España, la Copa Mundial y un momento especial para el país

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Para muchos aficionados, la victoria en la Copa Mundial consolidó la creencia de que algo prometedor --a nivel cultural, económico y deportivo-- está ocurriendo en el país.

Después de que España ganara la Copa Mundial de fútbol, Lucía Sánchez se unió a un bullicioso mar de aficionados vestidos con camisetas rojas y amarillas la madrugada del lunes en Madrid y reflexionó sobre el momento especial que estaba disfrutando su país.

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"Estamos en un buen momento", dijo Sánchez, de 22 años, afuera de la abarrotada plaza de Colón de Madrid, mientras las multitudes cercanas cantaban "Yo soy español, español, español". Tantas facetas de la vida parecían estar yendo a favor de España y "otros países se dan cuenta de eso", dijo. "Todo va de la mano".

Al ganar el campeonato mundial, solo tres años después de que sus homólogas femeninas hicieran lo mismo, la selección masculina de fútbol de España ha reforzado la sensación --en medio de un renacimiento cultural, económico y deportivo más amplio-- de que algo prometedor está ocurriendo en España, y que estar aquí y ahora es estar en el lugar correcto en el momento correcto.

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España tiene una crisis de vivienda y su gobierno está asediado por escándalos de corrupción, lo que frena cualquier triunfalismo absoluto. Aun así, su sólida economía es la envidia de gran parte de Europa y el año pasado representó más del 40 por ciento de los empleos creados en la Unión Europea. Está muy por delante de gran parte de Occidente en la transición a la energía renovable, atrayendo a inversores que buscan construir centros de datos y a otras industrias que esperan aprovechar su electricidad más barata.

En el ámbito cultural, España también está funcionando a toda marcha. El cine español ha entrado en una era nueva y más diversa, que ha granjeado grandes elogios en el extranjero. Javier Ambrossi y Javier Calvo, una expareja conocida simplemente como "los Javis", ganaron el premio a mejor director en Cannes este año y recibieron una ovación de pie de 20 minutos, la segunda más larga en la historia del festival. Rosalía, una cantante de Barcelona, está ayudando a impulsar un alejamiento de las canciones en inglés en Spotify, la plataforma de transmisión en continuo de música.

Los extranjeros están visitando España en números cada vez mayores --el gobierno espera un récord de 100 millones de turistas este año-- y la ciudad capital de Madrid está en auge con nuevos restaurantes, exposiciones, trabajadores migrantes y energía. Un visitante reciente fue el papa León, quien pasó una semana reconfortante en España en junio y felicitó a la Iglesia de Madrid por marcar un "golazo" mientras sus apariciones atraían a grandes multitudes. Eso puso fin a un largo período en el que el país no había recibido visitas papales, y desató esperanzas entre los católicos españoles de un renacimiento espiritual.

Mientras que otros países dan la espalda a los migrantes, España también está llamando la atención, y recibiendo elogios de los liberales, debido a los esfuerzos de su gobierno para fomentar la inmigración, aunque no todos en España ven eso como algo positivo. Algunas multitudes de fútbol se han sumado a cánticos antimusulmanes; un expresidente del gobierno dijo que la diversa selección de Francia no tenía "ningún jugador francés". Pero la diversidad --aceptada por algunos españoles incluso si es despreciada por la extrema derecha-- se refleja cada vez más en la selección nacional masculina de fútbol.

Después de que España ganara, su jugador estrella, Lamine Yamal, de 19 años, un musulmán nacido de padres de Marruecos y Guinea Ecuatorial, hizo una postración islámica en el campo mientras los derrotados jugadores argentinos se peleaban con sus compañeros de equipo detrás de él. Nico Williams, quien dio la asistencia ganadora del partido y quien también es hijo de inmigrantes africanos, celebró dándole su medalla de oro a su madre, nacida en Ghana, quien cruzó el Sahara para llegar a España.

En el ámbito de la política, España también destaca. Aunque en casa el círculo íntimo del presidente Pedro Sánchez está envuelto en acusaciones de corrupción, él ha emergido como el favorito de los liberales a nivel mundial por posicionar al país como una isla de la izquierda en medio de una marea de derecha.

Se ha enfrentado al presidente Donald Trump por la guerra en Irán, además de que ha adoptado una postura diferente sobre la migración y otros temas. Su gobierno fue un defensor temprano y franco de la creación de un Estado palestino y durante mucho tiempo ha descrito la guerra de Israel en Gaza como un genocidio, una acusación que Israel rechaza. (El primer ministro Benjamín Netanyahu de Israel dijo antes del partido que apoyaba a Argentina).

Por una vez, la victoria puso a Sánchez en la misma sintonía que el líder de la oposición conservadora de España, Alberto Núñez Feijóo.

"¡¡SOMOS CAMPEONES DEL MUNDO!!", publicó Sánchez después de que el equipo ganara.

"Merecidísimos ¡CAMPEONES DEL MUNDO!", escribió Feijóo en las redes sociales, junto a una foto suya con una camiseta de España celebrando en la plaza de Colón.

El agotamiento público con Sánchez dio lugar a una inusual nota de negatividad en las secuelas del partido. La plaza y las avenidas alrededor de Madrid resonaron con insultos espontáneos a Sánchez, que tomaron la forma de un cántico de estadio de fútbol. Incluso Lucía Sánchez, quien se autodenominó de izquierda (y que no es familiar del presidente) dijo que no era su admiradora.

Pero el presidente estaba lejos, asistiendo al partido en Nueva Jersey, donde se reunió brevemente con Trump. El presidente estadounidense, a quien nada le gusta más que un ganador, recientemente ha cambiado de discurso sobre España. Tras las señales de que España aumentaría su gasto militar, Trump pasó de llamar a España un "espectáculo de terror" dirigido por "gente mala" a "muy generosa".

Trump fue abucheado con vigor por los españoles que miraban las pantallas en Madrid después de que este le entregó la copa al equipo y luego se quedó cerca de la escena. Los jugadores esperaron a que se hiciera a un lado antes de levantar la copa por encima de sus cabezas, pero Trump se las arregló para quedarse en la toma.

Para ese entonces, toda España, ya fuera en sus plazas abarrotadas o amplias avenidas, ciudades antiguas o enclaves de migrantes, estaba en pleno modo de celebración por la Roja, como apodan al equipo por sus camisetas rojas.

Algunos aficionados, sin embargo, a pesar de su exuberancia, vieron la victoria solo como un raro destello de buenas noticias de un país al que le podría ir mucho mejor.

"España no cree en España", dijo María Griñón, de 38 años, una empleada de una aerolínea de Extremadura, mientras ondeaba una bandera y tomaba fotos de los aficionados que celebraban en Madrid. Lamentó el desempleo juvenil --la tasa de España se encuentra entre las más altas de la Unión Europea-- y una crisis de vivienda exacerbada por los altos alquileres y los bajos salarios. "Los deportes son lo que nos va bien", dijo.

Sin embargo, para muchos, esos problemas fueron cosas que se olvidaron fácilmente en una noche de alegría. La pantalla gigante en la plaza de Colón anunciaba a todo volumen "Reyes del mundo", y los aficionados se subían a faroles, semáforos, a cualquier cosa que les permitiera alzar los puños más alto en el aire. En Valencia, la ciudad costera oriental con amor por los fuegos artificiales, el cielo explotó en colores.

"Es el día más feliz de mi vida", dijo Marc Sáez, de 18 años, quien vio el partido con amigos en Valencia antes de volver a sumergirse en la multitud para celebrar.

Otros allí vieron la victoria como una prueba de lo lejos que había llegado el país. "Somos el mejor país del mundo", dijo Vicente Salavert, de 19 años.

Carlos Barragán colaboró con la reportería desde Valencia, España.

Jason Horowitz es el jefe de la oficina de Madrid del Times, que cubre España, Portugal y la forma de vida de la gente en toda Europa.

Carlos Barragán colaboró con la reportería desde Valencia, España.

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