¿Toro rojo o toro azul? En este pueblo brasileño, tienes que elegir.

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(Brazil Dispatch)

PARINTINS, Brasil -- Era imposible no ver la división.

En los bares de mala muerte al borde de la calle, los clientes vestidos de rojo estaban sentados en sillas de plástico rojas y bebían de latas de cerveza rojas. Sus rivales, vestidos de azul, se recostaban en sillas de plástico azules y bebían latas de cerveza azules.

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Los bicitaxis de tres ruedas pasaban a toda velocidad, mientras los pasajeros rebotaban en asientos teñidos de rojo rubí o azul real. Los bancos, las tiendas y los cruces peatonales también estaban pintados: una mitad de rojo y la otra de azul.

Aquí, en la pequeña ciudad brasileña de Parintins, mantenerse neutral no es una opción. "Si naces aquí, o eres rojo o eres azul", dijo Kellen Pinto, de 48 años, cuya familia ha vivido aquí por generaciones. "Tienes que elegir".

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Sin embargo, no se trata de una rivalidad por el fútbol o la política. En esta ciudad de 100.000 habitantes, ubicada en una isla del río Amazonas, hay algo más que está creando división: la feroz lealtad hacia dos mascotas de toros rivales, representadas por los colores azul y rojo.

El toro rojo es conocido como el toro del pueblo. El toro azul es conocido como el favorito de las élites. La disputa comenzó hace más de un siglo, aunque la incógnita de qué toro apareció primero es objeto de un acalorado debate.

En 1913, una familia comenzó a entretener a los niños del barrio --formado por pescadores y descendientes de africanos esclavizados-- con una marioneta gigante de un toro blanco. Manipulado por un intérprete, el toro bailaba al ritmo de los tambores para mostrar gratitud a San Juan Bautista --considerado el guardián de las comunidades rurales-- por haber curado una enfermedad.

Del otro lado de la ciudad, cuatro hermanos también comenzaron a honrar al santo con un toro negro bailarín durante las festividades del solsticio al final de la cosecha, una tradición traída por los colonos portugueses. Según cuentan los residentes, el toro, en contraste con su rival blanco, era una manera en que los hermanos cumplían un voto que habían hecho al emigrar aquí desde el árido noreste de Brasil, en busca de lluvia y prosperidad.

El toro blanco, llamado Garantido --que en portugués significa "garantizado"--, acabó luciendo un corazón rojo en la frente. El toro negro, de nombre Caprichoso, estaba marcado con una estrella azul brillante.

Con el tiempo, las festividades locales pasaron de ser eventos rústicos en patios traseros a procesiones elaboradas que serpenteaban por la ciudad, atrayendo a miles de juerguistas. Además de celebrar una cosecha abundante, también se disfrazaban y cantaban para contar historias sobre las tradiciones locales y los rituales indígenas.

Con el tiempo, estos desfiles se transformaron en espectáculos enormes celebrados en un estadio al aire libre, donde las comparsas competidoras que representaban a cada toro ofrecían deslumbrantes actuaciones artísticas durante tres noches seguidas.

Los jueces califican las presentaciones y, al final, un toro es coronado como el ganador. La rivalidad se ha intensificado, ya que cada bando se empeña en superar al contrario con carrozas cada vez más elaboradas, trajes más lujosos y espectadores más entusiastas.

Pero la rivalidad de este pueblo, transmitida de generación en generación, va más allá del festival anual.

Los residentes insisten en que los leales a un toro no deben pronunciar nunca el nombre del toro rival. Las madres temen que sus hijos caigan en las garras de algunos compañeros de clase que puedan atraerlos hacia el toro equivocado. Las parejas discuten, e incluso se separan, por lealtades incompatibles.

En el barrio donde nació el toro azul, se colocan enormes estrellas en los escaparates de las tiendas y cuelgan de las ventanas banderas azules.

En el porche de una casa azul, Ivanete Vieira da Silva de 86 años y media docena de sus familiares descansaban en mecedoras azules y bebían de vasos azules de plástico. En la pared detrás de ellos, había una pancarta que mostraba una imagen del toro rival en caricatura tachado. "¡Prohibida la entrada a cualquier persona que vista de rojo o colores similares!", advertía el letrero.

"Nuestra familia siempre ha apoyado a Caprichoso", dijo Silva de 86 años, cuyo padre, un agricultor, fue uno de los primeros seguidores devotos del toro azul. "Nadie eligió al otro, gracias a Dios".

Su sobrina, Alessandra Lopes de 55 años, se toma muy en serio la lealtad: además de no dejar entrar a nadie a la casa vestido de rojo, ya bloqueó también en las redes sociales a los amigos que apoyan al toro rival. "Así nos enseñaron", dijo Lopes. "Y yo ya se lo pasé a mis hijos".

Su hija, Carol Lopes, de 27 años, asintió con la cabeza y señaló con una uña azul larga a su familia. "Y queremos mantener viva la tradición", dijo. "Es nuestra herencia".

Al otro lado de la ciudad, en el patio de una casa color rojo tomate, Pinto y su esposo, Telo Pinto, se entretuvieron junto a una piscina revestida con azulejos rojos.

"Nuestro toro es auténtico, tiene historia", dijo Telo Pinto de 49 años, coordinador artístico de la compañía que se presenta en el festival anual. "Realmente representa al pueblo".

Los partidarios del toro rojo, popular entre la clase trabajadora, acusan a sus rivales de utilizar espectáculos llamativos y de alta tecnología para enmascarar un mensaje poco inspirador dirigido a las élites. Quienes apoyan al toro azul dicen que sus oponentes están anclados en el pasado.

Cuando los miembros de una misma familia se encuentran en bandos opuestos, la situación puede complicarse.

Durante años, Mayra Cavalcante de 41 años, alentó a sus dos hijos a que apoyaran al toro azul. Su papá, Marco Aurélio Costa de Medeiros de 37 años, presionó para que apoyaran al rival.

"Cada uno intentó atraerlos a su lado", dijo Medeiros. No pudo convencer a su hijo mayor, pero sí al menor, Matheus.

"El toro te elige a ti", dijo Cavalcante, mientras Matheus de 7 años, vestido con pantalones y tenis rojos, bailaba alrededor de la sala bajo una mascota miniatura de toro. "Perdí esa batalla".

Cavalcante y Medeiros terminaron divorciándose. No fue solo por la rivalidad, dijo ella, pero sin duda no ayudó. "En asuntos del corazón, no puedes elegir", dijo Cavalcante. "Pero se necesita mucho amor para que funcione".

Incluso para las parejas que resisten, el festival anual puede generar problemas. "Cuando salen los resultados, no lo quiero cerca de mí", dijo Sidiane dos Santos Fonseca de 28 años, vestida de azul, mientras veía de reojo a su novio, Victor Ferreira Macedo de 25 años, vestido de rojo. "Definitivamente hay peleas".

Los residentes dicen que, en el fondo, la rivalidad es más que nada una broma. Pero, de vez en cuando, puede derivar en un terreno más hostil.

En algunos años, el festival se ha visto empañado por acusaciones de soborno, jueces parciales y manipulación de puntuaciones. Últimamente, una disputa entre dos de los artistas principales del festival ha acaparado los titulares locales.

En la arena, João Paulo Faria y Caetano Medeiros, dos estrellas musicales locales, tienen la tarea de burlarse de su rival con letras improvisadas. Pero cada uno ha afirmado que el otro se ha pasado de la raya, lanzando ataques personales tanto dentro como fuera del escenario.

"Solíamos tocar en la calle cuando éramos niños", dijo Faria, quien representa al toro rojo. "Luego, él cambió por completo".

Caetano Medeiros, quien actúa con el toro azul, se burló de la idea y acusó a su oponente de buscar pelea. "¿Quién lanzó la primera piedra?", preguntó. "Yo solo me defiendo".

Mientras el sol se ponía sobre el río Amazonas, el público comenzó a llenar la arena para el primer día de presentaciones. Los que vestían de rojo aclamaban desde el lado derecho. Sus rivales, vestidos de azul, gritaban desde las gradas de la izquierda. Algunos susurraban oraciones.

Poco después de las 8:30 p. m., el toro azul comenzó su espectáculo. Ataviados con plumas y pedrería, los bailarines encarnaban a héroes locales, criaturas del bosque y guerreros indígenas. Siguió el toro rojo, representando escenas de tradiciones indígenas a la sombra de carrozas mecánicas adornadas con leopardos que rugían y serpientes que siseaban.

La batalla duró tres noches, en las que cada grupo presentó horas de grandes espectáculos para la multitud eufórica. Cuando todo terminó, los jueces contabilizaron los puntos. El toro azul ganó por menos de un punto.

En las fiestas para ver el evento por toda la ciudad, quienes apoyaban al toro azul estallaron en cánticos y lágrimas de alegría.

Los rivales derrotados se desplomaron en sus sillas, abatidos por la noticia.

"Alguien tiene que ganar y alguien tiene que perder, ¿no?", dijo Rosiete Freitas Viana, de 55 años. "Un poco de rivalidad no hace daño".

La arena de Parintins, Brasil, con los toros rojo y azul en la fachada antes de albergar una serie de presentaciones para determinar el toro ganador anual, el 27 de junio de 2026. (Dado Galdieri/The New York Times)

Aficionados del Boi Garantido --que en portugués significa "garantizado"--, vestidos de rojo, y del Boi Caprichoso, vestidos de azul, en una carroza decorada en Parintins, Brasil, el 28 de junio de 2026. (Dado Galdieri/The New York Times)

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