proceso de mercantilización del pueblo africano".

Ed Owens, un historiador que escribe sobre la monarquía británica, dijo que la visita del rey al Caribe estaba inherentemente llena de tensión debido al legado de colonialismo y explotación en la región. Cerca de tres millones de africanos esclavizados fueron traficados en barcos británicos a través del Atlántico en los siglos XVIII y XIX para trabajar en las plantaciones coloniales. Los intentos de rebelión fueron brutalmente aplastados.

"El dominio del Reino Unido y el poder blanco sobre esos pueblos de color" en siglos pasados todavía acechan a la monarquía, dijo Owens. "La blancura de la institución es el problema. Aún es un emblema de la supremacía blanca británica".

El Palacio de Buckingham dijo en un comunicado que Carlos, de 77 años, no buscaría evadir el tema de "los días más oscuros de nuestro pasado". Pero no se disculparía, en concordancia con su papel constitucional, que le impide desviarse de la política oficial del gobierno. El comunicado dijo que la cuestión de las reparaciones era responsabilidad del gobierno británico.

Para Carlos, quien como príncipe dijo que la "atrocidad espantosa de la esclavitud" era algo que "mancha para siempre nuestra historia", la visita a las Bahamas, Guyana y Antigua y Barbuda es otra prueba de su capacidad para brillar en el escenario mundial.

Durante décadas, fue su madre, la reina Isabel II, quien fue el rostro de los restos del Imperio británico --las últimas colonias se independizaron durante su reinado-- y luego de la Mancomunidad. Tras su coronación en 2023 a la edad de 73 años, Carlos finalmente emergió de los escándalos reales que han plagado a su familia y se ha convertido en una especie de diplomático mundial, incluso al usar su papel para ofrecer apoyo a Ucrania y Canadá.

Hasta ahora, ha sorprendido a algunos observadores de la realeza.

"Ha demostrado ser un monarca constitucional muy eficaz", dijo Philip Murphy, director de historia y política del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad de Londres.

"Sabe pronunciar muy bien un discurso", añadió Murphy, exdirector del Instituto de Estudios de la Mancomunidad. "Y puede hacerlo con un grado de convicción personal y humor del que su madre, como sabes, carecía de forma singular".

El rey desplegó ambos atributos durante su visita a Estados Unidos este año. Durante un discurso ante el Congreso, provocó risas bipartidistas con su frase sobre las similitudes entre Estados Unidos y el Reino Unido. "Todo en común", dijo, "excepto, por supuesto, el idioma".

En la cena de Estado de la Casa Blanca, halagó el ego de Trump al regalarle una campana de latón de un submarino británico de la época de la Segunda Guerra Mundial, adornada con el nombre del submarino: HMS Trump. El rey también bromeó con el presidente por sus "reajustes en el Ala Este", y dijo que lamentaba el "pequeño intento de reurbanización inmobiliaria de la Casa Blanca" por parte de sus antepasados cuando los británicos la incendiaron en 1814.

"Lo que hizo allí con mucha astucia fue revitalizar los lazos entre británicos y estadounidenses al sortear con cuidado a un presidente muy difícil", dijo Owens. "Al cautivarlo, pero también desafiándolo".

Los momentos de humor podrían resultar más escasos en la próxima semana, a medida que el rey Carlos y la reina Camila intentan evitar el tipo de desastre de relaciones públicas que sufrieron el príncipe Guillermo y Catalina, la princesa de Gales, en el Caribe hace varios años.

Su visita de una semana a Belice, Jamaica y las Bahamas en 2022 debía ser una celebración del jubileo de la reina Isabel. En cambio, escucharon peticiones de reparaciones, planes para convertirse en una república y protestas por una disputa de tierras. En un momento tristemente célebre, ambos fueron fotografiados al estrechar las manos de niños jamaicanos a través de una cerca de alambre.

Esas son las clases de imágenes que el palacio espera evitar para Carlos y Camila. Habrá paradas en eventos deportivos, instituciones educativas y varias demostraciones de proyectos ambientales, una prioridad desde hace mucho tiempo para el rey.

La semana pasada, Shirley Ayorkor Botchwey, secretaria general de la Mancomunidad y exministra de Relaciones Exteriores de Ghana, dijo que "ha llegado el momento" de discutir si el Reino Unido debería pagar reparaciones a los descendientes de esclavos británicos. Agregó que una disculpa del rey "no vendría nada mal".

"No creo que podamos huir de ello", le dijo a Sky News. "Pero es importante determinar la forma que deberían tomar las reparaciones, y eso es algo que surgirá con el tiempo a medida que los países se sienten a la mesa a discutir: por muy difícil que sea el tema, creo que los países llegarán a algunas conclusiones".

David Comissiong, embajador de Barbados ante la CARICOM, dijo en la sesión informativa para periodistas que "al abordar los efectos negativos aún existentes de ese crimen monumental, no solo daremos paso a una era de justicia reparadora, sino a lo que ahora llamamos el próximo esclarecimiento".

Ben Judah, quien se desempeñó como uno de los principales asesores de David Lammy cuando este era secretario de Relaciones Exteriores del Reino Unido el año pasado, dijo la semana pasada que la organización necesitaba reestructurarse.

"Es hora de admitir que la Mancomunidad no solo no cumple su propósito, sino que trabaja en contra de su premisa de concordia posimperial", escribió Judah en las redes sociales. "Esto se debe a que se ha convertido en poco más que una cumbre bienal con escasa asistencia, cuyo único propósito parece ser que los países caribeños presionen al Reino Unido para obtener reparaciones. Esto no hace más que empeorar estas relaciones".

De los 56 miembros de la Mancomunidad, solo 14, además del Reino Unido, siguen siendo parte del reino de Carlos, con él como su jefe de Estado ceremonial. (Australia, Nueva Zelanda y Canadá son los más grandes de ellos). El resto ha cambiado a una forma republicana de gobierno.

En Antigua y Barbuda, donde se celebrará la reunión de la Mancomunidad, el primer ministro Gaston Browne dijo en 2022 que el país celebraría un referendo sobre abandonar el reino. La votación todavía no se ha llevado a cabo.

Dependerá del rey Carlos presentar los argumentos a favor de permanecer en el reino y, en un sentido más amplio, para el futuro de la Mancomunidad como institución, más de siete décadas después de su creación.

Michael D. Shear es el corresponsal principal del Reino Unido para The New York Times, y cubre la política y la cultura británicas y la diplomacia en todo el mundo.

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