Preocupados por su futuro, cada vez más jóvenes se suman a las protestas en Europa

Reportajes Especiales - News

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Desde que los estudiantes de bachillerato comenzaron a protestar en Francia en septiembre, se les han unido jóvenes manifestantes en al menos otros siete países europeos.

En las capitales de España y Portugal, los jóvenes han acampado para protestar por los elevados alquileres. En Francia e Italia, los estudiantes han marchado en masa para exigir mejores condiciones en las escuelas, en manifestaciones empañadas por actos de saqueo.

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En Grecia protestaron para pedir más financiamiento universitario, y en Albania los jóvenes se enfrentaron a la policía tras sumarse a las manifestaciones generalizadas contra la corrupción de un gobierno al que acusaban de obstaculizar sus oportunidades.

Estos son algunos de los jóvenes europeos que han salido a las calles en los últimos días en al menos ocho países de todo el continente. Sus exigencias varían según el contexto y el gobierno, pero un hilo común los une a todos: temen por su futuro.

"La generación sin futuro está de vuelta", dijo el martes Sacha Cossi, un tramoyista de conciertos de 27 años, que se encontraba sentado con un grupo de jóvenes españoles bajo una lona en la acampada instalada en el centro de Madrid.

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Cossi dijo que la acampada, que llevaba allí semanas, reflejaba una exasperación en todo el continente por los bajos salarios y los altos alquileres, una impotencia ante el calentamiento global y una ansiedad general por las perspectivas laborales y la posible desaparición de las generosas prestaciones sociales de las que disfrutaron las generaciones anteriores.

"Estamos hartos de todo", dijo, y agregó: "Las cosas no paran de cambiar pero siempre de una forma que no nos beneficia".

El pesimismo de los manifestantes es el reflejo de un continente que lucha por encontrar un rumbo. Las poblaciones de Europa están envejeciendo y su deuda está aumentando; mientras tanto, los gobiernos lidian con los crecientes gastos de pensiones y otros programas y se resisten a elevar los impuestos. La migración está polarizando a los votantes.

Existe un temor generalizado de que Europa no esté logrando seguir el ritmo de las transformaciones tecnológicas que se espera que definan el futuro cercano, y de que esté atrapado en medio de una disputa entre las dos grandes potencias del mundo, Estados Unidos y China. La situación parece menos segura ante la expansión de la agresión rusa, mientras el presidente Donald Trump, quien amenazó con atacar el territorio de un aliado europeo, Dinamarca, retira su apoyo a Ucrania.

El malestar afecta a europeos de todas las edades, pero son los jóvenes quienes enfrentan el panorama más sombrío a largo plazo. Los servicios públicos y beneficios que durante décadas definieron a la sociedad europea son cada vez más insostenibles, y los gobiernos tienen dificultades para pagar las pensiones de los adultos mayores, las escuelas para los jóvenes, así como la vivienda, el transporte y la atención médica que todos necesitan. El gasto militar, que ha aumentado a medida que Estados Unidos reduce su compromiso con la defensa, ha añadido más presión a los presupuestos.

Gobiernos de todas las tendencias ideológicas --una líder de derecha en Italia, uno de izquierda en España, un moderado en Francia-- luchan por ofrecer una respuesta plausible. Los jóvenes de Europa se sienten cada vez más excluidos del panorama.

"Hay esta sensación de rechazo, de fatiga", dijo Stella Salis, de 22 años, manifestante y estudiante universitaria en Padua.

En cuanto a la magnitud y la duración de las protestas, estos movimientos aún están lejos de alcanzar la escala de las movilizaciones contra las políticas de austeridad que se extendieron por todo el mundo en los años posteriores a la crisis financiera de 2008.

Aun así, empiezan a llamar la atención del mundo y a generar entre los manifestantes conversaciones sobre la posibilidad de un movimiento transnacional. Los estudiantes de bachillerato franceses ayudaron a motivar a sus pares adolescentes en Bélgica, mientras que los manifestantes de Italia y Alemania han comenzado a usar un lema que se originó en Francia.

Salis dijo que esperaba que el movimiento de protesta estuviera "comenzando a entrar en una fase que trascienda fronteras nacionales".

Sin embargo, en algunos países la agitación ha envalentonado tanto a la extrema derecha como movilizado a la izquierda, a menudo eclipsando los mensajes de los manifestantes.

Los disturbios ocurridos en el norte de Italia el fin de semana pasado derivaron en decenas de arrestos, dándole a Matteo Salvini, un ministro del gobierno y líder de extrema derecha, un pretexto para anunciar que el gobierno enviaría 500 soldados para "defender Milán" de los "criminales". Con su partido cayendo en las encuestas, Salvini aprovechó los disturbios para promover su agenda antiinmigración, y dijo que esperaba que los disturbios terminaran "de una vez por todas" con los llamados de la izquierda para otorgar la ciudadanía a los hijos de inmigrantes antes de que cumplan los 18 años.

En Francia, el partido de extrema derecha Agrupación Nacional ha sacado gran provecho al proyectarse como el partido mejor preparado para evitar que se repitan los actos de violencia y desorden ocurridos en las ciudades francesas el fin de semana pasado.

"En seis meses, el pueblo francés podrá elegir un camino diferente: el de la autoridad y la seguridad restauradas", dijo Marine Le Pen, la candidata del partido en las elecciones presidenciales de la próxima primavera, en un discurso el domingo.

Fue un mensaje que ese mismo día reiteró Jordan Bardella, presidente de su partido. "Estamos listos para restaurar el orden en el país", dijo Bardella después de salir de una comisaría ubicada cerca del epicentro de los recientes disturbios.

Sin embargo, quienes lleguen al poder en Europa en los próximos meses tendrán pocas soluciones fáciles que ofrecer a los jóvenes. Tendrán que tomar decisiones sumamente difíciles sobre qué servicios públicos financiar con recursos cada vez más escasos en un contexto económico adverso marcado por la inflación, el aumento de los rendimientos de los bonos y el alza desmedida de los precios de los combustibles.

"Mi sueño sería tener un trabajo que me encante", dijo Salomé Regnaud, una estudiante de 15 años que ha estado protestando para pedir mejores condiciones escolares en Francia. "No tener que mirar mis gastos todos los meses y preguntarme: '¿Podré hacer esto?' o '¿Me alcanza para comprar eso?'".

Fue un lamento que resonó desde Portugal, en el oeste, hasta Albania, en el este.

"¿La gente dice que no queremos trabajar? Queremos trabajar, pero con condiciones dignas", dijo Mourana Monteiro, una psicóloga de 29 años en Lisboa que el martes por la noche se unió a unos miles de portugueses para protestar por la especulación inmobiliaria que ha contribuido al aumento de los costos de la vivienda.

Ella se había estado quedando en una acampada desde el sábado y esperaba con ansias una huelga de maestros la semana siguiente. "¿De qué sirve trabajar y luego no poder pagar una casa, pagar nuestras cuentas al final del mes, tener una familia?", preguntó Monteiro.

En Albania, los estudiantes se han unido a un movimiento antigubernamental más amplio llamado "revolución de los flamencos". Su nombre viene del hábitat de aves en un área donde Jared Kushner, el yerno de Trump, obtuvo la aprobación del gobierno para un importante desarrollo de turismo de lujo al que se oponen grupos ambientalistas.

En Albania, los participantes del movimiento contra la corrupción exigen la destitución del primer ministro Edi Rama, quien, a su vez, los ha calificado de izquierdistas radicales. Sin embargo, los estudiantes se han centrado en exigir garantías para la educación.

"Somos una generación que ha elegido no quedarse callada, a diferencia de nuestros padres, que no disfrutaron de las mismas libertades ni del pleno derecho a la libertad de expresión", dijo Redjan Shkëmbi, un actor de 22 años, en referencia a la dictadura que gobernó el país hasta 1991.

Shkëmbi, quien se unió a las primeras protestas en Zvernec hace casi 150 días para pedir más financiamiento para el sistema educativo y los hospitales públicos, comentó que su principal motivación era luchar por una Albania más transparente y democrática.

"Queremos un país mejor", dijo, "y queremos contribuir a su futuro".

Ségolène Le Stradic colaboró con reportería desde París; Josephine de La Bruyère desde Roma; Carlos Barragán desde Madrid; Daniela Ferreira Pinto desde Lisboa; y Fatjona Mejdini desde Tirana, Albania.

Jason Horowitz es el jefe de la corresponsalía en Madrid para el Times; cubre España, Portugal y la forma en que vive la gente en toda Europa.

Ségolène Le Stradic colaboró con reportería desde París; Josephine de La Bruyère desde Roma; Carlos Barragán desde Madrid; Daniela Ferreira Pinto desde Lisboa; y Fatjona Mejdini desde Tirana, Albania.

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