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El hombre que relató haber crecido entre lobos muere a los 80 años

Reportajes Especiales - News

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La increíble historia de la infancia salvaje de Marcos Rodríguez Pantoja se convirtió en objeto de un estudio, además de inspirar una novela y una película.

Un hombre que contaba haber crecido en una zona remota de España, con lobos y otros animales como única compañía, murió este mes a la edad de 80 años, según las autoridades de San Cibrao das Viñas, o San Ciprián de Viñas, el municipio donde pasó sus últimos años.

La historia del hombre, Marcos Rodríguez Pantoja, salió a la luz a mediados de la década de 1970, aproximadamente una década después de que Rodríguez volvió a la sociedad humana de manera involuntaria. Gabriel Janer Manila, un escritor, se enteró del caso por un amigo y quiso saber más.

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"Al principio me pareció una invención. No podía ser verdad", dijo Janer en una entrevista de 2010, al describir su primer encuentro con Rodríguez.

Pero llegaría a creerlo, comentó, después de que logró corroborar las afirmaciones de Rodríguez con testigos y otras investigaciones. Janer escribiría después un estudio sobre la infancia de Rodríguez y, más tarde, una novela titulada He jugado con lobos, publicada originalmente en 2009.

La historia también inspiró una película de 2010 dirigida por Gerardo Oliveras, Entrelobos, en la que apareció el propio Rodríguez.

Rodríguez enfrentó dudas a su relato a lo largo de los años, pero su historia fascinaba a la gente. Janer se convenció de que Rodríguez decía la verdad cuando viajó a los lugares donde él aseguraba haber estado y conoció a personas que respaldaron su historia y hablaron de su total falta de habilidades sociales, entre ellos un seminarista que lo había cuidado, según dijo el escritor en una entrevista de 2013 con la BBC.

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En Rante, donde Rodríguez vivió en la última etapa de su vida, algunas personas dijeron a la emisora pública de Alemania, coincidiendo con el estreno de la película, que habían dudado de su historia hasta que fue adaptada al cine, y algunos dijeron que aún dudaban de ella. En 2010, un equipo de la radiotelevisión pública de España viajó con Rodríguez al lugar donde afirmaba haber vivido, y lo filmó mientras mostraba algunas de sus habilidades de supervivencia, como pescar usando piedras, y su profunda familiaridad con la naturaleza, incluida la imitación de cantos de pájaros.

En cualquier caso, con el tiempo llegó a ser conocido como el "niño lobo de Sierra Morena" y se mantuvo fiel a su historia durante décadas, una constancia que Janer también citó en su entrevista de 2013.

Las afirmaciones de haber crecido en la naturaleza son vistas, en general, con escepticismo, y los expertos en el tema son escasos. Ha habido algunos casos notables, aunque son pocos.

Los niños salvajes, o ferales, también aparecían en mitos antiguos y cuentos populares medievales, lo que alimentó una fascinación por ellos en la vida real.

En 1726, Carolina, la princesa de Gales, solicitó la tutela de un joven hallado en los bosques de Alemania, quien se hizo conocido como Peter, el niño salvaje, y fue motivo de asombro en Europa. Ella lo instaló en su casa en Londres bajo la vigilancia de un médico y, luego, lo dejó al cuidado de un sirviente cuando demostró ser rebelde.

El llamado niño salvaje de Aveyron fue encontrado en Francia a finales del siglo XVIII y llevado ante un médico en París que intentó enseñarle las costumbres de la sociedad y fracasó en su esfuerzo.

Dichos relatos han intrigado a la gente porque dicen algo tanto sobre la sociedad como sobre los niños que supuestamente vivieron al margen de ella. "A través de las historias, reales y ficticias, de los niños salvajes, emerge, tal vez, otra narrativa: la historia fragmentada e inquietante de nuestra continua relación con la imagen salvaje de nosotros mismos", escribió el historiador cultural Michael Newton en su libro de 2002, Savage Girls And Wild Boys: A History Of Feral Children.

Según el relato de Rodríguez, nació en una familia pobre del sur de España en 1946. Su madre murió cuando él era muy pequeño, y la mujer con la que su padre se casó después fue una madrastra abusiva. La familia vivía en una remota cabaña rural en la cordillera de Sierra Morena, donde convertían la leña en carbón. A los 7 años, aproximadamente, contó que fue puesto al cuidado de un viejo cabrero para que lo adiestrara para reemplazarlo.

"Recibe a Marcos y le enseña a sobrevivir, a cuidar el rebaño de cabras, a hacer todo aquello que puede ayudarle", dijo Janer en la entrevista de 2010.

Pero, señaló, el anciano luego murió o desapareció, y el niño empezó a valerse por sí mismo, reacio o incapaz de regresar a su antiguo hogar.

Rodríguez relató que vivió en la naturaleza durante unos 11 años con la ayuda de lobos y otros animales. En 1965, fue descubierto por las fuerzas del orden entre lobos, vistiendo pieles de animales.

Describió su regreso a la vida entre los humanos como algo que no sabía cómo manejar y que nunca llegaría a aceptar por completo. Según Rodríguez, en entrevistas y el estudio de Janer, su rehabilitación estuvo a cargo de monjas. Dijo que había perdido el hábito de caminar erguido y de usar el habla humana, y que había olvidado cómo comportarse con las personas.

Rodríguez afirmó que tuvo dificultades con la sociedad humana durante gran parte de su vida. Según contó en entrevistas, sus empleadores se habían aprovechado de él a lo largo de los años, la gente se había burlado de él, y había sido más feliz entre los animales.

Pero en Rante, en el noroeste de España, donde Rodríguez vivió durante su último cuarto de siglo, trabajó con Amigas das Árbores, un grupo ecologista, y daba charlas a niños en escuelas sobre su juventud y su singular experiencia con los animales.

El grupo, en una publicación en redes sociales a principios de este mes, indicó que uno de sus últimos deseos había sido "que sus cenizas permanezcan en el pueblo que lo acogió". Agradeció a "los vecinos de Rante, que recibieron a Marcos como un miembro de la comunidad y lo hicieron parte de sus familias".

En una entrevista con El País en 2018, Rodríguez dijo que, a pesar de su decepción con la humanidad, no tenía posibilidades de regresar a una vida en las montañas. La zona donde alguna vez vivió ahora contaba con cabañas conectadas a la red eléctrica, y los lobos le eran extraños.

"Si hay lobos y los llamo, van a contestar, pero no van a venir a mí", le dijo a El País. "Huelo a las cosas de las personas".

Ephrat Livni es una reportera del Times que cubre las noticias de último momento en todo el mundo. Vive en Washington.

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